2023/10/14

 

El deshielo de la guerra en Medio Oriente en el avanzado siglo XXI, es decir, la confrontación en los entornos de la cuna religiosa de Jerusalén y el río Jordán, desvela la crisis del control mediático Occidental, que claro está, converge con otras crisis de estructuras de dominación moderna.

La globalización da la espalda a Occidente como lo hacen las redes sociales y esto pese a la exigencia de las tecnológicas globales que mediante el control del algoritmo, el embudo universal a la información que circula en redes, pretende consolidar una hegemonía en la comunicación, pero lo que tiene sus propios límites, so pena de ver agudizado el desplome de seguidores y la confianza en los bytes circulantes, una erosión ya reconocible, pero un trapecio en el que sectores de opinión alternantes al deseo de un enfoque predominante a la de los grandes empresarios y tecnológicas, han convertido en una disputa por la información a los ciudadanos.

Las guerras siempre se han amasado con noticias falsas, una componente lógica de la actividad en los conflictos de diversa índole, pero su éxito depende del secretismo, y lo peor que puede suceder es que en medio de la guerra, se exhiban, se problematicen y desvelen los objetivos que se ocultan.

Mientras que las redes sociales procuraron la primavera árabe, y tantos levantamientos sociales en el mundo, como países en los que tomaba arraigo la tecnología, "la destrucción creativa" contemporánea, en general, aprovechadas por Occidente para apuntalar nuevos gobiernos o apretar tuercas a existentes, en la actualidad, las redes sociales traducen una forma de disrupción a la “verdad informativa” que las élites han amasado en un largo periodo de tiempo e ingentes recursos económicos, proyectados a través de medios como la radio, la televisión o la prensa escrita.

La transmisión de las conflagraciones militares ha pasado de ser un oficio de corresponsales de guerra como en Vietnam o el CNN de la guerra del golfo coloreada a gusto y con la asepsia que requiere la destrucción y dominación de sociedades, en el que el dolor humano desaparece al igual que los intereses que se motivan, a convertirse en una batalla de percepciones diversas y de registros visuales realizados por cada quién que tiene un smartphone a la mano, o un registro de cámara que puede ser elevado online a internet.

Sin duda, la batalla de enfoques tiene su propia expresión en la era de la multipolaridad, donde ha quedado en el pasado la información uniformada de la BBC, Deutsche Welle o The New York Times, y que ahora es contrastada por el relato de Russia Today, Xinhua, Telesur o Hispan TV. Obsérvese, que lejos quedan los medios de comunicación local.

La crisis de la hegemonía en la comunicación. No parece ser suficiente el menú informativo individualizado q logra el milagro del algoritmo. Para tener un efecto hay q lograr un impacto masivo, pero al verter la información en la sociedad, la magia desaparece

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