En un discurso en cadena nacional, el pasado
miércoles, el presidente de Estados Unidos Donald Trump anunció respecto de la
guerra que a nombre de los ciudadanos estadounidenses ha declarado a Irán que “En
las próximas dos o tres semanas, los vamos a devolver a la Edad de Piedra, que
es a donde pertenecen”.
Por su
puesto, ningún medio tradicional de comunicación en Estados Unidos u Occidente,
donde el colonialismo financiero amasa sus élites, si quiera se ruborizó.
Uno de los líderes mundiales quien si reaccionó
a las declaraciones de Trump fue el vicario de Roma León XIV y nacido paradójicamente
en Chicago y como lo relaciona Euronews “instó a los estadounidenses y a otras
personas de buena voluntad a contactar con sus líderes políticos y
representantes del Congreso para exigirles que rechacen la guerra y trabajen
por la paz”.
La bancarrota de los media occidentales se mide
cuando ante el rechazo a una guerra de agresión contra Irán por parte de
Estados Unidos del papa León XIV, Yahoo subtitula en el interior de uno de sus “análisis”
¿El papa es anti-Trump? como si se de un
asunto personal se tratara, pero que es una de las formas típicas en las que se
basa la desinformación, obviando el problema central que tiene que ver con que el
derecho internacional como forma moderna
de la moralidad, condena el agresor, es decir, quien da el primer golpe que
desata la guerra, mientras sustenta el derecho a la defensa en caso de la misma, dando
sustento a la vía de la solución pacífica de las controversias y/o intereses
como parámetro de un contexto relacional de carácter civilizado.
Por su puesto, el epicentro de la guerra que Estados
Unidos lleva en contra de Teherán, como en todas las guerras, se sitúa en el
orden económico.
En esencia, como tantas veces se ha mencionado
en estas columnas, Estados Unidos atraviesa una crisis de su modelo basado en
el colonialismo financiero o de otra forma emisiones de moneda con lo que paga
el trabajo que realiza cada persona que diariamente se levanta con la salida del
sol, formal o informal, en el mundo y durante las más recientes cuatro
generaciones o desde finalizada la Segunda Guerra Mundial.
Son unos 80 años, donde Washington ha logrado
definir el rol de cada élite que existe en cada país que existe en el mundo, en
consecuencia, de las naciones como tal, al igual que del gobierno mundial a
través del control de Naciones Unidas, un modelo que se fue perfeccionando en
su trasegar del mundo bipolar, con su cenit en la unipolaridad pero que al
tener como superestructura el capitalismo, tiene que lidiar con la enfermedad
propia de un proceso sujeto al crecimiento continuado, ad infinitum, de la economía,
las crisis de la tasa de ganancia y de sobreproducción y que solo es mitigada a
través de la expansión geoeconómica continuada, sea a través de revoluciones
tecnológicas como de renovados procesos de extracción de riqueza, verbigracia
el neoliberalismo o mediante el más crudo colonialismo de “la era de los
descubrimientos” como el que se advierte en la actualidad ante la crisis del
colonialismo financiero soportado en emisiones, de nuevo, ad infinitud, de
dólares.
Como se sabe, la crisis de la tasa de ganancia
y de sobreproducción del capitalismo estadounidense del último tercio del siglo
XX, entre otros, se sobreaguó integrando a China como mercado de 1300 millones
de almas para disponer los excedentes de las multinacionales de Wall Street y europeas
en un mercado occidental saturado. Ahora bien, los gobiernos chinos cambiaron
el acceso a su mercado por el desarrollo de empresas industriales mixtas, una
suerte de keynesianismo, donde inversiones de Wall Street y nacionales, entre estas
de carácter estatal, para apalancar el desarrollo productivo en torno a
Beijing. Se configuraba pues la denominada ChiMérica en un proceso que, como ya
se ha mencionado, sobre viene a los años setenta del pasado siglo, es decir, ya
tiene una duración de más de media centuria, donde paulatinamente Beijing se
estableció como Hub productivo del mundo, o de otra forma, la fábrica de
productos global. Como es de esperarse, el poder de EEUU quedó sustanciado
eminentemente en el poder de las máquinas impresoras de billetes en la Reserva Federal
mientras su modelo podía prorrogarse por unas generaciones más.
