Quienes se han beneficiado por décadas del casino
en la Calle del Comercio (Wall Street) como Elon Musk (y los magnates anónimos
que este representa) o el mismo Trump reconocen que este ciclo ha culminado.
Este ciclo se ha sustentado en emisiones continuadas
de dólares, la hegemonía del billete verde configurada por la monetarización de
las economías del mundo país a país, que se desdobló en la planificación de
cada economía doméstica a escala global respecto de que puede producir o
comercializar, teniendo como objetivo el beneficio de Washington. El Swift o el
control del comercio entre países cerraba la operación.
La globalización, una denominación meta histórica,
tuvo su propio curso con la descrita como re-forma neoliberal, un proceso que se intensificó
conforme sobrevino el declive de la Unión Soviética y con ello la derogación de
la tendencia de ciclos revolucionarios políticos visibles desde el siglo
XVIII con la revolución francesa, y
donde el poder sobre las sociedades migraba del mundo teocéntrico a los
regentes del comercio y el financierismo con riquezas obtenidas de la era
esclavista y de ruda conquista, burgueses en el comienzo y a la postre que
proyectaba trasladarse a quienes son el motor de la creación de la riqueza, los
trabajadores por lo que se estimaba el ascenso de gobiernos así llamados
socialistas.
El socialismo no fue posible, entre otros,
porque al trabajo se le agregó como adjetivo informal, lo demás lo hizo una
campaña ideológica impositiva a las mentes de las sociedades, solo posible por
los poderes concomitantes a la hegemonía estadounidense, lo que incluye la
transacción con élites domésticas con lo que se consolidó un control total en el
mundo de la in-formación y la comu-nicación.
El ascenso de otras potencias que deriva en materializar
costos de emisión de moneda a Estados Unidos medidos en inflación, lo que se
ata a la decisión de renunciar progresivamente al uso del dólar en transacciones
internacionales por parte de China o del tándem de países ligados a la
tendencia BRICS+, la concentración del poder industrial y comercial en Oriente,
es la piedra angular que explica medidas extraordinarias en EEUU como
relativizar el hasta ahora determinante poder de las inversiones en bolsa con
la pretendida idea de volver el hálito industrial a la Unión Americana: hay que
provocar una crisis “modelada” de carácter bursátil que obligue a los empresarios
a considerar como primer opción en la obtención de riqueza la
factoría.
El problema es que son décadas en que las élites
estadounidenses se han embriagado con la riqueza derivada de la especulación y
representa en choque entre las mismas.
Demócratas que desean dar continuidad a las
emisiones, esperando contener la inflación con guerras de conquista como la
planteada contra Rusia o en su forma, con la propia China y para el caso el
bloque encabezado por Musk que consideran inviable la perspectiva contra Moscú
basados en la realidad del teatro militar (por momentos del mismo Beijing), que hay que apretar el cinturón a las
emisiones, promover la reindustrialización de la Unión Americana y tomar los
frutos bajos del árbol, considerando afianzar procesos coloniales contra
regiones débiles militar y políticamente hablando(lo que incluye la región Euro,
como novedad).
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