En un mundo capitalista,
exigirle a las petroleras y países petroleros que dejen de vender petróleo, es
como decirle a Coca Cola que deje de vender Coca Cola.
Sin duda, la necesaria transición energética demuestra las limitaciones que tiene una economía gestionada por las empresas, que está ligada exclusivamente al crecimiento de ganancias, esto porque introducir las sociedades a una energía sustentable y de bajas emisiones, requiere de una fase de inversiones en infraestructura que representa balances negativos a esta industria por un buen tiempo, y que obliga el abandono paulatino de otras, la de los fósiles, que lleva más de un siglo como combustible versátil y fiable en suministros para el mundo, con una economía más que desarrollada, técnica y financieramente, y una infraestructura extendida globalmente hablando.
En esto hay preguntas al respecto. Y es, cuál es el diferencial energético, sea positivo o negativo, si se compara el de la energía solar, eólica, u otras, denominadas limpias, con su equivalente de los fósiles.
En plata blanca, cuál es el diferencial económico de los balances para cada una de estas tecnologías. O, si fuera el caso, si para mitigar el cambio climático se requiere de subvenciones públicas, para equilibrar dicha ecuación y cuánto es el valor aproximado de ello, de tal suerte que la transición energética sea posible.
Lo cierto, es que la implementación de tecnologías como la internet, por hablar de una tecnología universalmente adoptada, pasó por una alta subvención pública para su desarrollo tanto tecnológicamente hablando, como ya en el despliegue propiamente de infraestructura y comercialización. Internet, sin duda, afectaba otros negocios que se le cruzaban, entre ellos, los basados en tecnologías análogas en radio o tv, y en otros frentes; medios de comunicación impresos o la mensajería clásica.
Ahora bien, no hay que pasar por alto que la revolución de las tecnologías de la información y la comunicación, o dicho de otra forma, de la internet, tuvo como epicentro Estados Unidos, quien para entonces gozaba de una billetera casi infinita, debido a la era de la hegemonía, que permitió encumbrar las tecnológicas estadounidenses en el mundo y reeditar un proceso de neocolonización global digital para comienzos de siglo xxi, algo que ha cambiado de manera considerable al sol de hoy.
Existen planteamientos sobre la mesa, como el intercambio de deuda externa por transición energética, conservación de superficies para captura de CO2, o protección de los escasos bosques y selvas que quedan. Como alternativa de financiación, también se plantea la emisión de dinero vía Derechos Especiales de Giro, definidos como DEG, a través del Fondo Monetario Internacional. Sin embargo, esta última alternativa, tiene de por medio los intereses de los propietarios de deuda, que en general son los mismos intereses que determinan los DEG, es decir, países como Estados Unidos, Europa, Japón o China.
Un elemento adicional. Transformar el pago de la deuda en medidas climáticas, tiene todo sentido, sin embargo, el endeudamiento es una de las formas más clásicas de dominación y subordinación, un factor a superar si se decide de manera cierta volver real una transición energética, que como se ve, pasa por otras transformaciones de carácter social y político.
La discusión también puede extenderse a la definición del capital natural, es decir, el valor de los servicios ecosistémicos que aporta la naturaleza al desarrollo productivo, que no está incluido en la ecuación de gastos en el sistema de producción capitalista actual, y que solo con ello probablemente se abra paso a una era de concienciación sobre lo esencial que son los bienes naturales del planeta para la supervivencia de la biosfera, toda vez que el requerimiento de un desarrollo social humano que lo sustente.
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