Era un lenguaje ciertamente criptográfico. Pocos conocían que el dólar estaba siendo atacado, mucho menos, como era que esto se estaba realizando. Y si eso era una suerte de comunicación de un extraterrestre para un estadounidense de a pie, para los habitantes del tercer mundo si que fue un tema desconocido salvo, como en el caso de Estados Unidos, para los propietarios de bancos o grandes inversores de la bolsa.
Entendían bien de que se trataba: Estados Unidos estaba de nuevo en bancarrota tal como lo fue en el crack de 1929.
La decisión de Wall Street estaba tomada y había que ganar tiempo antes que el dólar se desprendiera de cualquier representatividad como papel de cambio por bienes y servicios.
Desde pasada la primera guerra mundial y donde el financiamiento de la misma para el caso de Gran Bretaña y Francia, quienes salieron vencedoras de la contienda, se realizó por parte de JP Morgan quien por entonces tomó como centro de operaciones Estados Unidos, el comercio de las grandes potencias europeas quedó supeditado, las unas vencedoras y las otras vencidas, en compromisos de los que poco se habla, y es que las deudas de quienes recibieron financiamiento como la cancelación de reparaciones que comprometían a las vencidas “debían” transarse en dólares.
Es el resultado de las guerras y donde en este caso la sumisión está representada en ello, dolarizar de alguna forma sus economías y supeditar el desarrollo de las naciones al dictado, en este caso del vencedor y que no estaba precisamente en el campo de batalla, como suele creerse, como detrás de un escritorio de un banco.
Después de ver una Europa con su población mayormente en el desplazamiento forzado, del lacerante pago de la deuda y la onerosa reconstrucción consecuencia de la Segunda Guerra, el General de Gaulle quien presidia Francia a finales de los años sesenta del siglo XX, reconoció que Estados Unidos había convertido en vasallos a los habitantes del Viejo Continente, cuando terminó por monetizar el mercado europeo en dólares, comprando con el papel de la Reserva Federal el trabajo de cada persona que allí habitaba.
Su decisión fue optar por dar sentido a la economía nacional francesa al margen de la gestión del denominado “laissez-faire”, la perspectiva del Estado mínimo, pero con el que se entregaba en la práctica la gestión del mismo a las juntas directivas de las grandes empresas estadounidenses. De Gaulle y la élite francesa consideraban recuperar el lugar de Francia iniciando por dar relevancia al franco, la moneda emitida por el Estado galo, con soporte en reservas de oro, por lo que solicitó a Estados Unidos el canje de sus dólares de reserva por oro como lo definían las letras de la Reserva Federal, al cambio de 35 dólares por una onza del metal precioso y establecido en los “acuerdos” de Bretton Woods, donde las potencias arrodilladas por la guerra fueron convocadas para dar fórmulas que permitieran recuperar la dinámica de la economía europea. La demanda de Francia terminó por ser adoptada por otros países como Alemania Occidental, Suiza o España y lo que quedó en evidencia con la decisión de Nixon de cancelar el canje de dólares por oro, es que las emisiones de billetes de Washington no correspondían con las reservas en metálico y el circulante era simplemente un papel pintado.
Para dar salida al impase económico desatado por el general de Gaulle donde dejaba en los huesos a Wall Street, tuvieron que pasar dos largos años en donde se dio vida artificial a la bolsa de Nueva York hasta cuando los economistas de las cities estadounidenses establecieron para el año 1973, como opción romper el comercio en monedas europeas y que se intercambiaban por petróleo en Oriente Medio, para obligar a que dicho comercio se realizara en dólares como forma de dar de nuevo vida a la moneda fiat emitida por Washington y lo que dio la verdadera justificación a lo que conocemos con el críptico nombre de “guerra de Yom Kippur” y donde Tel Aviv ( en la práctica una guerra llevada a cabo directamente por Estados Unidos soportado en el músculo armamentístico que desarrolló durante la Segunda Guerra), mediante acciones “preventivas” con las que arrodillaron militarmente a los ejércitos de Egipto, Siria, Irak, Jordania, Marruecos, Arabia Saudita, Libia, Kuwait, Argelia y Sudan. Por su puesto, la historia tampoco reconoce que era una guerra a muerte por parte de EEUU, que de por medio estaba su divisa y su supervivencia como potencia industrial y económica.
