La crisis de los frentenacionalismos de posguerra mundial, de la segunda guerra, no deja de dar sorpresas.
En Colombia la
crisis de representación del partido liberal, conservador y sus otras
facciones, con las que intentaron ganar una bocanada de aire adicional,
permitió el ascenso a la Casa de Nariño de Gustavo Petro.
El
marchitamiento del frentenacionalismo tiene que ver, claro, con la pérdida de
credibilidad social debido a la maniquea y constante manipulación electoral,
que por décadas ha sido una característica, y donde se comprometían a mejoras
sociales mientras imponían un neoliberalismo, que hacia todo lo contrario.
Pero, este
fenómeno sistémico, toma otras variantes si se piensa en lo recién sucedido en
Argentina donde, la crisis de la derecha y del mismo peronismo, permitió el
ascenso del “libertario” Javier Milei.
Trump, que fragmenta
el propio partido republicano en EEUU, es otro formato: romper por dentro uno
de los partidos del frentenacionalismo para relanzar una agenda que se venda a
las masas como renovadora y estandarte de las soluciones que en el pasado los
demás partidos, no lograron resolver, ni siquiera mitigar.
En Colombia tuvo su propio capítulo con el mismo Álvaro Uribe. Claro, los outsiders, recrean nuevos enemigos como la migración o la amenaza China en EEUU y en el país cafetero, en su momento la guer.rrilla, con la constante de seguir imponiendo medidas económicas benéficas para los ricos, mientras se profundiza el desmantelamiento del Estado.
La pérdida de
brillo de los partidos que se relevaban en el poder desde la posguerra, explica
el ascenso de movimientos de derecha, antiinmigración y xenófobos, pero que
bajo la manta tienen el turboneoliberalismo como referente, primero con su
progresiva extensión en los parlamentos pero que, con la crisis económica y la
guerra, para el caso de Europa, tienen todo potencial en el corto plazo de
llegar al control mismo de la jefatura del Estado.
Por lo pronto
este fenómeno tiene en calzas prietas la constitución de gobiernos o
gobernabilidad bajo régimen parlamentario en Europa. Visible en Francia con el ascenso electoral
del Frente Nacional de Marine Lepen, AFD en Alemania o Vox en España. Bueno,
ni que decir, con el ya ascenso al gobierno de los Hermanos de Italia con
Georgia Meloni, o lo que fuera el gobierno de Brasil, con Bolsonaro.
Ahora, la crisis
del frentenacionalismo de posguerra no finaliza allí, porque siendo su
verdadero referente el neoliberalismo, la cuestión de la guerra interior o
exterior es una tentación que gravita como formula para desviar la atención y mitigar
la presión ciudadana en las calles, una situación que se vuelve más compleja en
un mundo donde las potencias están jugadas en sus cartas, en una era atómica, y
en medio de la constitución de un escenario multipolar.
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