Los teóricos clásicos de la geopolítica, como
Mackinder, Fairgrieve o Spykman, han establecido la región euroasiática como pivote esencial
de la actividad económica global, por ser la mayor masa terrestre del mundo, su
población e interconexión regional que se amplia constantemente, desde los
primeros caminos establecidos por las diversas comunidades europeas en la
prehistoria, consolidados por el control obtenido por el imperio romano, la irrupción
de los imperios regionales, a la postre la emergencia de las repúblicas.
No queda duda, que el imperio estadounidense ha
sido posible por el control que Washington ha fraguado en torno a Europa Occidental,
consolidado en medio de la Segunda Guerra Mundial, en medio de lo cual se
proyectó a nuevos niveles como factoría global, y que en décadas recientes ha
ampliado sus fronteras sobre los países de Europa Oriental, en dirección de la
Federación rusa.
Como consecuencia, la disputa geoeconómica entre
EEUU y China, tiene un frente esencial en torno a Europa, y tiene que ver con quien
protagoniza el desarrollo de megaproyectos de infraestructura que dinamicen el
flujo de mercancías, por lo que se entiende tanto la importancia y sensibilidad
de la ruta del norte, o ruta ártica, una ruta alternativa a la milenaria ruta
marítima que une a China, con los puertos europeos en torno al Mar del Norte, y
que surca el mediterráneo, el canal de Suez, el Océano Índico, el estrecho de Malaca
y el mar meridional de China, ruta controlada, en buena medida, por puestos y rutas
de la armada estadounidense.
La ruta ártica, posible por el cambio climático,
obvia tal itinerario, y se realiza por la ruta del pacífico, en dirección al estrecho
de Bering, luego haciendo seguimiento a la extensa silueta costera de Rusia, en
el Ártico, para concluir, de nuevo en los puertos del Mar del Norte europeos, y
en donde los controles de la ruta, son realizados por puestos de control de
Moscú. Un activo adicional de esta ruta, es que es un tercio más corta que la ruta
que surca el Índico.
Así entonces, es compresible el por qué, de la
alta sensibilidad geopolítica, de conexiones en torno a eurasia, que mejoren la
eficiencia del tránsito de materias primas, caso de los gasoductos Nord Stream
rusos, o de rutas marítimas, como la del Ártico, no controladas por los EEUU.
Esta semana, finalizó una etapa de pruebas para
la ruta polar, realizada durante la última década, y se abrió formalmente la ruta comercial China-Europa,
por el Ártico.
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