Hasta 1543, cuando Copérnico publicó De
revolutionibus orbium coelestium, el mundo de la época, consideraba que
todo giraba alrededor de la tierra. Era el denominado paradigma geocentrista,
que se extendía desde el año IV, antes de Cristo, soportado en ideas formuladas
por Aristóteles.
Se decía, que concordaba con lo sustentado por la Biblia, asunto adoptado en Occidente y por pocos cuestionado, pero que en ninguna parte del libro sagrado podía leerse.
Quienes osaron poner en cuestión la teoría fueron perseguidos, así la visión sobre el comportamiento de las estrellas, a ojos de todos, dijera lo contrario.
Hoy parece suceder otro tanto. Hay quienes sostienen desde el mundo de las letras, que mal haría el Estado si financia totalmente la educación. Al parecer el terraplanismo del mundo sigue en auge.
Y los argumentos contradictorios y orientados a la confusión, como en todos los tiempos, hacen parte de la escena, con los cuales, también como siempre, se ocultan intereses.
En particular, ya entrando en el tema puntual, de la matrícula cero, que acaba de establecer el nuevo gobierno en Colombia, hay que decir, que la educación privada fue reflotada por políticas neoliberales, ante las limitaciones económicas de las familias colombianas, que no podían sufragar con sus propios recursos las matrículas, y que convertía dichas instituciones en un sector Bonsái, per se, lo que tendía a agudizarse con una economía nacional proyectada cada vez más a la informalidad laboral, con lo que la alternativa fue derivar recursos de las universidades públicas a las privadas, vistiendo tales apoyos como becas, o en su defecto, peor aún, con préstamos.
No vale la pena que se desate el fuego legitimador a lo sucedido Más bien, sería del caso, transparentar los intereses, y por qué no, una integración realista del sector educativo, que, a través de una afluencia masiva de estudiantes, compense la sostenibilidad económica de privados, pero que debe aparejarse a la sustentación que en este sentido exhibe el ámbito de la academia en lo público, y que de una vez por todas, supere la subterránea visión de guerra fría que posee la educación privada.
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