Como se ve, no solo fue doblegado el mundo árabe como el mismo Viejo Continente y ciertamente el resto del mundo. Fue el nacimiento del denominado petrodólar, un “acuerdo” que rubricaron los países del Golfo Pérsico y que explican el despliegue de 19 bases militares estadounidenses en dicha región, considerando este año 2026, pero las mismas que ahora son definidas por el Pentágono en “Evacuación preventiva y dispersión”, luego de la respuesta militar que Irán diera a la guerra desatada por Washington.
La intervención militar con fines económicos de Wall Street con la guerra de Yom Kippur es comparable con los fines que mueven a las acciones de Washington en Asia Occidental ya en este entrado segundo cuarto del siglo XXI y donde el comercio de China con los países del Golfo como Arabia Saudita o Irán estaban siendo tranzados en yuanes y mediante balanza comercial, lo que representa un mecanismo para la evasión del uso del billete verde y una erosión importante del petrodólar, lo que tiene significado en la promoción del desarrollo comercial bilateral al margen de EEUU o del Swift entre las naciones del Sur Global y en particular de las naciones de los BRICS.
El cálculo estadounidense se situaba en desatar la guerra contra Irán; que esta atacara los países del Golfo donde Washington tiene sus bases desde donde ataca Teherán para luego vender seguridad a Arabia Saudita, Catar, Emiratos Árabes, Omán o Kuwait y con estos doblegar al país persa.
La dificultad de este cálculo reside en que Estados Unidos se vio sorprendida tanto por la capacidad militar como por el tipo de la respuesta iraní y en la que, en 90 minutos, luego de primer golpe de Wall Street, prácticamente desalojó por la fuerza las bases militares estadounidenses en el Golfo a más de mantener a una distancia de miles de kilómetros de las costas persas, los portaviones estadounidenses debido al desarrollo misilístico de Teherán y lo que los vuelve prácticamente en armas inservibles en sus fines militares.
Y si bien existe un paralelismo entre los fines de EEUU para dar salida a sus dificultades de representación económica entre la guerra de Yom Kippur y la actual agresión a Irán, lo cierto es que ninguna es comparable a lo que subtiende la actual situación y que involucra tanto a China como a Rusia, ambas, potencias militares, políticas y económicas. De hecho, Moscú la vencedora de sucesivas intentonas de conquista europea a lo largo de la historia y de lo que va de Napoleón a la actual guerra que enfrenta en Ucrania con Estados Unidos y buena parte de Europa Occidental, y ni que hablar de las capacidades en todo orden que posee Beijing.
Corolario. Estados Unidos se autoabastece de combustibles, en general, de carácter no convencional originados por tecnologías como la del fracking, pero petróleo y gas más costoso en su producción que el obtenido por explotación convencional de combustibles en Venezuela, Asia Occidental, en particular, en el Golfo Pérsico, porque no, del petróleo y gas de Rusia, lugares donde se concentran las mayores reservas de combustibles fósiles del mundo.
En Colombia se lleva a cabo este fin de semana la primera vuelta de la elección presidencial, y el dispositivo de control de Venezuela, que en un primer termino se llevó a cabo con el secuestro de su presidente Nicolás Maduro, se termina de cerrar, con la elección de un gobierno de derechas en Colombia. De hecho, hasta tanto, las principales petroleras del mundo se resisten a realizar inversiones del nivel que permita la recuperación de la infraestructura que eleve en varios millones la producción diaria de petróleo en el vecino país, pero lo que es su aspiración estratégica.
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