La cadena de victorias militares de la Alemania
del Tercer Reich, que inició con Polonia en septiembre de 1939, y prosiguió con
Dinamarca y Noruega en abril de 1940, Países Bajos, Bélgica y Francia en mayo
del mismo año(1940), fue contenido por primera vez en la Batalla de Stalingrado(1942)
y a la postre, en la Batalla de Kursk(1943), que entregó dos victorias
determinantes a Rusia, y que pese a la distancia donde se libraron las mismas,
si se piensa en la capital Berlín, auguraron el fin del proyecto Alemán, que se
perfilaba en acuerdos con élites occidentales en Portugal, la España de Franco y
la Francia de Vichy, una contrapartida de la derrota alemana en la Primera Guerra
Mundial, que se cerraba con la expulsión de los “comunistas” rusos mediante la Operación
Barba Roja.
La derrota militar de los alemanes en Rusia, porque los alemanes estuvieron a las puertas de Moscú, y en los países de Europa Oriental, ya al final de la guerra, culminó con un acuerdo con Estados Unidos e Inglaterra, donde se definió de facto una geopolítica de las áreas de influencia de las potencias que confrontaron el poderío alemán, en general, con el eje anglosajón predominando en Europa Occidental, mientras lo propio, para el caso de los rusos, sucedía con Europa Oriental.
Todo esto para introducir la discusión sobre lo que sucederá, hoy, año 2024, con la ya práctica derrota del eje Occidental en medio de la realidad de la superación del bloqueo comercial y financiero de Rusia, la consolidación de la alianza sinorusa y la probable victoria de Moscú en Ucrania.
Sin duda, es una fuerte destorcida, y la crisis de los gobiernos en toda Europa, nacidos del proceso de la posguerra mundial, es una expresión de ello. Claro, el resto del mundo está crepitando igualmente, por lo que no extraña el desafío a Occidente de Sudáfrica en la demanda contra crímenes de guerra del aliado clave estadounidense en Medio Oriente, Israel. Sobra nombrar a Colombia o Brasil, por pensar en el continente Latinoamericano.
De hecho, las tensiones en medio de la cristalización del mundo multipolar, acumuladas en más de dos décadas, con derivas en retaliaciones comerciales y políticas, ha trascendido desde 2022, a una guerra abierta en Ucrania y en el deshielo de los conflictos atornillados militar y económicamente en la era de la hegemonía estadounidense.
Es decir, que vamos lentamente pasando de la era de la política es la guerra por otros medios, a la guerra es la política por otros medios.
Tampoco hay que desestimar la gradualidad en la que evoluciona la batalla en el escenario económico, que salta de las medidas y contramedidas arancelarias o relativas al dumping, a la acción coercitiva en el Mar Rojo, donde el juego coloca presión en la garganta a todos los actores -como saber que, ahora mismo, la práctica totalidad de barcos mercantes tienen que circunvalar África en el tránsito de mercancías, que, hasta octubre pasado, cruzaban el canal de Suez-.
La pregunta es quien volará económicamente primero en esta situación, si Europa Occidental que depende de manera esencial de los suministros que cruzaban el Suez; si EEUU, que triangula el comercio a la misma Europa, amansando no desestimables ganancias con sus principales multinacionales, o la misma China, que en el fondo es la factoría de todos los suministros que se comercializan.
-Ahora, hay que ver que China, Irán, Egipto, Arabia Saudita o Qatar también afectadas económicamente por la decisión de Ansarolá de contener el tránsito en el Mar Rojo, en la discusión internacional no colocan en primer lugar dichas afectaciones, si no, que, en una búsqueda de las causas del litigio, claman por que se finalice la intervención militar en Gaza, por parte de la alianza EEUU e Israel, toda vez que se otorgue un Estado a la nación palestina y se definan las responsabilidades legales por la guerra, lo que para los yemeníes, sería suficiente para culminar sus acciones -.
Siguiendo con los efectos, lo cierto es que el evento en cuestión no hace más que atizar el fantasma de la inflación que recorre el mundo, explicado por fenómenos como producción contra pedido, con la práctica inexistencia de stocks, algo que se ve reforzado por la perspectiva de una economía global en desaceleración, un ciclo que sobrevino a la ruptura de la cadena industrial de suministros por el inicio de la pandemia del covid 19.
Aunque bueno. Una salida alternativa a este nudo gordiano del Suez, está situado en la ruta +ártica, es decir, una ruta alternativa para llevar los productos desde Beijing a los puertos europeos en el Mar del Norte, más corta que el paso por Egipto, ni que decir, si se piensa en el cabotaje de África, pero que debe enfocar su uso al margen de la estación invernal en el hemisferio norte.
El asunto es que ello implicaría entregar la principal ruta del comercio global a los BRICS PLUS.
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