Como se sabe las interacciones “en persona”(100% a comienzos de siglo XXI), migró al 30% en 2018 y se aceleró con la pandemia en 2020, un fenómeno que se presentó paralelo al avance del comercio online o por internet donde la compra pasó del “ambiente controlado” por las personas, como cuando había que desplazarse hasta los almacenes -donde los bienes eran observados y revisados en cuerpo presente (mediante probadores de ropa o calzado, por ejemplo), aquilatados sus precios con comparaciones en almacenes próximos-, a las actuales compras a la mano del clic y lo que de hecho, va paralelo a la desaparición de las oficinas físicas de los bancos, la penalización del uso de los mismos debido a que como en la introducción de tantas tecnologías (por su puesto, en su proceso de penetración hasta volverse casi ineludibles), las transacciones online no se cobran o son menos onerosas que las que se hacen a través de Apps.
-entre otros, el E-Commerce, que es la migración al comercio online (hoy el 50% del total y que pretende sea el total de las mismas), y que es manejado por Apss de las Big Tech estadounidenses, es de facto otras de tantas modalidades de intensificación de la captura de las economías domésticas y que para medirlo es solo considerar que pasaría si “por cualquier razón”, las tecnológicas definieran apagar dichas Apps en cualquier país. Hay que entender que Nequi, Daviplata, llaves.. son Apps con soporte en las Big Tech mencionadas-
Pero en síntesis es eso, Google y el comercio online basado en redes sociales pretende ser Vitrina (Marketplace/retail) obligada y evidentemente con los sobrecostos que sobrevienen a la IA occidental, de los productos hechos en China y entre otros, lo que está mediado por urgente necesidad de ganancias, en este caso, por la intermediación, explica modalidades “particulares” (eminentemente especulativas) del comercio como cuando se introducen “los precios dinámicos” (quizás les ha sucedido que cuando al buscar algo tiene un precio al comienzo y se va modificando al buscarlo de nuevo, una modalidad aplicada desde sus inicios por Uber en sus servicios de transporte (tarifa dinámica) y que se basa en que el comercializador, debido a la captura de información privada de los usuarios y que alimenta programas de cómputo, “conoce” la capacidad de adquisitiva, stocks, urgencia(FOMO, miedo a quedarse por fuera, logro a disposición a pagar) e incrementa “como consecuencia” el precio de los bienes o servicios a comercializar.
También sucede lo opuesto, y es inducir compras de bienes y servicios que no tienen el carácter de necesidad o urgencia con precios de oferta (así las cosas, es el algoritmo el que coloca las condiciones).
El precio no es pues definido como la capacidad que tiene un bien o servicio para satisfacer una necesidad humana, el valor de las materias primas asociadas o el trabajo involucrado como ello, pero integrando los demás factores mencionados y que por sus características tienen arraigo en la psicología de las personas.
En un Casino la tragamonedas siempre gana y parte de la inducción a la permanencia del jugador dando partidas ganadas o “casi aciertos”(refuerzo conductual, considerar que en general los jugadores sostienen en el hall que ganan) pero que mediante un modelo probabilístico predefinido en la programación de la máquina, esta deja per se ganancias porcentuales de lo apostado a la Casa o Return to Player, un esquema perfeccionado en las operaciones de acciones en la bolsa de valores y que ahora adquiere su propia forma en buena parte de la interacción de las personas con la internet.
El fenómeno también tiene su propia arista en el comportamiento de las redes donde se integra como factor la crisis de la hegemonía estadounidense. Tecnológicas como Google (Alphabet), Oracle o Amazon han colocado en el mercado bonos de deuda pagaderos en el año 2075, 2066 0 2076 respectivamente, inversiones que han justificado en proyecciones de ganancias para modelos ligados a escenarios geopolíticos definidos por EEUU y lo que ahora se presenta insostenible debido al proceso multipolar y que tiene una progresión desde hace alrededor de un tercio de siglo.
Las previsiones “del fin de la historia” ahora puestos en cuestión están modificando los modelos de negocios de las Big Tech donde tenían previsiones de financiación “gratuita” de sus aplicaciones ofertadas a usuarios para capturar comercio “y mentes”, por décadas antes de verse obligados a iniciar la redención de los pagos.
Ahora se hace más rudo eso de que quien paga existe en el mundo virtual.
Resulta curioso ver las cuentas en X (antiguo Twitter) de Elon Musk (“en papeles” uno de los mayores tenedores de acciones de empresas como Testa, Starlink o Space X) impulsada mediante Boost, es decir, siendo quien tiene como trabajadores a los programadores de sus algoritmos, paga para existir.
Estudios recientes muestran que las cuentas en redes así como la producción de contenidos en la internet es hecha actualmente en un 50% por agentes de IA, pero esta IA esta soportada en un número indefinido de hangares especialmente en EEUU, donde se alojan servidores, que fracción de segundo a fracción de segundo gastan energía, refrigeración(más energía) y a lo que hay que agregar las demanda de ganancias de emisiones de billones de dólares de 80 años y que están condensados en estás empresas (pensar que las tecnológicas o de otra forma, las denominadas siete magníficas del S&P 500 tienen un valor en bolsa de 25 billones de dólares y que la deuda de EEUU equivale a 40 billones y es lo que tiene el declinante imperio contra las cuerdas).
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