Para
Nahal Toosí, corresponsal principal de asuntos exteriores del matutino
Político, de Estados Unidos, la discusión que se quedó en el fondo de la
garganta en Davos, eludida por los mismos temores que suscita, fue el futuro de
la globalización. Puede decirse, el fin de la misma y cuales serán los efectos
de la transición a una economía mundial de bloques.
No es algo de poca monta.
Si el debate que predominó en la historia política
moderna, hasta la caída de la URSS, se trababa en torno a la lucha de clases,
hoy lo es la geoeconomía y el como esta, está conduciendo a la crisis misma del
capitalismo estadounidense o de otra forma Occidental.
Es
decir, la crisis del capitalismo hoy tiene epicentro no en la clase obrera y excluida
movilizada, como en la relación entre la emisión monetaria, la necesaria expansión
continuada de mercados o geoeconómica, sus límites, ya en el periodo de la
globalización, y la crisis en medio de la contracción del mundo dolarizado,
debido a la emergencia de nuevas potencias, con el uso de nuevas monedas para el
intercambio comercial, en especial el renminbi chino.
El
temor de los ricos, que en silencio mezclaron sus directivos de empresas en los
largos foros de Davos, es que sucederá tras la caída del mito del dólar, su uso exclusivo de soporte en las
transacciones internacionales, la perforación del swift y la inestabilidad que
ello representará en el mercado de valores Occidental, debido a las restricciones que esto impone en la emisión de dólares por parte de Estados Unidos, que de hecho,
mantiene a flote a Wall Street, un fenómeno que impacta de igual manera el Euro,
también atado existencialmente al comportamiento de la moneda estadounidense.
China,
que reconoce el corresponsal de Político, tuvo una presencia inusitada de
representantes en Davos, aprovechó para dar a conocer su cifra de crecimiento del
PIB en 2023, 5,2%, que puede convertirse en el mejor guarismo, si se piensa en un
comparativo con las principales economías occidentales, por no hablar de la China que ha
hecho el quite a la inflación persistente, que se explica por lo mencionado más
arriba, tanto en Estados Unidos como en Europa Occidental.
Pero
el declive la hegemonía engendra otros temores para los dueños de las grandes
fortunas en el mundo.
Siguiendo
con Nahal Toosí, el corresponsal reconoce que este año se libraran las
elecciones “más importantes de la historia”, lo que habla del terror que aviva la potencial llegada de Trump de nuevo a la Casa Blanca.
Y
no es para menos.
Trump
representa la llegada del Wall Street del aislacionismo, de la realidad de la
comprensión del fin de la hegemonía estadounidense, del fin del capital que
fluye libremente por el mundo buscando maximizar ganancias, y que ahora debe
mezclarse con necesidades nacionales, destinadas a la recuperación del lugar de
Estados Unidos, la mitigación del rezago tecnológico y el restablecimiento del equilibrio de sus finanzas, ya en la
vuelta a la tuerca de la teoría del valor, que se impone a la artificial
economía de las emisiones de dólares.
Los
europeos, también tremulan. La búsqueda
de un nuevo equilibrio, si se piensa en la economía de EEUU, en el actual contexto,
tiene ecos en el fin de la financiación de la Organización del Tratado del Atlántico
Norte, un hueco fiscal, que se comprende, si se reconoce que Estados Unidos,
por si solo, tiene gastos en “defensa” del 40% de los gastos totales que
realizan la totalidad de países que existen en el mundo.
Así
las cosas, la economía de bloques y la perspectiva mencionada de Estados
Unidos, obligará a los países de Europa Occidental a crear y financiar fuerzas
armadas, para su defensa, o eventualmente un sistema de seguridad europeo, lo
que no obsta que mantenga alianzas allende el Atlántico, pero que configurará
un momento político y económico diferente al actual, para el Viejo Continente, y
que puede derivar en un aislacionismo, en aspectos económicos, sociales y
políticos, con objetivos no muy diferentes al adoptado por Estados Unidos. Solo
pensar, en el auge, ya actual, de lo que puede denominarse el trumpismo en
Europa, o de otra forma de la extrema derecha.
En
esto, Washington debe hilar fino, porque el debilitamiento de la fuerza centrípeta
en torno a EEUU, puede dar pie a la consolidación de relaciones comerciales,
políticas y económicas de Europa, con el bloque emergente Euroasiático, o los
BRICS, lo que hará más difícil el precipicio que observan quienes están en el
ranking de la revista Fortune, hechos a la sombra del mundo hegemónico, ya en
declive.
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