El año 2019, el del inicio de la pandemia y el
año 2022, el de la guerra en Europa, coronan un periodo en el que se catalizan
fenómenos alargados en el tiempo, como la fragmentación geopolítica y el cenit
de los recursos, incluyendo la oferta natural de agua dulce.
La pandemia, recordó que no es el ser humano el que determina el quehacer del planeta, derribándose de facto el mito del superhombre moderno y, la guerra en Europa, que dinamiza las piezas del ajedrez del mundo multipolar, donde la expectativa de una transición pacífica queda en el pasado, mientras las chispas en los pliegues geopolíticos se vuelven característica, y raudamente se da vuelta a la hoja del periodo conocido como de hegemonía estadounidense.
En este sentido hay que decir, que el objetivo de Washington de abatir, mediante una guerra híbrida a Rusia, cada vez se hace más distante, una situación que se repite en el caso de China, y ni que decir, respecto de potencias regionales como Irán.
De hecho, hoy parece poco importante que los países escandinavos, se hayan integrado a la Organización del Tratado del Atlántico Norte-OTAN, mientras la economía de Europa se ve lastrada por la realidad geoeconómica derivada de la inflación, altos costos de las materias primas y la energía, lo que está llevando a un proceso de desindustrialización y fuga de cerebros en el viejo continente, en favor de Estados Unidos.
Del otro lado de la moneda están los BRICS Plus, que se consolidan con su progresiva expansión, con la reciente integración de Arabia Saudita o Irán, por ejemplo, lo que representa un acuerdo de potencias económicas regionales, globales como China, y sus equivalentes en el orden de las materias primas esenciales como la energía, con ecos en el acuerdo Moscú, Riad y Teherán, todo atravesado por el fomento del comercio en yuanes.
Estados Unidos, por su parte, enfrenta casi en solitario, si le compara con las alianzas del pasado hegemónico, la guerra de Ucrania y la que acompaña con Israel contra la nación palestina, ya extendida en confrontación con el Yemen de Ansarolá, y que amenaza con extenderse al Líbano de Hezbolá, Siria o el mismo Irán.
Lo paradójico es ver un Estados Unidos exhibiendo el músculo de sus portaviones contra guerrillas palestinas en la Franja de Gaza, a decir, Hamas, o en el caso de su equivalente, Ansarolá yemení. En particular, el sello de otros tiempos lo otorga la realidad de guerrillas como Ansarolá o Hezbolá con capacidades misilisticas, desarrollo avanzado de drones, y con victorias militares en la guerra tanto contra Israel, caso de Hezbolá en 2006, como la confrontación de Ansarolá que sobreviene al año 2014 contra una coalición encabezada por Estados Unidos y Arabia Saudita. -Recordar, que los reveses de occidente en esta confrontación y la intensificación económica de China en la región, facilitó un acuerdo de paz en vigor, entre Arabia Saudita y Ansarolá-.
El contexto geoeconómico de occidente también se complica, debido a una inflación que no da muestras importantes de ceder, y que, por el contrario, al contraerse el espectro de los mercados que giran en torno a EEUU, con el reverdecer de China, solo augura que se mantendrá en el tiempo.
Los saltos de la confrontación proxi entre potencias, surcan, ahora mismo, el rio Dnieper en Europa, la región del Alto Karabaj 3n la Transcaucasia; el Sahel en África, la Franja de Gaza en Oriente Medio, ampliada al estrecho de Bab al-Mandab, con impacto directo en la operación del Canal del Suez, algo que estimula el corredor del Norte, o del Ártico, bajo control esencialmente ruso, para comunicar la factoría global China, con los puertos más importantes de Europa. -Tampoco olvidar el Esequibo a estribor-.
El canal del Suez, es un pivote de la economía mundial dado que esta ruta conecta de manera expedita la centralidad petrolera de los países del Golfo Pérsico, con Europa y la costa Atlántica estadounidense, y por donde circula el 20% del consumo mundial y diario de crudo.
Su estrangulación en Bab al-Mandab, debido a la exigencia de Ansarolá de detener la guerra contra la nación palestina, obliga a portacontenedores y buques cisterna que van del Golfo Pérsico a Europa Occidental, a surcar el continente africano, por la vía del Cabo de Buena Esperanza, y 9000 kilómetros más de navegación entre destinos o, de otra forma, incrementar el trayecto de 10 a 13 semanas.
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