La expectativa de Wall Street se situaba en que
el poder del capital corrompería a las élites chinas quienes a fin de amasar
riqueza dejarían en su momento al margen el desarrollo nacional de su país, como
lo ha hecho el capitalismo estadounidense en casi cada país que existe en el
orbe, pero fue lo que no sucedió.
En este proceso de deslocalización industrial,
China fue adquiriendo superávits comerciales sostenidos respecto del mundo y en
particular de Estados Unidos, lo que en acuerdo con Washington eran
reinvertidos en bonos de tesoro estadounidense, o de otra forma, acreencias en
forma de deuda a favor de Beijing. Sin embargo, la aceleración de la deuda
exterior de la Unión Americana, como era de esperarse debido a emisiones
continuadas de dólares con que subsanar el crónico déficit, terminó por llevar
a Wall Street a formular una nueva puerta de salida a este problema,
facilitando el ingreso de China a la Organización Mundial del Comercio(OMC) en
el año 2001, con lo que a Beijing se le permitía invertir directamente en
cualquier país del mundo con el fin de desacelerar el incremento de la deuda de
Washington a favor de China,
derivando en lo que se conoce como multipolaridad, es decir, el poder económico
internacional que sobreviene a este proceso por parte de China.
El más reciente documento sobre la estrategia seguridad
nacional de Estados Unidos emitido en el gobierno Trump evidencia lo planteado,
pero no solo ello, define la acción política y militar abierta contra China y
que se devela abiertamente en tanto el propósito de doblegar a Rusia mediante
la guerra en Ucrania (para EEUU era evidente que, ante las presiones de
Washington, China terminaría en un acuerdo económico, político y militar con su
vecino fronterizo Rusia), no fue posible.
Ahora bien, el desarrollo industrial de China y
el impulso de su comercio luego de 2001 con la entrada de Beijing a la OMC ha facilitado
el que Beijing establezca intercambios comerciales con cada país del orbe e
impulsando no solo las transacciones en dólares, como en moneda local de los países,
así como en yuanes. Sucede en torno a los países de los BRICS como respecto del
Sur Global, aunque recientemente el mismo Deutsche Bank esta emitiendo bonos
panda o en yuanes al igual que el tesoro de Rusia o Indonesia.
Son procesos de giro geoeconómico que se dan
paulatinamente, como cuando el peso colombiano que sobreviene a la declaración
de independencia de 1810, primero declarado en referencia a la moneda de la Corona
española, el real, pero que caído en desgracia el imperio español, primero se tasa
en oro y luego de la Segunda Guerra, con Bretton Woods, en dólares.
Ahora, si bien es cierto que el comercio y las
transacciones se siguen realizando esencialmente en dólares, lo que incluye los
bienes y servicios producidos en la factoria global de China, también es
cierto, que esos dólares de intercambio son manejados de manera directa y bajo un
interés económico al margen del tesoro estadounidense, entre otros, originados
en el superávit comercial que China sigue teniendo con Estados Unidos. Por
ejemplo, el Metro de Bogotá se tasa en dólares su construcción, debido a una
selección con mejor oferta económica y técnica, pero una empresa China
construye, y lo que gasta en Colombia como pago de trabajadores u otros gastos en infraestructura
necesaria, se consigna en dólares en el país para ser traducidos en pesos, pero
dólares que maneja directamente Beijing al margen del tesoro estadounidense.
Parece obvio por su naturaleza, sin embargo, hasta 2022, tanto el comercio como
las inversiones pagaban peaje y concedían la tutela de las mismas por operar
con exclusividad a través del Swift.
La otra arista, que también tiene que ver con
el Swift y su intermediación del comercio de petróleo, el denominado petrodólar,
con lo que Estados Unidos busca contener
a China es Asia Occidental (para Occidente, Oriente Medio), esto porque Beijing
importa de allí cerca del 50% de sus suministros (es un 20% el importe de crudo
desde Rusia hacia China) por lo que el control de los mismos es una forma de doblegar
la independencia industrial de China y es lo que precisamente está buscando
Estados Unidos en su guerra declarada contra Irán. La expectativa de Wall Street era vencer a
Irán y recuperar el control de Asia Occidental a través de Israel, perdida
luego que EEUU optara desde comienzos de siglo por sustituir en buena parte
el petróleo importado del Golfo Pérsico para disminuir su déficit comercial con
esta región, a través de la explotación de petróleo no convencional de su
propio suelo y de Canadá, lo que condujo al traslado del papel de comprador
esencial del crudo de dicha región de Washington a Beijing.
