2023/08/31

El declive de la unipolaridad, como los ríos que se van secando, saca a luz lo que está bajo la alfombra.

En cierto sentido, el fin de la Segunda Guerra Mundial, significó un pacto entre potencias sobre zonas de influencia, lo que incluyó la sordina a cualquier mención a colonias, por el establecimiento intelectual, sus revistas, medios de comunicación o, la misma Naciones Unidas.

-Lo de la era de la descolonización es apenas una evolución de las formas de control político y económico contemporáneo, o  neocolonización-.

Pero este acuerdo tácito de los cinco miembros del Consejo de Seguridad, se expuso a una fuerte erosión tras la caída de la Unión Soviética, y cuando Estados Unidos terminó por convencerse de ser la potencia única y exclusiva, que terminó por materializar la denominada unipolaridad, un fenómeno que puso en funcionamiento, la lenta pero inexorable marcha de las capas tectónicas de la geopolítica, que tras dos décadas de acumulación de esfuerzos internos, escenifica la tensión ya imposible de invisibilizar entre Estados Unidos, China, y entre Estados Unidos y Rusia, con expresión propia en la guerra de Ucrania.

Este capítulo tiene ahora su propio teatro en África, en medio de sucesivos golpes de Estado, en este caso, en “antiguas” colonias europeas y desde el año 2020, con la seguidilla de Sudán, Chad, Malí, Burkina Faso, Guinea y el más reciente, Gabón. Una tendencia que puede arrastrar buena parte del continente africano, caracterizado por una constante inestabilidad derivada del establecimiento de gobiernos autocráticos, sociedades con altos niveles de concentración de la riqueza, en consecuencia, pobreza, desempleo e informalidad laboral universal.

En la lista cabe incluir la situación de Libia, en guerra desde la intervención militar occidental en 2011; Sudán, también sumergida en la denominada tercera guerra civil sudanesa, o la situación del gobierno, extendido indefinidamente en el tiempo, de los señores de la guerra en la República Democrática del Congo, por nombrar, países con conflictos más reconocidos.

La apertura democrática vivida en el mundo, tras la Segunda Guerra Mundial, que sintetizó modelos bipartidistas o frentenacionalistas, en buena parte de los países, a escala global, por un lado, ha evitado la emergencia de nuevos proyectos políticos y su incrustación en las estructuras estatales, la oxigenación de la democracia, y por el otro, como consecuencia del avance del neoliberalismo, se ha cristalizado una fusión en los intereses políticos de los partidos tradicionales o frentenacionalistas, que los hace indiferenciables,  lo que representa la crisis misma de este proyecto a escala global.
De esta forma, erupcionan nuevos referentes políticos, al margen del frentenacionalismo, en sus dos orillas opuestas, asumiendo banderas políticas que se fueron destiñiendo, década a década, sean elementos antediluvianos y ultraconservadores, como aquellos relativos a derechos ciudadanos.

Sucede en buena parte de Europa, América Latina o el mismo Estados Unidos, como en otras columnas se ha mencionado.
Este proceso se ha tramitado en algunos momentos por la vía de las aperturas democráticas, a través de elecciones. Sin embargo, en otros lugares, ha tomado la forma de los golpes militares, como en el caso de África.

Considerando el vecindario, tenemos el caso de Perú, en medio de un golpe de Estado, algunos lo referencian como un golpe parlamentario, gestionado por élites, y lo que sucede en Ecuador, que intenta abrir la puerta a las tensiones políticas, mediante elecciones.

Como en el pasado, en el centro de las disputas, esta, el control de recursos naturales de diversa índole, en medio del cenit y agotamiento de los mismos, y de otra parte, el control de mercados destino de productos industriales y alimentos.

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