2025/03/30

Mientras la Unión Europea se queda en reclamos a Estados Unidos, que ahora colocará aranceles a sus productos en su ingreso a la Unión Americana, lo que se une a la desindustrialización  del Viejo Continente provocada de nuevo por Washington en su intento de doblegar a Rusia, que derivó en la guerra de Ucrania y que está sembrando en suelo gringo, lo que se intensificará con la progresión arancelaria de Wall Street, otras naciones han comprendido que el mercantilismo de la era del auge de la hegemonía estadounidense ha culminado y que hay que ponerse manos a la obra.

Lula no solo ha llamado la atención en una reciente declaración de que EEUU no es el sheriff del planeta (realizada precisamente desde Japón en visita de esta semana que termina) si no que ha entendido que el mundo basado en reglas del orden neoliberal, de hecho, de carácter colonial, son papel mojado.

Quien se quede de brazos cruzados y en reclamaciones a Estados Unidos porque patea un orden internacional, que aunque construyó desde la Segunda Guerra Mundial (poblacionalmente unas 4 generaciones), y ya le resulta inservible puesto que Wall Street  inclinó la balanza a vivir del trabajo del resto de naciones del orbe, es decir, de las emisiones de dólares, mientras cedió la factoría y el desarrollo tecnológico a Oriente, no ha entendido la oportunidad históricamente excepcional que tiene ante sus ojos. La caída de los imperios no se da precisamente de cuando en cuando.

En medio de la turbulencia por la elección de Trump, el presidente Lula impulsó y materializó el acuerdo Mercosur-Unión Europea, cruzado por una negociación “de 25 años de duración”, entre otros al que se oponía el mismo Estados Unidos, y es un doble hit porque Brasil adquiere un papel importante como un articulador más (con China) de los BRICS+, con el Viejo Continente. Por su parte, busca estimular los históricos lazos comerciales e intercambio de tecnología con Alemania y Francia, con lo que Brasilia busca motivar un gradiente industrializador de carácter nacional. Se reitera, acuerdos que han sido corrientemente vigilados y torpedeados por Washington. Del otro lado de ecuación, la Unión Europea se beneficia del acceso a productos agrícolas y materias primas escasos en su propio suelo. Los problemas demográficos europeos y de los precios de la energía bien pueden sobrellevarse con la palanca que en este sentido posee el gigante latinoamericano (la que puede volverse más grande si Brasil extiende el acuerdo de acceso al gas de Bolivia con otro que le permita beneficiarse de los recursos de Venezuela al alcance de un país también fronterizo y con el que le salga al paso a la prevalencia que este sentido tiene China o Rusia).

La semana culmina con la comunicación de Planalto originada en Tokio donde el premier carioca reconoce la importancia de la decisión tomada por unanimidad de procesar al expresidente Bolsonaro por parte de la primera sala de Tribunal Supremo Federal respecto del intento de golpe de estado, toda vez que reconoce que la relación Brasil-Japón adquiere una nueva dimensión. El presidente brasileño culmina la visita de Estado con la firma de diez acuerdos destinados a fortalecer las relaciones económicas y comerciales, así como 80 instrumentos de cooperación.

Brasilia duplica la estrategia comercial que dispone para la Unión Europea. Japón es dependiente de la importación de alimentos y materias primas, algo en dificultades con la escena comercial que plantea Estados Unidos. La alternativa de Tokio en sus inmediaciones es Rusia, pero las relaciones con Moscú no pasan por buen momento debido a que Japón ha quedado atrapado en la estrategia europea respecto de la guerra en Ucrania.


+No hay duda que la reconfiguración de las relaciones comerciales colombianas son definitivas si se piensa en un proyecto político a largo plazo de carácter democrático que de extensión al actual.

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