El rocambolesco Javier Milei, y su aparente locura, contrasta con la realidad del apoyo empresarial que el primer mandatario posee, y que dan estructura a la idea de reforma del Estado argentino.
El país del Cono Sur, se debate
cíclicamente entre tendencias; la una que convierte a los empresarios en
gestores del Estado, el neoliberalismo, y la otra, que intenta mantener vigente la concepción clásica del mismo, que reconoce que los miembros de la sociedad ceden su soberanía individual, en la medida en que se ven representados en instituciones democráticas, que velan por su bienestar y que conforma un tratado de paz, entre sus socios.
La diferencia, es que mientas el neoliberalismo se basa en el desconocimiento de dicho Pacto Social,y traslada esta relación a diversas y evolucionadas formas de sometimiento, ideológico y político, soportado en el poder de los medios de comunicación corporativos, la informalidad laboral generalizada, en síntesis, el desconocimiento de los derechos ciudadanos, su antípoda, se inclina por el fomento del desarrollo de un Estado Democrático que parte de reconocer los derechos civiles, políticos y sociales de cada individuo de la comunidad que integra la nación, e implementa gubernativamente todo lo necesario, para que ello sea posible.
La primera que deja al Estado raquíticamente
reducido en activos e ingresos fiscales, para hacerlo dependiente de impuestos “indirectos”,
entre ellos el IVA, o más bien los que van directo a los ingresos de los
ciudadanos, mientras se eliminan los que corresponden a las grandes fortunas,
lanzando al déficit y al endeudamiento la nación. Mientas la segunda, ya en el caso de la Argentina, el peronismo, busca mediante reformas recuperar el
equilibrio mediante la justicia fiscal, sin que se alcancen a ver los
resultados, en medio de la deriva de la emisión monetaria, la inflación, o los deficitarios
resultados sociales.
Desde 1989, que va de Menem y Macri, y que transcurre a los
gobiernos peronistas.
En la coyuntura, Milei tramita una ley que busca a través del Congreso, que se le otorguen poderes excepcionales, donde el legislativo entrega sus facultades al ejecutivo por un plazo de uno a varios años, espacio en el que prevé reestructurar el Estado, en lo que se incluye, lo que va aparte de la ya derogación de cientos de decretos presidenciales, la modificación de una veintena de leyes, que dan vuelta a la tuerca a procesos de privatización de empresas con participación estatal, reestructuración y fusión ministerial, y reformas en diversos sectores, entre ellos, la derogación de leyes sobre contratación, donde desaparecerá la tutela del Estado, en general, reforma al sistema de pensiones y salud, entre muchos otros: un dulce para los oídos de Fedesarrollo.
La inflación que castiga, en particular a trabajadores y la sociedad en general, menos a los potentados, se ha convertido en la herramienta para la vuelta al poder del gobierno de los empresarios, por lo que el péndulo político que se origina en la pobreza y exclusión social tiene derivas tanto en la llegada de la derecha como de movimientos alternantes..¡oh paradoja!
-En Colombia, luego de un estallido social, que permitió alumbrar un escenario político que acentuó la crisis de credibilidad del establecimiento y la llegada a la Casa de Nariño al presidente Petro, mientras que el discurso contra la casta, hizo algo parecido que canalizó el actual presidente Milei-
Los medios de comunicación corporativos como las deficiencias en logros sociales tangibles, además de la baja politización de las sociedades, explican en buena parte el fenómeno de la llegada al poder del hoy inquilino de la Casa Rosada, pero que tiene repetición, a su manera, en el Ecuador de Noboa, más por la división de la centro izquierda, o el que fuera el Brasil de Bolsonaro, por lo que es un evento que puede repetirse en otras latitudes.
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