Lo que hace la diferencia entre otras especies
y la especie humana es que esta última desarrolló de manera sistemática la
escritura, un mecanismo para expandir la memoria individual convertida en conocimiento
colectivo, concretando un saber ampliado a cada vez mayores cantidades de la
población.
La escritura (la sagrada escritura), permite que el círculo del saber
que entrega la Naturaleza, sus leyes, se descubra y se usufructe de otras formas, contrario a lo que sucede con las demás especies, donde los descubrimientos y experiencias
desaparecen con cada generación. Las nuevas
generaciones de humanos no arrancan de cero si no que el saber desarrollado por una
generación anterior es traspasado mediante la escritura y su socialización en corto
tiempo facilitando la proyección de una nueva etapa de desarrollo del mismo o
de otra forma, la perfección de saberes atesorados mediante la escritura del
pasado.
Por su parte, la expansión del saber se nutre
de la constante mezcla cultural de aquella desarrollada en un sin número de lugares
(solo pensar en Colombia que en la actualidad posee unas 80 nacionalidades, imaginar cuantas
existían antes de la conquista española, luego de más de medio siglo de represión
de las mismas). Este mismo fenómeno de fusión cultural se presenta en regiones bisagra de Europa, donde a las nacionalidades
in situ, se le superponen centralidades sociales distantes, lo que se sucede a
veces de manera pacífica como violenta y que va de Cartago al imperio romano, hasta
el siglo VI, que en su declive vio venir la proyección vikinga en los siglos VIII
y XI, la ampliación mongola del siglo XIII o el reverdecer de culturas originarias
y nacionalidades ahora mezcladas en la actual Europa.
La escritura en piedra permitió proyectar el
saber, al igual que el papiro, este último más riesgoso si se piensa en el paso del tiempo
debido a su origen vegetal, un fenómeno que se repite con la impresión en celulosa de origen vegetal o papel
y los libros tan predominantes antes de la revolución digital que entró con
fuerza desde el inicio del siglo XXI. Tan riesgoso es la transmisión y
desarrollo del saber registrado en medios vegetales como la concentración del
mismo en unos pocos, solo recordar lo sucedido con aquel triste relato de la
quema de la biblioteca de Alejandría en el 48 antes de cristo por parte de
Julio César o el ocultamiento del mismo en abadías como sucedió durante el
largo y oscuro Teocentrismo, que quemó y ocultó el saber griego y de un sin
número de culturas antiguas de África, Mesopotamia, occidentales y asiáticas desde el siglo V, lo que solo comenzó a ver la
luz con el Renacimiento ya en el siglo XIV.
Ahora bien, en nuestros tiempos (no olvidar
como dijo Keynes que en el futuro todos estaremos muertos), el algoritmo y la
Inteligencia Artificial ha roto los límites culturales asociados a la distinción
de idiomas mediante traductores online, sin embargo, la información está acaudalada
y “administrada” por las Big Tech de Wall Street y en lo que ya inicia disputa
Beijing.
Modificar la historia escrita (digital o en papel),
es una forma práctica de colonialismo y un fenómeno que se ha presentado en todos
los tiempos. Por décadas existió una historia que solo hablaba de supremacía de Estados
Unidos respecto de las demás culturas del orbe. Lo hizo Roma y cada metrópoli
colonial donde se impuso, regularmente por la fuerza.
Hoy no se requiere quemar, prohibir libros o
autores, controlar las editoriales para que no publiquen “ciertos" textos,
porque eso se logra mediante el famoso Shadow Baning, algoritmos que hacen
creer que una publicación en internet es pública cuando realmente está
restringida a una burbuja de contactos.
Con mover una tecla en Wall Street se modifica la
historia del mundo que circula en la internet en un tronar de dedos y es suficiente
porque las bibliotecas de libros prácticamente han desaparecido.
Esto plantea no solo la necesidad de estimular
la apertura de nuevas bibliotecas públicas, si no el desarrollo nacional de
algoritmos que permitan la estructuración de una intranet soberana y de un “cortafuegos”
que permita la defensa, ante asedios políticos e informativos provenientes de
naciones que pretenden desestabilizar los países en su beneficio.
El bloqueo económico y la manipulación de la
información (hoy desde la internet) es más efectivo que una
acción militar propiamente dicha, si se piensa tanto en el colonialismo financiero en declive, como el colonialismo clásico que intenta reimponerse.
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