Es pues realmente el origen de la guerra, las
creencias religiosas buscan precisamente movilizar adeptos obviando cualquier
análisis sobre las razones estructurales de la guerra y que, de conocerse,
llevan a que las personas pongan en cuestión la práctica de la misma.
En contexto,
ya considerando el devenir del ataque estadounidense a Irán, lo cierto
es que la república persa ha dejado claro su lugar como potencia militar en el
mundo, si se piensa en que ha chocado con el ejercito con la mayor inversión a
escala global( su inversión equivale a la de 100 países, considerando el
aproximado de 200 en el orbe, entre los que se cuentan los de mayor PIB), y
logrado ejercer una soberanía militar alrededor de 5000 millas de su territorio,
expulsando de esta esfera incluso los portaviones y en general, la armada
estadounidense y lo que pasó por el ataque y en la práctica destrucción de
27 bases militares en 7 países desde donde Washington estructuró los ataques contra Teherán,
por lo que los ataques a la nación persa se realizaban al momento de la
apertura de negociaciones, desde fuera de esta zona de seguridad. Por supuesto, como zona de exclusión bajo control de Irán ahora se incluye el Estrecho de Ormuz, tal como ejerce soberanía y reclamación de pagos en el tránsito por parte de Turquía en el Bósforo.
Irán ha comprendido que la batalla militar no es
solo económica, si se piensa en enfrentar drones de 20 mil dólares con
antimisiles estadounidenses de 7 millones de los impresos por la Federal Reserve, y de los que posee un stock
de decenas de miles, a lo que habrá que sumar su capacidad misilística como
tal, lo que incluye precisión y velocidad, en el caso de los misiles hipersónicos,
así como inteligencia militar en la definición de objetivos sino la respuesta
en el orden de la geoeconomía.
El control del Estrecho de Ormuz por parte de
Irán, le está permitiendo cobrar a los países del Golfo donde EEUU tiene las
bases con las que se atacó la nación persa, reparaciones por los daños
sufridos, conocido que es Washington quien inició las hostilidades.
Hace un par de días se escuchó en Fox News, al Senador y promotor de la guerra, Linsey Graham,
lamentarse que Irán desde el comienzo de las hostilidades estaba dejando pasar
buques petroleros por el Estrecho de Ormuz al margen de las cargas
occidentales, a cambio de que pagaran un peaje y transaran su petróleo en
yuanes, y es uno de los primeros puntos en negociación en Islamabad la capital
de Pakistán (no se realizan en la India como mensaje a Modi por doblegarse
recientemente a las presiones de Washington).
A Estados Unidos le queda pues estas dos posibilidades.
O retirar sus bases del Golfo Pérsico con las que acaba de atacar Irán(incluye la
finalización a los ataques de Israel a Líbano así como de Gaza y los de Occidente a Yemen); dar
aprobación a la entrega de las reservas en dólares que están en los bancos de
los países del Golfo y que EEUU ha mandado a congelar desde hace décadas, y
establecer relaciones comerciales con Teherán como las que realiza con Beijing,
lo que debería ser un parámetro para cualquier país del mundo, en términos de
la soberanía económica que tiene toda nación, o que la situación retorne a la escena
de la guerra con intercambios de misiles, quizás la migración del teatro al uso
de un arma nuclear por parte de Israel o del mismo Estados Unidos.
Islamabad es garante de las negociaciones, es
una potencia nuclear, lo que tampoco puede olvidarse. Por demás, es socio
económico y político de China en la región mientras en la pasada guerra de los
12 días, Pakistán afirmó apoyar a Irán “por todos los medios” frente al ataque
israelí.
Por lo pronto, EEUU también considera los
golpes de mano en el continente americano. Atentos con las elecciones de
primera vuelta de fin de semana en Perú y las que sobrevienen en Colombia y
Brasil. "Sacar la gente a votar verraca", evitar la formalización de partidos al margen de los bipartidismos(incluye su operación avispa) y el uso del escrutinio, resulta más económico y menos riesgoso que la guerra, por lo visto.
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