La historia de la humanidad está rica de
eventos excepcionales, pero existen algunos que estructuran la vida moderna
actual, como la revolución del neolítico, el desarrollo de la agricultura, el
sedentarismo y la aparición de las civilizaciones antiguas, de las primeras
urbes.
Un salto, luego de ello, difícil de eludir, lo representa la Revolución Industrial, que sobreviene a la segunda mitad del siglo XVIII, que consolida el desarrollo de las ciudades y donde la tracción animal es superada por la acción de la máquina de vapor, cuando inicia la carrera en el uso de diversos combustibles.
Las capacidades de la explotación de la naturaleza, colocaban por primera vez como los confines, el planeta tierra, la primera globalización, se diría.
Esta visión continental del mundo, como hoy le conocemos, fue soporte de una de las teorías de mayor relevancia para considerar el control económico y político del globo.
Halford John Mackinder, ya a comienzo del
siglo XX, estableció como centralidad constitutiva del poder global, la región euroasiática,
de mayor interconexión histórica, con derivas en comunicaciones complementarias,
fluviales, marítimas, férreas y, en consecuencia, de mayor dinamismo económico.
Una proyección al sol de hoy, sería la Europa que va del Océano Atlántico al Pacífico, y del mar del Norte y Ártico, al Índico y mar de China, el Heartland contemporáneo. Como puede verse, el continente americano, no se describe en esta ecuación, y parecería que lo facto del imperio estadounidense, controvierte la hipótesis del geógrafo británico Mackinder… pero, no tan de prisa.
Como se sabe, una cosa son las potencialidades económicas y geográficas de una región y otra, la realidad de la guerra en dicha zona, que, como efecto, se lleva por delante cualquier hipótesis que se plantee en un escenario de paz. Esto para recordar, que las dos mayores guerras que han alumbrado el mundo, se han presentado precisamente en Eurasia, considerando la participación de la gigantesca Rusia.
Hasta ahora, la ventaja la ha tenido la isla continente de América y en particular, los Estados Unidos, que la geografía, los Océanos Atlántico y Pacífico, y la distancia del Heartland, le han protegido de vivir en su territorio, del paso de los diversos ejércitos imperiales que surcan por la historia del Viejo Continente.
Este mismo fenómeno, es lo que ha convertido a América del Norte en retaguardia de las grandes guerras europeas modernas, que ha fomentado su industrialización, la conservación demográfica, y beneficiarse del comercio de bienes y servicios, del avituallamiento de las tropas, así como de la reconstrucción, un subproducto de las conflagraciones allende el Atlántico, particularmente.
Ahora bien, los Estados Unidos, han amasado correctamente su hegemonía con base en evitar un comercio suficientemente fluido, entre las Europas Occidental, Oriental y con Rusia, que desplace el centro de gravedad de su receta imperial, con progresos a lo largo de los más recientes 77 años.
Sin embargo, la perspectiva geopolítica de Estados Unidos, congelada en este basamento exitoso, hay que decirlo, a su vez, pasó por alto lo más visible en la actualidad, y es que el nuevo Heartland global, se corrió al Oriente y lo constituye, entre otros, China y Rusia, con un Rimland que lleva a los contornos del Medio Oriente y ya, en un segundo término, Europa Occidental, que estando en un proceso de consolidación, está facturando el declive del mayor constructo imperial del mundo, hasta ahora conocido.
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