2023/10/17

Las aventuras militares tanto en la era de la bipolaridad como en la unipolaridad por parte de Estados Unidos, se han soportado en el poder que otorga el poseer el papel moneda con el que se ha monetarizado el todo productivo y comercial del mundo luego de la Segunda Guerra Mundial, entre otros, con cadena de transmisión en las organizaciones de Bretton Woods.

Esta inusitada ventaja geoeconómica es lo que ha conferido a Washington poseer “el don” de ver como opera la economía en el orbe, organizarla de acuerdo a sus necesidades, o de otra forma, abrir o cerrar el grifo económico a los países, dependiendo que tan obedientes son estos, respecto de los intereses estadounidenses en el acceso a materias primas y mercados, el denominado poder blando, tan versátil como temido y que apenas contados gobiernos han osado enfrentar so pena de ver llegar a sus costas portaviones, o verse involucrados en conflictos asimétricos auspiciados y que por norma derivan en verdaderas guerras civiles, algunas que se prolongan de manera indefinida. Solo ver el polvorín de Medio Oriente, aunque la situación en suelo andino colombiano, no es precisamente diferente.

De esta forma, el poder de la exclusividad del dólar, ha permitido a Washington incidir en las elecciones locales de buena parte de los países del mundo, una democracia a la medida, que ha erosionado el derecho internacional basado en la autodeterminación de las naciones, el reconocimiento e independencia de los estados y la igualdad de derechos que tienen los ciudadanos, no importando su nacionalidad, una compilación de normativas históricas que la humanidad ha acumulado en todo su devenir, y con la que se pretende evitar las conflagraciones militares.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, la mayor de las confrontaciones armadas hasta hoy, derivó en la constitución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, un escenario de contención de los intereses imperiales entre las grandes potencias, pero que, con la desaparición de la Unión Soviética, terminó por conceder todo poder a los Estados Unidos, el avance de la era de la hegemonía y como tantas veces en el pasado, el auge del poder imperial. Sin duda, la expectativa que otorga el racionalismo y la historia humana, de nuevo fue superado por el interés de sobreponerse a los demás.

Pero volviendo al tema del dólar, lo cierto es que la emergencia de la multipolaridad, el abandono paulatino del dólar como referente del comercio internacional, estrecha los límites a la actividad militar de Estados Unidos, y abre la puerta a que diversos países, con potencialidades económicas busquen un reacomodamiento en la escena internacional, algo visible si se piensa en los BRICS, pero que, sin duda, no se limita a ellos. En particular se hace visible el yuan debido a la realidad del desarrollo industrial, tecnológico y comercial que posee China, en contraste con la desindustrialización y rezago tecnológico que presenta Estados Unidos.

Por ello el arco de conflictos que va desde el rio Dnieper en Ucrania, Karabaj en Armenia, el Sahel en África y lo que sucede en los entornos de la ciudad santa, con previsible expansión regional,  estresa aún más el sistema dólar estadounidense debido a que emisiones adicionales de moneda, para financiar la guerra impulsarán nuevos ciclos inflacionarios y el debilitamiento del billete verde a escala mundial, un fenómeno que ahoga las expectativas de reindustrialización y reshoring empresarial que intenta llevar a cabo Washington, como respuesta a la emergencia económica y tecnológica china.

 Por su parte, la rotura del sistema dólar deja en el aire el poder blando estadounidense que se situaba en la posibilidad de bloquear comercial y financieramente los países, por lo que la actuación de los mismos obtiene importantes niveles de independencia, algo que hace evidente las complicaciones occidentales si se piensa en el desarrollo de los actuales conflictos internacionales.

De hecho, en su intento más reciente, con Rusia, la cosa fue a peor, y hoy Moscú representa el fin de la dictadura del dólar, en términos prácticos, pero al que se suma, sin duda, Beijing, y como se ha relacionado, los BRICS y demás naciones que inician su práctica comercial, relativizando el uso del dólar.

Solo queda pues el garrote. Con una Europa Occidental precipitada económica y políticamente con la guerra de Ucrania, Estados Unidos se queda solo y sobreactuando con el despliegue de dos portaviones en el Mediterráneo Oriental como respuesta a una organización apenas reconocible militarmente como Hamas. Puede pensarse que, como persuasión, buscando evitar que otros países de la región entorno a la Liga Árabe, en particular, Líbano o Siria o la capital del poder regional, la persa, Irán, se involucren en las hostilidades. ¿Pero que haría Estados Unidos en este caso? ¿Bombardear dichos países?  ¿Pasar por alto las consecuencias del involucramiento posterior de Rusia y China?

No hay que olvidar que contrario a la era de la bipolaridad donde Estados Unidos y la por entonces Unión Soviética, departían en una misma mesa y pese a las diferencias construían acuerdos políticos internacionales, hoy están directamente en confrontación. Algo, que con sus propias características sucede con China, en especial en el campo económico.

En la práctica la emergencia de China y la relocalización de Rusia e Irán, los BRICS-Plus, de facto están abriendo paso a una nueva estructura de gobernanza internacional, lo que da implicancia a los riesgos que tiene cometer delitos de guerra en el actual contexto, lo que tiene que ver con el uso de la violencia contra población civil, independiente de cual fuere el medio que involucre: un portaviones, un tanque o un costoso avión de guerra.

Por su puesto, un ejército por rudimentario que sea, puede acometer delitos de guerra, basado en la explicación de lo que ello significa, y que está definido en el párrafo inmediatamente anterior.  

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