Lo que dejan
los años 2022, el de la guerra en Europa, y 2023, de la guerra en Medio Oriente, en términos de la Economía Global, es que el sistema mundo capitalista, como hegemonía de EEUU, ha finalizado, y tiene continuidad el proceso de fragmentación económica internacional, con un
occidente debilitado y un bloque BRICS, que persiste y se desarrolla conforme
al comportamiento de la punta de lanza China, que viaja con viento a favor
mientras toma provecho de las limitadas posibilidades de las grandes compañías estadounidenses
de romper con su centro de producción en Beijing, debido a la realidad que
impone la tasa de ganancia, es decir, en
China se produce a menores costos que en otros lugares del mundo; a que son más
de dos décadas en las que se ha estructurado una cadena logística global en
torno a China, difícilmente modificable en el corto plazo, y a la necesidad de
las empresas estadounidenses de mantenerse en el mercado del Imperio del Centro,
que por lo dicho, representa una economía activa comercialmente, con soporte en
la rama de la producción industrial y tecnológica, que ofrece ganancias a quien
opere en la misma y donde se mitiga la sed de mercados de la que depende el
desarrollo capitalista, o, de otra forma, donde se reduce el impacto de la
crisis de sobreproducción.
Lo dicho se explicita en factores como la rotura que ha sufrido el sistema internacional de pagos swift, una centralidad mundial desde donde EEUU observaba cada movimiento que se presentaba en la economía global y a través de la cual la “controlaba”, emitía a su antojo dólares y organizaba los procesos de destrucción de capital bajo los cuales, Wall Street seria el último en el vagón de los impactos.
Puede decirse, que el swift representaba al verdadero acuerdo mundial de naciones, donde la totalidad de los países de facto y de manera indirecta dolarizaba su economía, concediendo el poder supremo, en este sentido, a Washington. Era el verdadero almendrón de la hegemonía, y aunque el comercio mundial sigue teniendo como referente el dólar, lo cierto es que en los dos más recientes años ha sufrido una perforación en su estructura, mientras se establece un sistema paralelo, en donde se incrementa el comercio en monedas locales, en particular la referencia del renmimbi chino, conocido que el swift y finalmente las instituciones de Bretton Woods, están hechas a la medida del beneficio estadounidense, lo que tiene que ver con ahogar la emergencia de otras potencias económicas.
Una de las expectativas de EEUU en su proceso deslocalización industrial, bien visible en la década de los Ochentas, donde sus factorías se desplazaron a Asia y, en particular a China, a fin de salir al paso de la crisis de sobreproducción capitalista e integrar nuevos espacios geoeconómicos, fue intentar evitar a toda costa que Beijing lograra asimilar las capacidades educativas y finalmente tecnológicas que traería tal desplazamiento industrial, es decir, desarrollar su propio ecosistema económico al margen de las multinacionales que se trasladaron a producir en su territorio.
Ahora, tal razonamiento fue sorprendido por un sistema económico planificado que dio un salto sorprendente en una generación, algo que recuerda a la misma Unión Soviética de Stalin, y diferente a lo que sucedió con los tigres asiáticos, que sucumbieron a la crisis de la deuda y donde la corrupción evaporó las posibilidades de consolidar otras potencias apalancadas en el fenómeno de la deslocalización industrial estadounidense en la región.
Por su parte, la introducción de Arabia Saudita e Irán a los BRICS, implícitamente apertura un comercio triangular de yuanes con el mercado del petróleo a escala global, al margen de los costos de señoreaje en el uso del dólar”, pensar, claro está, también en Rusia. Ahora el renminbi se vuelve una moneda corriente: los países del Golfo Pérsico, en general, reciben yuanes y estos, a su vez, compran con dicha moneda en China, bienes y servicios, con precios competitivos y productos de alta tecnología.
Es decir, ha llegado el fin del petrodólar, y ahora es posible comercializar con más de la tercera parte de la población del mundo, localizada en países emergentes, los BRICS Plus, que poseen una importante perspectiva económica y de recursos, si se piensa, por ejemplo, en Europa Occidental, en medio de los efectos de una guerra proxi, con impactos serios en su economía y con pronóstico reservado en el futuro próximo. Bueno, ni que decir, del mismo EEUU, ahogado en una proyección inflacionaria, lo que coloca clavijas a la “expansión cuantitativa”, desindustrializado, con tensiones políticas y sociales de consideración y tecnológicamente rezagado.
¿Taiwán?... ¿Si, Taiwán?
