En 1803 Napoleón Bonaparte, luego de perder el
control del “portaviones” antillano con la declaración de independencia de
Haití, optó(obligadamente) por vender por 15 millones de dólares el territorio
de Luisiana a Estados Unidos ante el riesgo de que dicha nación tomara el
control mediante la fuerza de dicha región.
Bonaparte ante su
ministro del Tesoro Francois Berbé-Marbois: «Renuncio a Luisiana. No es solo Nueva
Orleans lo que cedo, es toda la colonia sin reserva alguna... Necesito dinero para hacer la guerra a la nación más rica del
mundo [Gran Bretaña]» y con lo que financió
un ejército de 150 mil soldados con el objetivo de invadir Inglaterra.
En contexto, ya para 1800, las posesiones de la Corona española se habían
transformado y relativizado la influencia desde la península Ibérica debido al
poder que adquirían los criollos después de 3 siglos y medio de mestizaje, lo
que significó negocios directos entre los virreinatos y otras potencias adversantes
a España, la reducción de los ingresos e impuestos que recaudaba la Corona española
y lo que indujo la crisis económica de la metrópoli europea.
La debilidad de la influencia española fue alargada en el tiempo conforme a la imposibilidad de hacer “gestión” colonial de un territorio en América
inconmensurable lo que desde el siglo XVI permitió a Francia mediante el
comercio tomar paulatino control de Haití. (un fenómeno que se repetía de igual
forma con la expansión de la influencia de Inglaterra en la región).
La Francia de Napoleón Bonaparte, que representaba la recomposición de
las elites en París luego del estallido social, la caída de la monarquía y la
revolución de 1789 y que duró hasta 1799 tras el Golpe de Estado (el 18
brumario) encabezado por el General de División Napoleón Bonaparte, pasó por
enfrentar los ejércitos de las monarquías de Gran Bretaña -quien ahogaba al Estado francés revolucionario mediante
un inclemente bloqueo comercial y marítimo-, la Rusia zarista y la monarquía austriaca, la alianza internacional denominada Segunda Coalición y
que pretendía reinstalar el reinado borbónico,
para luego de ello derivar las tensiones económicas internas en la guerra y
proyección de Francia en ultramar, en el caso del hemisferio occidental, articulando
dos posesiones importantes en América, Luisiana en Norte América y Haití.
Francia pretendía usar como estribo financiero Saint-Dominique (Haití)
en particular mediante la producción con esclavos traídos de África del “oro
blanco” de la época, el azúcar, considerando que los costos de producción eran
comparativamente más baratos respecto del de otros lugares del mundo
precisamente porque estaba mediado por esclavos cuyo sostenimiento era el equivalente
al de un semoviente y el transporte por mar al costo del impulso del viento usando
las velas de los barcos.
El consumo per cápita de azúcar en Europa se multiplicó 20 veces en un
siglo (entre 1700 y 1800) acorde con su uso que evolucionó de ser de uso exclusivo
en las Cortes a generalizarse en su consumo para endulzar café o té y como base
de productos medicinales.
Como se ha mencionado la élite bonapartiana enfrentó con éxito las monarquías
europeas que pretendían reinstalar la monarquía borbónica en Francia derrotándolas
en la batalla de Austerlitz (1805) y Jena (1806) con lo que consiguió el control
del centro de Europa y a la postre invadió España y Portugal en 1807 y 1808, un
control continental con el que Napoleón le dio vuelta al bloqueo económico
contra Paris que impulsaba Gran Bretaña para colocarlo en contra de Londres.
Ahora bien, Bonaparte cimentaba financieramente una proyección en el
Viejo Continente que se erosionaba si se piensa en lo que sucedía en las
Antillas.
En contexto, en 1793, Inglaterra y España se propusieron arrebatar a
Francia su colonia más rica, Haití, conociendo las limitaciones de tropas galas
en la región: “en un acto de desesperación total, el
comisionado francés Léger-Félicité Sonthonax tomó una medida radical: declaró la abolición de la
esclavitud y ofreció armas y la ciudadanía francesa a todos los negros que
lucharan bajo la bandera de Francia para
expulsar a los invasores, y con lo que lograron la derrota de las tropas
unificadas británicas y españolas. En 1794, la Convención Nacional en París
ratificó esta abolición para todas sus colonias”.
En 1801, Toussaint Louverture, un brillante
líder militar exesclavo promulgó una constitución que abolía la esclavitud para
siempre en la isla, siguiendo los ribetes de las bases de la revolución
francesa, sin consultar a París, pero lo que condujo a la ira de la élite napoleónica
y el envío de 35 mil militares blancos franceses para la retoma de la isla y lo
que tenia como objetivo restablecer formalmente de nuevo la esclavitud en la considerada
aún como colonia gala.
En 1804, en la Batalla de Vertières una fuerza haitiana bajo el estandarte de una bandera francesa a la que quitaron su franja blanca del centro, como representación de la traición a los ideales de la revolución francesa del bonapartismo y otorgando significado a la alianza militar entre negros y mulatos de la isla, agregando al pabellón la leyenda "L'Union fait la force"(la unión hace la fuerza), derrotaron en definitiva al ejército napoleónico viendo despuntar dos lideres
antillanos como Jean-Jacques Dessalines y
Alexandre Pétion.
Pétion, sí, el mismo que recibió
a Simón Bolívar en 1816 derrotado por Pablo Morillo (quien logró dividir la fuerza armada bolivariana de la Segunda República cimentando las diferencias de los criollos de los llanos con el Libertador haciendo ver la perspectiva política del caraqueño como un simple cambio de amo), y entregó al gestor de la independencia de 6 naciones, armamento masivo, barcos, logística y
transporte, una imprenta completa -un medio de comunicación excepcional para la
época- y talento humano, representado en negros haitianos que se integraron al ejército
independentista y solo a cambio de que Bolívar proclamara la abolición absoluta
de la esclavitud de las tierras que lograra liberar del yugo español.








