En Juan 18:36, cuando Pilato buscaba establecer si Jesús era un rebelde político, “Rey” que desafiaba el Cesar, el originario de Nazareth respondía “Mi reino no es de este mundo”.
La Biblia y los libros religiosos han jugado un papel esencial como textos genealógicos o del origen no solo de todo lo que nos rodea como de la política misma. Son de hecho, definidos libros sagrados e incuestionables incluso hasta el sol de hoy en la lectura de la liturgia en cada iglesia que existe en el mundo. Sucede de manera equivalente para cada gran núcleo religioso del mundo sean musulmanes, judíos, budistas, ortodoxos o hindúes.
Ahora, los entornos de Jerusalén donde se localiza el origen de tres grandes religiones como la cristiana, judía y musulmana, no se explica tanto porque allí se encuentre la ciudad denominada como Sagrada, como porque es un centro del desarrollo de la escritura y ha permitido que por lo mismo, lo sucedido allí permanezca en el tiempo, por siglos, y explica la importancia de la historia, es decir, las descripciones “escritas” que determinan el aprendizaje de las culturas, su evolución, equivocaciones políticas e identidad. Son una base importante del desarrollo de lo definido como nacionalidad. La “escritura” explica la permanencia de las demás grandes religiones del mundo ya mencionadas.
Desaparecer la historia escrita y los monumentos de las culturas dominadas mediante la fuerza también por ello mismo es una forma clave del colonialismo. Las sociedades dominadas deben adoptar los referentes de la metrópoli vencedora. Sucede hasta en lo mas reciente, cuando el ejército israelí a más de bombardear el archivo de cien años de historia en Gaza, optó por “quemarlo”. También lo hizo la Corona española en la invadida América (de la que hasta ahora se ha desaparecido su nombre original dado por los indígenas que la habitaban). Se repite en África, las culturas de Oriente Medio o Asia de la “era de las conquistas” europeas que sobrevino al siglo XV.
Lo que sigue es la proyección a través de “establecimientos educativos o religiosos” como la escuela, colegio, universidad establecida en idioma y escritura colonial, de la historia de la grandeza e invencibilidad de la metrópoli, como referente cultural y político.
Bueno, hoy la información se registra, “se escribe” de manera generalizada en un formato digital y a través de internet, acumulada por las Big Tech de Wall Street, lo que representa el actual desafío de esta historia.
Empero, volviendo al comienzo, en la Biblia también se soportó la Teoría del Derecho Divino que adoptaron los monarcas europeos, como para decir que el teocentrismo actual de Tel Aviv, el del pueblo elegido, no es un fenómeno precisamente aislado.
Dios ordena disponer “un rey que gobierne” en Samuel 8:22, lo que es interpretado por los monarcas europeos el ser los representantes de un mandato divino y la delegación directa de Dios: gobernaron siglos y encararon todo tipo de guerras en su nombre siguiendo la ruta del primer Rey decretado por Dios, el rey David (del libro de Samuel en varios versículos).
Sin embargo, el mandato divino de los monarcas tuvo su propia dificultad cuando ante la exhibición de la Teoría de Derecho Divino por parte de Carlos I en la Gran Bretaña de 1649, antesala de la revolución francesa, la Cámara de los Comunes enjuició y decapitó de manera pública al monarca ante los reveses en la guerra y como consecuencia el incremento de impuestos, con derivas en la pobreza, hambruna y tensiones entre los nobles feudales que buscaban solución en la guerra civil.
Los reinos, los imperios europeos, también fueron desahuciados tras las dos mayores conflagraciones internacionales del siglo XX, donde las tensiones sociales domésticas fueron trasladadas a la conquista exterior en dos grandes guerras totales, tras lo cual sobrevino el desarrollo de una nueva herramienta para la paz y el bienestar de las sociedades que se concentraba en evitar la Gran Guerra, es decir, la conformación de las Naciones Unidas y en particular el derecho internacional, el reconocimiento de la soberanía de los estados a elegir autónomamente sus autoridades y el respeto a sus fronteras, la autodeterminación de los pueblos y la libertad para establecer el comercio exterior donde se encuentren los mayores beneficios desde el punto de vista del interés nacional.
Ahora, lo cierto es que tanto la república como la globalización entendida en el contexto del derecho internacional, la democracia liberal, por su puesto fueron escenas enturbiadas por el control que de estos procesos tuvieron élites, sus intereses, y quienes adoptaron a raja tabla el modelo de crecimiento económico ilimitado, lo que explica porque todo intento de un mundo pacifico choca con constancia con hambrunas, el trabajo que empobrece y las eras de guerra.
Las gentes del Sur Global no han disfrutado aún del bienestar que tuvieron por décadas las naciones del Norte Global después de la Segunda Guerra, que externalizaron el choque entre sus élites mediante el colonialismo financiero precisamente al Tercer Mundo.
La crisis del colonialismo financiero apenas las despierta y tienen en sus mentes y manos el futuro, lo que no será gratis, de establecer un rumbo digno para sus sociedades.
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