El deslave se mide en que el mundo cada vez se vuelve más consciente de que EEUU emite papeles, moneda o de otra forma bonos, con lo que “compra” los bienes y servicios producidos por cada persona que se levanta con el sol en el planeta y una dictadura financiera que adquiere sin rubor formas ilegales en su actuar, si se piensa en el derecho internacional o de los derechos humanos (un estatus, que con sus cuestionamientos recoge experiencias de convivencia internacional en medio de incesantes guerras y por supuesto, para evitarlas).
Puede afirmarse que el relacionamiento internacional de Estados Unidos se ve modificado y se vuelve progresivamente más ilegal en su actuar conforme entra en crisis la hegemonía del dólar o emerja la resistencia de otras potencias en el mundo a reciclar billones de emisiones de dólares en su torrente económico y lo que fue profundizándose en los más recientes ochenta años, pero que se acentuó como se ha planteado en la última década.
Por su puesto, las élites de los Estados nacionales al margen de EEUU reconocen que el nuevo escenario plantea retos a su propio estatus debido a la perspectiva ya no de coadministración de los Estados a través de Bretton Woods y el Swift si no de la emergente geopolítica de la Anexión como lo esgrime Wall Street en voz de Trump colocando como ejemplo lo que sucede con Groenlandia, Islandia, Panamá, Canadá, Venezuela o la misma Colombia.
Anexión entendida no como una ampliación de los Estados Federados de la Unión Americana y los derechos de gentes en que deriva, si no como una forma de despulpar a la medida de los requerimientos que la crisis del dólar suscita, como decir, si no es posible emitir moneda pues bien es simplemente tomar los bienes y servicios del mundo sin que sean pagados a nadie. Claro, tras ochenta años el costo de obtenerlos progresó en dirección con el relacionado con colocar tinta a las rotativas de la Federal Reserve.
El Estados Unidos de hoy no es aquel al que las élites hacían lobby para recibir prestamos (de otra forma incentivar emisiones de dólares) y ajustar las economías nacionales a la lista de mercado de Wall Street respecto de condiciones subsidiarias de beneficios acentuados para las empresas del Dow Jones o el Nasdaq, incluye la banca, donde la urgencia y crisis hegemónica no era empujada con espuela y había alguna posibilidad empresarial o desarrollo del sector servicios, si no aquel que redacta edictos en la Oficina Oval y hace público a las cámaras la Anexión de lo que a su haber desea.
Aquí no hay Consejo de Seguridad, derecho internacional, “derechos adquiridos” que valga y quien se resista tendrá que enfrentar el bullying mediático de bots (algoritmos o cipayos de carne y hueso) a través de redes sociales y aún de los mass media tradicionales que pertenecen las élites pero que ofician como idiotas útiles. Por su puesto, existen élites que aún no entienden el nuevo contexto o que temen que sus inversiones en EEUU, en síntesis, su riqueza acumulada, sean confiscadas como retaliación ante algún chistar respecto de las nuevas “condiciones de servicio”.
La opción para quien se resiste está más despejada para potencias y países con un carácter nacional que resistieron al embate de décadas de propaganda cultural y el injerencismo estadounidense, con fuerzas militares en la misma clave, con potencial de enfrentar militar, política y económicamente el escenario de las Anexiones en el formato ya mencionado. Tiene que ver por su puesto con China, Rusia, Irán, países de los BRICs, la Organización de Cooperación de Shanghái, en general países del Sur Global que escapan a las medidas de control estadounidense porque diferente a la hegemonía del Swift lograda con pulsar un botón del ordenador en la Federal Reserve, habrá que tener ejército estadounidense por cada país declarado ahora insurrecto por ajustarse a razón de precios y comercio del mercado internacional y que de facto relativiza el lugar de Washington. El anverso de la moneda tiene que ver con la crisis de la Unión Europea o Europa Occidental sometidos al tutelaje burdo de Washington lo que incluye la adopción de medidas encaminadas a evaporar su ya languideciente sector industrial, es decir, estimular el incremento de desempleo e inseguridad social con el fin de no dejar otro camino a las gentes desesperadas que alistarse en ejércitos de cara a la guerra contra Rusia.
Ahora bien, los golpes de mano basados, entre otros, en la internet y con lo cual se ha cedido el control de las mentes de las personas, logrados en las elecciones en América Latina es un cedazo que la realidad en corto tiempo está rompiendo, una olla a presión que al detonar proyectará fenómenos con efectos sociales y políticos difíciles de prever.
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