2024/01/18

 

Una de las grandes dificultades que atraviesan los imperios, se presenta precisamente cuando con el paso del tiempo, se entregan a la tentación de vivir de las expansiones geoeconómicas por la vía de la fuerza, los golpes de mano y las conspiraciones, haciendo perder el brillo del coloniaje que se ligaba a algún nivel de desarrollo técnico o tecnológico a las regiones conquistadas y donde la expectativa imperial queda exclusivamente justificada con el dominio y como regla básica, evitar cualquier posibilidad de desarrollo político u económico, en cualquier región que difiera de su metrópoli.
Sucedió a Roma y ahora se repite cerca de 2000 años más tarde a otro imperio, los Estados Unidos.

Pero esta misma realidad, es la que precisamente permite a potencias adversantes tener una pista de aterrizaje totalmente abierta y un espacio geoeconómico a sus anchas.

La hegemonía imperial solo ofrece dominio, mientras las potencias emergentes en su etapa de maduración, crecen geoeconómicamente haciendo inversiones en todos los niveles e impulsan el desarrollo de otras centralidades políticas, que acompañen el proceso de socavamiento del ya débil Ancien Régime, algo en la historia, que es percibido como una forma de liberación y como perspectiva del desarrollo de capacidades contenidas por la acción imperial en todos los ámbitos, y quienes se oponen a ello en el nivel doméstico enfrentan la realidad de vérselas con un deslave y explica la crisis de los partidos frentenacionalistas en nuestra era.

Pero un imperio a la defensiva, crispa tendencias más complejas si se piensa en la periferia.

Estados Unidos paulatinamente se hunde en el aislacionismo, cerrarse sobre si mismo, como fórmula de reconstrucción económica y política, con mayor o menor celeridad, si se piensa en Trump o Biden, lo que va de los muros fronterizos, del primero, o la expulsión de migrantes del segundo. -un fenómeno que se extiende a Europa Occidental, por supuesto-.

El signo es la representación del culpable de la debacle, que como suele suceder apunta “al extranjero”, una ideología que muestra al emigrante como quien compite por el trabajo con el blanco ario contemporáneo, o los migrantes ya instalados en el territorio, los responsables de la inseguridad, de la contaminación cultural…   por lo que, xenofobia y racismo, sustituye el eslogan del país que se ha hecho grande gracias a los migrantes, el país de las oportunidades, del sueño americano. Claro que sí, todo ello ha sido coctel de las grandes guerras, no puede olvidarse.

Ahora, sin duda, el coloniaje continuará, pero, como se ve, será más violento y explotador, y va desde la exigencia de una mayor tasa de ganancia en relación con las controladas economías en la periferia, las materias primas, hasta lo que involucra el desarrollo tecnológico, por ejemplo, con la Inteligencia Artificial.

Empero, la alternativa para los países que tienen la oportunidad de tomar las riendas de su futuro, está precisamente en lo contrario. Abrirse culturalmente y permitir a través de los intercambios el desarrollo económico y político, en especial, el que se desarrolla regionalmente, puesto que la economía global en crisis, aunque, no desaparecerá, se mezclará con una economía de bloques, que requiere de contrapesos políticos y de la práctica económica, que otorga potencialidades al comercio proxi, de menores costos y riesgos logísticos, por lo que resulta esencial considerar la reactivación, ya en el orden de la economía, de un bloque comercial latinoamericano, como del fomento de la totalidad de intercambios y alianzas fronterizas posibles.

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