2024/10/06

El malestar de la economía capitalista con episodios continuados de crisis, con su capítulo moderno en el precipicio de Wall Street en el primer tercio del siglo XX, fue lo que condujo a Keynes a la búsqueda de como salir al paso a la inflación, lo que el teórico inglés escenificó como la crisis a la que sobreviene la guerra interior y exterior.

De hecho, bloquear un país que posee una economía dependiente de importaciones de bienes y servicios (algo a lo que no escapa alguno, y una tendencia que fomentan por siglos las metrópolis) con lleva a que las compras exteriores se vuelvan más costosas, se ingrese al torbellino de las emisiones de moneda y en consecuencia de la inflación. La misma que hace que los precios de los productos se disparen, en la práctica la moneda nacional pierda su valor nominal y tenga mejor función como combustible de calderas u hogueras de andén para calentarse, que para mediar un intercambio comercial entre personas. Este mismo fenómeno es el que lleva a que las familias o personas no tengan con que comprar alimentos o servicios básicos, lo que deriva en la explosión social y el derrocamiento de los gobiernos, en el fondo, el objetivo de esta estrategia.

Es el mejor látigo para la dominación al que nadie quiere enfrentarse. Pocos gobiernos, no importando su signo político, quieren enfrentar. Solo ver lo que recientemente ha sucedido con Venezuela. En el 2012, la inflación del país era del 25% y en 2015 del 275%. En junio de 2024 este valor se colocó en 1%, y se explica esencialmente porque el bloqueo comercial que impone Occidente al país se ha relativizado con la realidad de la incursión de la multipolaridad, es decir, que cada vez son más países los que comercian con Venezuela pese a las amenazas de retaliaciones por parte de Washington, y que resulta anodino, por diversas razones, en el caso de Rusia, China o Irán, lo que se extiende finalmente a los BRICS (+). Entre otros, el comercio entre Colombia y Venezuela en lo corrido del año en curso se ha incrementado en un 56%.

Por supuesto, tiene que ver con la perforación del Swift y el comercio en monedas locales o alrededor del yuan.

Volviendo al comienzo y a la dificultad que la inflación supone al desarrollo del capitalismo, Keynes terminó por reconocer que fue la segunda guerra la que permitió a Estados Unidos salir de una enfermedad que parecía no tener antídoto y que adquirió un nivel bíblico desde la crisis de 1929(con hogueras de dólares quemados en público). Las maniobras creativas que se pusieron en marcha en el New Deal, una sovietización desesperada debido a la inflamación de los precios, e implementada por Roosevelt, que se extendió a la construcción de obras civiles por todo el país, apenas mitigaron un ciclo que se reavivó tan pronto cuando los excedentes de moneda pagados a los trabajadores y empresarios volvieron al torrente económico.

Algunos análisis apuntan a que la construcción de armas, que al final se destruían en la guerra y la destrucción y luego, la reconstrucción de Europa a la postre de la segunda guerra fueron la clave que hizo pensar a Keynes que era factible una economía capitalista asociada a la recreación de la producción luego de terminada la gran conflagración mundial, ya no soportada en armas si no en la generación de mercaderías y el consumo de las mismas por las familias ad infinitum.

Pero no tanto. La segunda guerra escenificó una expansión geoeconómica sin igual a los Estados Unidos sobre Europa Occidental y esto va mucho más allá del simple mercantilismo. La dolarización relativa de esta región progresivamente se expandió y sintetizó la denominada globalización.

En cualquier caso, hay que buscar salidas a los Estados Unidos debido a que se enfrentan al temor de que las montañas de dólares emitidos por décadas desaparezcan de golpe un imperio, tal como sucedió, aunque por razones más políticas a la URSS, de un plumazo.

Por su puesto, la salida no es la guerra debido a que la misma terminará por librarse en el terreno nuclear en donde no existirá victoria de nadie, aunque la tentación de salto nihilista capitalista existe. Ese de si no es para nosotros no es para ninguno.

Se requiere pues de una discusión sensata, lo que incluye el lugar geopolítico de Washington en la economía mundial en el concierto de naciones y ya no en la escena de la supremacía. Tampoco se trata simplemente que otras potencias emergentes reediten la era neocolonial y de hegemonía.

Así las cosas el capitalismo, debe migrar a un modelo en el que la ecuación de la producción incluya los costos ambientales, lo que incluye lo relacionado con el cambio climático, y en general los procesos entrópicos de la transformación que derivan en agotamiento de recursos esenciales como el agua dulce, la desertificación de tierras, la contaminación del aire o la producción de desechos derivados, y en si mismo, el bienestar de las sociedades un fundamento del quehacer económico en la historia de la humanidad.

Los seres humanos son “animales sintientes”, que tienen derecho a la felicidad.

                        xtienda la reflexión con un contenido de nuestro archivo