En 1903, Panamá declaró su independencia de Colombia, lo
que por norma apenas se menciona en el país, pero hay un poco más de historia
por destilar, y resulta sugerente, que apenas tras la declaratoria de la secesión,
no solo EEUU reconoció al nuevo país, lo defendió con un despliegue militar, si
no que firmó el tratado Hay Bunau-Varilla, que sintetiza los apellidos del representante
de Francia en Panamá, Philippe Jean Bunau, con antecedentes en la concesión
entregada por la Nueva Granada en 1839, sobre la construcción del canal al país
galo, y el del Secretario de Estado de los Estados Unidos de la época, John
Hay, que materializa los nuevos derechos de construcción del Canal de Panamá y
sobre la soberanía del istmo concedida a EEUU, entre lo que se cuenta un contrato
de arrendamiento a perpetuidad, de la zona especial del canal, el que solo un
presidente de carácter nacionalista como Torrijos, obligó a una redefinición en
1977, y a la postre el retorno de la soberanía del canal a Panamá en el año
1999.
Como en el caso de la ruta polar del norte, al que se
le dedicó un comentario recientemente, el Canal de Panamá, recorta el tránsito
por mar entre los puertos del Atlántico y del Pacífico en el continente
americano, y que por ilógico que parezca, no hay incluso en la actualidad, una
conexión por tierra a través de líneas de ferrocarril, que conecten las caras
opuestas de dicho continente, salvo en el propio EEUU, que por su extensión
resulta menos competitiva que la circunvalación realizada a través del canal.
Esto sin mencionar, que las rutas polares norte-sur, alternas al canal, tienen
dificultades por los accidentes geográficos a superar, y por la propia
congelación de los mares, lo que hacía muy limitado su uso.
Por su parte, el canal conecta de manera más expedita
y económica los puertos europeos del mar de Norte, con sus equivalentes en la costa pacífica de EEUU y Asia; los puertos del continente americano en el Atlántico con
los puertos del Pacífico de EEUU, como se ha mencionado, y los puertos del
continente africano en el Atlántico con los puertos de la Unión Americana, en
el Pacífico.
Por su puesto,
el canal juega un papel estratégico como defensa de la proyección internacional
de EEUU, y permite el trasvase rápido de la armada estadounidense entre los océanos
Atlántico y Pacífico.
Ahora bien, son conocidos los problemas operativos del
canal de Panamá en la actualidad, y que tienen que ver con que su diseño no
permite el paso de los grandes buques de mercancías del presente, tampoco de
grandes buques de guerra, a lo que hay que agregar problemas de suministro de
agua para las esclusas y los envejecidos equipos de soporte, por lo que se ha
sugerido la construcción de un nuevo canal, una idea que aparece y desaparece
de la discusión internacional, pero por lo que se ve, suscita todo interés.
Y aquí llegamos a Nicaragua. Aunque un proyecto de canal
a través de Nicaragua, parece abandonado, luego del interés que presentara
China, como lo fue en tantas veces el proyecto inicial del canal de Panamá, lo cierto
es que es un punto caliente de la geopolítica mundial, y bien puede explicar
los fallos de la Haya, sobre la soberanía en la zona de influencia de un
potencial proyecto de este tipo, y que ha afectado el interés de Colombia en el
mar Caribe.
Hipotéticamente puede pensarse, que un gobierno
colombiano alinderado totalmente con los EEUU, dificulta la perspectiva del
proyecto del canal de Nicaragua, sin embargo, una visión multilateral de Colombia,
como la actual, bien puede explicar, que se bajen las espadas al respecto.
De hecho, EEUU trata de evitar perder mayor terreno en
su influencia en América Latina, debido al avance de los BRICS, a través de
Brasil, Argentina, Bolivia, Venezuela, Cuba o Nicaragua, donde ya avanzan
acuerdos formales de carácter político, que van más allá de régimen comercial,
que se consolida progresivamente en el mundo, lo que incluye Colombia, por su
puesto.
La visita
prevista a China, por parte del presidente Petro, la presidencia de la CELAC,
recientemente concedida por unanimidad a Colombia en 2025 y las estrechas
relaciones con los países amazónicos, algunos de ellos cercanos a los BRICS, bien puede explicar, el acercamiento que Washington
quiere hacer de Colombia, con recientes decisiones, como la no emisión del
informe de monitoreo de los cultivos de coca, y los sucesivos apoyos políticos
que desde el gobierno de EEUU, se realizan a su gestión.
