En el tardío siglo XIX las factorías en las ciudades
colombianas se acompasaron con medidas asociadas al control del tiempo libre de
los trabajadores evitando que los mismos cayeran en brazos del alcohol o en los
burdeles, lo que afectaría la estabilidad de las familias y lo que era
considerado un activo de los propios empresarios. Por su puesto, mantener los trabajadores
al margen de los movimientos obreros tan florecientes en la época y que hablaban
del lugar protagónico que ocupaba su actividad en el orden económico y el
protagonismo que debían ocupar.
La actividad deportiva, bazares, bailes, grupos musicales se mezclaban para consumir “el tiempo libre” donde los obreros podían caer en malos pasos, como por ejemplo reuniones entre colegas donde el trabajador trascendía para verse como referente de la sociedad mientras consideraba incluso ser gobernante local y delinear el quehacer más progresista de las comunidades y para lo que estaban proyectados los hijos de los dueños de las empresas y que eran enviados a realizar sus estudios en el extranjero.
Las “Horas de Calle” entre las 5:00 y las 9:00 PM era el objetivo de las actividades extra laborales y que diseñaban los empresarios con los clubes gestionados remotamente por estos y en compañía de conventos e iglesias. El horario de las gentes era levantarse a las 5:00 AM, ingresar a la factoría a las 6:00 AM. Por su puesto, a más de la iglesia, el referente de las localidades era la naciente industria.
El establecimiento de las fábricas se hacía considerando las potencialidades de mano de obra, es decir, comunidades concentradas y de hecho, más adelante introducida la cultura del mundo factoril, el establecimiento de una compañía en una zona alejada, daba para crear un centro poblado. Como se sabe las zonas urbanas en el país han estado sujetas a la expulsión rural derivada del continuum de las guerras y el conflicto en las mismas.
El relevo al control del “tiempo libre” se dio con la introducción de la radio, la prensa escrita y la televisión, pero en todo caso son medios de la alteridad con un aparato (receptor de radio o tv, aunque se localiza en un atril en la casa, se percibe en el afuera de los sentidos, con un oído u ojos que tienen que ir en búsqueda de una de una señal), por lo que la persona se mantiene alerta respecto de la incidencia mediática, pero lo que contrasta con un modelo de consumo de tiempo como la internet, donde la velocidad de los contenidos, el scroll “presenta” a la velocidad de la luz, con ojos “conectados” a la pantalla, ralentizándose el parpadeo y lo que deriva “en una conexión”; el cerebro se convierte en un modem de procesamiento, un fenómeno hipnótico, lo se suma a una exposición de 7 horas en promedio a contenidos(llega a 9 y 10 horas en jóvenes) y provoca la conocida emergencia “del Otro Yo”, es decir, la incidencia en el pensamiento de las personas, el formateo de consideraciones aprendidas en el pasado, con un flasheo que nos empuja como en la Gallina Ciega, donde estar con los ojos cerrados y dar vueltas, te turba, y arrancas para el lugar menos previsible para una consciencia que se pierde.
La ilustración, (en general la construcción de la humanidad se ha procurado mediante la acción dialógica entre personas), ha sido posible porque la relativa sencillez y visible a ojos, mecánica de la imprenta posibilitó la popularización de la máquina y como efecto, la impresión de textos críticos a la monarquía y que derivo en el renacimiento de la Democracia griega, lo que en la actual situación queda eclipsado mientras los únicos que escapan a dicha servidumbre son precisamente países que han logrado domeñar el lenguaje de máquina que sustenta internet o de otra forma el smartphone como Rusia, China o la misma Irán.
Desde hace unas semanas desde los mass media occidentales país a país del mundo se viene promoviendo una campaña, hablando de como la Artificial Intelligence puede acabar con la humanidad, algo que puede entenderse como respuesta a la propuesta capitaneada por los BRICS y la Organización de Cooperación de Shanghái, denominada Waico (World Artificial Intelligence Conference) que efectuó precisamente una declaración días antes de la campaña occidental, más exactamente el 17 de julio de 2026 y donde se establecen mecanismos para una popularización del lenguaje de máquina en computadores y finalmente del desarrollo de la IA con países del Sur Global.
Es una iniciativa importante y que debe ir paralelo a la profundización de la discusión sobre el impacto de la internet en las sociedades, que por lo pronto se hace a puerta cerrada en el Congreso de Estados Unidos, donde prevalecerá el interés gringo de dominio.
Quizás la popularización del uso del lenguaje de máquina país a país del mundo pueda contener el temor del bucle de la internet y en especifico la IA. Hoy ya se habla que la producción de contenido en la internet es realizada en un 40 por ciento por agentes de IA, es decir, programas automatizados de computo que hacen videos para Youtube, escriben artículos en la constelación de medios digitales del universo de la internet, en perfiles de X(antiguo Twitter), Facebook…. La IA al gestionar los contenidos de la internet priorizará los suyos propios y hará marchitar los de las personas de carne y hueso(sería agudizar porque ello se viene procurando ya hace una década) y lo que derivará en la autorreferenciación y la paulatina pérdida de conexión con la realidad o pensamiento cierto que procuran las personas.
Por su puesto, los gradientes porcentuales de contenidos para evitar que la fuerza centrífuga de la IA produzca ello y que gestionan los administradores de redes de las Big Tech en EEUU es lo que esgrimen como defensa ante este fenómeno.
Así que, que tanto de IA autorreferenciada, amañada o
diseñada con los intereses de la Big Tech la harán estas mismas, según su
interpretación, sin que organizaciones al margen o Estados participen de ello será
lo que se convierta en la historia, la economía, la política o la cultura que
imprime esta tecnología en las sociedades.
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