El deshielo de la guerra en
Medio Oriente en el avanzado siglo XXI, es decir, la confrontación en los
entornos de la cuna religiosa de Jerusalén y el río Jordán, desvela la crisis
del control mediático Occidental, que claro está, converge con otras crisis de
estructuras de dominación moderna.
La globalización da la espalda
a Occidente como lo hacen las redes sociales y esto pese a la exigencia de las
tecnológicas globales que mediante el control del algoritmo, el embudo
universal a la información que circula en redes, pretende consolidar una
hegemonía en la comunicación, pero lo que tiene sus propios límites, so pena de
ver agudizado el desplome de seguidores y la confianza en los bytes
circulantes, una erosión ya reconocible, pero un trapecio en el que sectores de
opinión alternantes al deseo de un enfoque predominante a la de los grandes
empresarios y tecnológicas, han convertido en una disputa por la información a
los ciudadanos.
Las guerras siempre se han
amasado con noticias falsas, una componente lógica de la actividad en los
conflictos de diversa índole, pero su éxito depende del secretismo, y lo peor
que puede suceder es que en medio de la guerra, se exhiban, se problematicen y
desvelen los objetivos que se ocultan.
Mientras que las redes
sociales procuraron la primavera árabe, y tantos levantamientos sociales en el
mundo, como países en los que tomaba arraigo la tecnología, "la
destrucción creativa" contemporánea, en general, aprovechadas por
Occidente para apuntalar nuevos gobiernos o apretar tuercas a existentes, en la
actualidad, las redes sociales traducen una forma de disrupción a la “verdad
informativa” que las élites han amasado en un largo periodo de tiempo e
ingentes recursos económicos, proyectados a través de medios como la radio, la
televisión o la prensa escrita.
La transmisión de las
conflagraciones militares ha pasado de ser un oficio de corresponsales de
guerra como en Vietnam o el CNN de la guerra del golfo coloreada a gusto y con
la asepsia que requiere la destrucción y dominación de sociedades, en el que el
dolor humano desaparece al igual que los intereses que se motivan, a
convertirse en una batalla de percepciones diversas y de registros visuales
realizados por cada quién que tiene un smartphone a la mano, o un registro de
cámara que puede ser elevado online a internet.
Sin duda, la batalla de
enfoques tiene su propia expresión en la era de la multipolaridad, donde ha
quedado en el pasado la información uniformada de la BBC, Deutsche Welle o The
New York Times, y que ahora es contrastada por el relato de Russia Today,
Xinhua, Telesur o Hispan TV. Obsérvese, que lejos quedan los medios de
comunicación local.
La crisis de la hegemonía en la comunicación. No parece ser suficiente el menú informativo individualizado q logra el milagro del algoritmo. Para tener un efecto hay q lograr un impacto masivo, pero al verter la información en la sociedad, la magia desaparece
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