Lo que más vende no necesariamente es lo que
más sirve a una sociedad. De hecho, lo que más se vende es lo que produce más ganancias,
algo que de lejos está distante de la motivación por considerar si ello
beneficia o no a una sociedad y es lo que sintetiza la palabra capitalismo.
Por décadas el consumo de cigarrillos era sinónimo de estatus social y en economías con alta inflación era el sustituto de la moneda para los intercambios. Los estudios sobre los efectos de su consumo en estudios de universidades y expertos se encargaban de nublar lo que sucedía con los 7000 productos químicos que tiene el tabaco y que el 70% eran cancerígenos.
Las bocanadas de humo que salen por los exostos de los carros dicen otro tanto, y que el diesel gate o la adopción de pruebas de laboratorio se encargaron de ocultar no solo para el caso de los verdaderos volúmenes de contaminantes emitidos por los motores de combustión (gasolina, gas o diesel) si no, en consecuencia, de los efectos de estos en la biología humana al ser absorbidos en zona proxi de las emisiones, así como por la constante exposición a la burbuja de contaminantes de las ciudades (365 días al año, día y noche). Esto sin hablar del cambio climático.
Pero bueno, declararían loco (como le sucede al presidente Petro) a alguien que sostenga que hay que prohibir o restringir el consumo de combustibles por motivos de salud o del cambio climático, esto porque no es despreciable la presión que llevan a cabo las compañías en el pináculo de Wall Street o de la bolsa de valores de Colombia, y que recuerda lo sucedido con el tabaco en su momento.
Los productos con altos niveles de azúcar son otro capítulo de esta historia. No son pocos los estantes de las grandes superficies (que conforman realmente galerías enteras) en los que dichos productos adquieren todo tipo de presentaciones y todavía se pregunta porque la gente termina consumiendo este tipo de mercaderías y con la larga lista de enfermedades subsecuentes que afecta la economía y calidad de vida de las familias, de la cuna a la tumba, se diría.
Ahora bien, el avance de las ventas pasa por el efecto en la mente de las personas. El esnob y estatus del consumo de tabaco adquiere su propia forma con el consumo de bytes en internet, una forma más de estimular las ventas de todo tipo de productos y del bucle de las tendencias en las redes sociales que por cada pantallazo fomentan.
Claro, el tiro por la culata que tuvieron las redes sociales estadounidenses como forma de absorber el dominio de la comunicación a los medios tradicionales país a país, y que derivó en fenómenos como el estallido social en Colombia, es algo que visiblemente “se está corrigiendo”. Las publicaciones “de cierto tono” que provocaban más reacciones y dinámica de las interacciones y que están al margen de temas de humorísticos, superación personal, estilos de vida, bricolaje o “línea política”, están siendo calificadas por los gestores de red de las multinacionales y frecuentemente eliminadas, una delgada línea que enfrenta las punto com a renovar fórmulas para mantener el hecho de hacer creer a los jugadores que mantienen el control del juego, como en los casinos. La otra forma es “salir del clóset” como lo hace Elon Musk.
No hay que olvidar que el negocio de las redes sociales está en mantener el mayor tiempo posible y a la mayor cantidad de personas online, con pantallazos dictaminados por el algoritmo, lo que para una sociedad abrumada es una ventana excepcional para el comercio de productos y la modelación de los comportamientos.
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