Las guerras son en todo caso, el papel celofán
sobre el que se escriben violaciones de derechos humanos sin parangón, y no existe
ninguna que escape a ello, porque en un estado de guerra se reavivan todo tipo
de tensiones sociales preexistentes, e intereses económicos y políticos que les
suscitan.
De otra parte, las guerras suelen ser la continuidad de conflictos que se congelan por periodos de tiempo. En el caso de la segunda guerra mundial, las rivalidades europeas históricas se reencontraron en una confrontación sin precedentes, y donde las élites, aunque poco se habla de ellas en los libros de historia, igualmente juegan un papel determinante.
Durante la segunda guerra en particular, el desarrollo industrial y tecnológico alemán hizo pensar a élites y políticos en la necesidad de “un espacio vital”, Lebensraum o expansión geoeconómica que permitiera dar alimento a la capacidad excedentaria y de producción de la economía alemana, así como de la necesidad de garantizar materias primas y recursos naturales involucrados para el desarrollo de la misma.
Empero, pese a que la guerra brilló favorablemente a los teutones en los primeros años de la confrontación extendiendo el Reich alemán a prácticamente toda la Europa occidental, con la notable excepción de Reino Unido, los problemas surgieron con el intento de extender el control de Berlín en el frente Oriental, es decir, hacia Rusia, donde luego del Blitzkrieg de la Operación Barbarroja, que en semanas entregó extensos territorios a Alemania, sobrevinieron los reveses en Stalingrado, a la postre Kusrk y un sin número de batallas que reportaban a Hitler como la Wehrmacht veía desaparecer ejércitos enteros, ya en medio de la estación invernal.
Aunque las tensiones culturales asistían a Alemania mucho antes de la guerra, como lo que sucede en tantos países, la confrontación incentivó las mismas progresivamente y se recrudecieron conforme comenzaron los reveses militares, lo que concluyó en el holocausto, que incluyó la ejecución sumaria de opositores al régimen alemán, al igual que a culturas diferentes a las definidas como la aria, o de pureza alemana.
En el holocausto, se reconoce la muerte y persecución sistemática de los judíos, de diversas nacionalidades, porque los judíos como muchas otras culturas del medio oriente y hasta de África, con el transcurso de los siglos se han mezclado, en particular con las diversas nacionalidades europeas.
Ahora bien. Tras la primera guerra mundial y la derrota del imperio otomano, las regiones actuales de Palestina, Israel y Jordania pasaron a ser parte de la expansión colonial británica en el oriente medio. Ya luego de finalizada la segunda guerra mundial, en medio de las ruinas y declive del imperio británico, la retirada de Londres de la zona, se hizo tras el factico reconocimiento de un país para los judíos, algo no consensuado con las regiones árabes predominantes en esta zona del Mediterráneo, y desde cuando toman su curso moderno las guerras entre árabes y judíos, que alcanzan la actualidad.
Como en el largo pasado de esta historia, tras los ataques provenientes de la Franja de Gaza, Reino Unido hace expreso su apoyo a Israel, en comunión con Estados Unidos, este último quien fue determinante en el éxito que los judíos obtuvieron en la guerra de Yom Kipur en 1973, la guerra árabe israelí más connotada entre estos actores durante en el siglo XX. Un apoyo que se ha extendido en el tiempo pese a la continuada, desde entonces, expansión territorial de Israel sobre Palestina (ver multimedia).
En consecuencia, Israel perfiló una asociación estrecha económica y militar con Occidente, y ha amparado sus aventuras militares en el teatro de operaciones de Oriente Medio. Esto mismo, es lo que explica las acciones armadas que Israel realiza sobre Siria, luego del año 2011, y en el que se resaltan 11 ataques con misiles, drones o aviones, lo que incluye la capital Damasco y objetivos militares contra la Guardia Revolucionaria iraní que con los rusos auspician el gobierno de Siria en la respuesta militar contra el Estado Islámico o Estados Unidos, que buscan deponer el gobierno de Al Assad.
En este contexto, tampoco puede olvidarse la guerra que Israel desató contra el Líbano, y que llegó hasta las propias calles de su capital Beirut en 1982 y que se repite en el año 2006, en la confrontación con un ala militar del gobierno libanés, Hezbolá.
Los ataques desatados en la noche de ayer por parte de Hamas, se presenta en el contexto del reverdecimiento de otros conflictos en los que ha participado occidente desde la segunda guerra mundial, y en medio del declive de la hegemonía estadounidense.
La perspectiva de una expansión de la guerra a Irán, como Siria o Líbano, están latentes debido a los choques militares en los que ha estado involucrado Israel como contra parte, en años recientes. Por lo pronto, el uso masivo de artillería por parte de Hamás resulta inédito y puede evidenciar la evolución de capacidades tácticas y militares, de Palestina pese a la práctica de un embargo en todo orden, por parte de occidente, y recuerda la posibilidad de que el conflicto adquiera las características del que se ha presentado recientemente entre Yemen y Arabia Saudita, en particular en su prolongación en el tiempo.
Sin duda, el desarrollo futuro de este conflicto depende de terceros países, los que de alguna manera son la retaguardia militar de los suministros y del apoyo financiero de la confrontación.
El arco de la guerra se extiende. Y el frente se prolonga ahora desde el rio Dnieper en Ucrania, Armenia con el Karabaj, el Sahel en África, al que ahora se suma la confrontación israelopalestina. Las tensiones igualmente adquieren importancia en el diferendo entre Serbia y Kosovo.
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