2024/01/21

 

Para Nahal Toosí, corresponsal principal de asuntos exteriores del matutino Político, de Estados Unidos, la discusión que se quedó en el fondo de la garganta en Davos, eludida por los mismos temores que suscita, fue el futuro de la globalización. Puede decirse, el fin de la misma y cuales serán los efectos de la transición a una economía mundial de bloques.

No es algo de poca monta. 

 Si el debate que predominó en la historia política moderna, hasta la caída de la URSS, se trababa en torno a la lucha de clases, hoy lo es la geoeconomía y el como esta, está conduciendo a la crisis misma del capitalismo estadounidense o de otra forma Occidental.

Es decir, la crisis del capitalismo hoy tiene epicentro no en la clase obrera y excluida movilizada, como en la relación entre la emisión monetaria, la necesaria expansión continuada de mercados o geoeconómica, sus límites, ya en el periodo de la globalización, y la crisis en medio de la contracción del mundo dolarizado, debido a la emergencia de nuevas potencias, con el uso de nuevas monedas para el intercambio comercial, en especial el renminbi chino.

El temor de los ricos, que en silencio mezclaron sus directivos de empresas en los largos foros de Davos, es que sucederá tras la caída del mito del  dólar, su uso exclusivo de soporte en las transacciones internacionales, la perforación del swift y la inestabilidad que ello representará en el mercado de valores Occidental, debido a las restricciones que esto impone en la emisión de dólares por parte de Estados Unidos, que de hecho, mantiene a flote a Wall Street, un fenómeno que impacta de igual manera el Euro, también atado existencialmente al comportamiento de la moneda estadounidense.

China, que reconoce el corresponsal de Político, tuvo una presencia inusitada de representantes en Davos, aprovechó para dar a conocer su cifra de crecimiento del PIB en 2023, 5,2%, que puede convertirse en el mejor guarismo, si se piensa en un comparativo con las principales economías occidentales, por no hablar de la China que ha hecho el quite a la inflación persistente, que se explica por lo mencionado más arriba, tanto en Estados Unidos como en Europa Occidental.

Pero el declive la hegemonía engendra otros temores para los dueños de las grandes fortunas en el mundo.

Siguiendo con Nahal Toosí, el corresponsal reconoce que este año se libraran las elecciones “más importantes de la historia”, lo que habla del terror que aviva la potencial llegada de Trump de nuevo a la Casa Blanca.

Y no es para menos.

Trump representa la llegada del Wall Street del aislacionismo, de la realidad de la comprensión del fin de la hegemonía estadounidense, del fin del capital que fluye libremente por el mundo buscando maximizar ganancias, y que ahora debe mezclarse con necesidades nacionales, destinadas a la recuperación del lugar de Estados Unidos, la mitigación del rezago tecnológico y el restablecimiento del equilibrio de sus finanzas, ya en la vuelta a la tuerca de la teoría del valor, que se impone a la artificial economía de las emisiones de dólares.

Los europeos, también tremulan.  La búsqueda de un nuevo equilibrio, si se piensa en la economía de EEUU, en el actual contexto, tiene ecos en el fin de la financiación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, un hueco fiscal, que se comprende, si se reconoce que Estados Unidos, por si solo, tiene gastos en “defensa” del 40% de los gastos totales que realizan la totalidad de países que existen en el mundo.

Así las cosas, la economía de bloques y la perspectiva mencionada de Estados Unidos, obligará a los países de Europa Occidental a crear y financiar fuerzas armadas, para su defensa, o eventualmente un sistema de seguridad europeo, lo que no obsta que mantenga alianzas allende el Atlántico, pero que configurará un momento político y económico diferente al actual, para el Viejo Continente, y que puede derivar en un aislacionismo, en aspectos económicos, sociales y políticos, con objetivos no muy diferentes al adoptado por Estados Unidos. Solo pensar, en el auge, ya actual, de lo que puede denominarse el trumpismo en Europa, o de otra forma de la extrema derecha.

En esto, Washington debe hilar fino, porque el debilitamiento de la fuerza centrípeta en torno a EEUU, puede dar pie a la consolidación de relaciones comerciales, políticas y económicas de Europa, con el bloque emergente Euroasiático, o los BRICS, lo que hará más difícil el precipicio que observan quienes están en el ranking de la revista Fortune, hechos a la sombra del mundo hegemónico, ya en declive.

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