Las “muertes por desesperación”, están al auge como
contraste al comportamiento de las bolsas de valores.
En un estudio del Comité Económico del Congreso de los
Estados Unidos, se concluye que “El
aumento de la infelicidad puede haber aumentado la demanda de formas de adormecer o acabar con la desesperación, de
modo que los efectos acumulativos aparecen años después en forma de tasas de
mortalidad más altas.”
A
la postre, el estudio, se dedica a recabar sobre temas en los que deriva la
infelicidad: drogas, enfermedades mentales, alcohol, suicidios.
Pero
¿Cuál es la causa de la infelicidad? En eso, el estudio, curiosamente no se detiene,
parece ser una confesión a voces, evitando tratar cualquier cosa que haga
pensar en la íntima relación que existe entre los desequilibrios a que se ven
sometidas las personas y su situación social, que tiene que ver con el derecho
al trabajo, sus características, o incluso, los entornos actuales relacionados
con las redes sociales y las refinadas tecnologías digitales destinadas a
estimular, el consumo. Mejor hablar de neurotransmisores serotonina y dopamina,
se diría.
Parece
lógico, el mundo del empleo ha sido transformado con el neoliberalismo y la
estabilidad y garantías laborales, son cosa del pasado. Algo similar puede
decirse, de vincular la infelicidad con un mundo virtual, que deriva en likes, fans,
seguidores y amigos solo existentes en la realidad del byte, pero que posicionan
7 de las 10 principales empresas, o de otra forma, negocios, más rentables a
escala mundial.
De la gráfica, que no registra el impacto de la
pandemia en los indicadores, y que acompaña este texto, puede concluirse, que
los suicidios, en 2019, apenas son superados por los índices conocidos, como efecto y pasada la primera guerra mundial y en medio de la crisis de 1930. Las muertes relacionadas con consumo de
drogas, no tiene parangón en las estadísticas, desde el año 1900. Las relacionadas
con el consumo de alcohol, solo superadas por las exhibidas durante la primera
guerra mundial, y las otras muertes por “desesperación”, que como las asociadas
al consumo de drogas, no tiene parangón respecto de esta estadística.
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