2026/05/02

Durante siglos, tras la venida a menos del imperio romano, los ducados, reinos o de otra forma, grandes latifundios tendió a proyectarse allende a cada frontera territorial en la Europa feudal en lo que dio en llamar conquista y atesoramiento del Santo Grial de la época, la posesión de la tierra, lo que incluye esclavizar naciones vencidas, sus mujeres, hombres e hijos y un modelo que proyecto la configuración de las fronteras actuales o de los países europeos.

El control territorial de los reinos culminó por denominarse Seguridad y el cúmulo de pueblos del territorio como Nación.  Lo que siguió fue que las rústicas estructuras latifundistas del tamaño de los actuales países o de otra forma, monarquías, ante lo paritario de las capacidades militares entre reinos, derivó en que la perspectiva política de creación de riqueza originada en la Conquista se contuvo y se vieron enfrentadas a las tensiones sociales internas donde el esfuerzo de reyes y la nobleza se reenfocó al desarrollo de diversos mecanismos de control, pero en este caso de la sociedad que les sustentaba. Había pues que perseguir a los sediciosos del status quo feudal cual era que el rey se proclamaba dueño de las tierras conquistadas, recreando las bases del gobierno cediendo pequeñas partes de la misma a la nobleza, lo que incluye líderes militares igualmente poseedores de importantes extensiones de tierra, pero que dejaba a la mayor parte de las gentes de sus sociedades condenadas al servicio como siervos u arrendatarios de los suelos conquistados, por lo que a los atisbos de las demandas sociales sobrevino como respuesta la institución de la inquisición, que se soportó en la visión religiosa  que acompasaba el desarrollo feudal, en particular, el cristianismo impulsado por el Imperio Bizantino o el imperio romano de Oriente, lo que terminó por inculcarse al vicaritaro romano de Italia desde el siglo IV después de cristo.

Era pues el ascenso del Oscurantismo (que duró 1000 años o de otra forma 10 siglos, desde el 476 con la caída del imperio romano hasta 1492 con la Conquista de América), donde lo que se buscaba era ocultar las bases del racionalismo, un conjunto de ideas y conocimientos  que sobrevienen a la mezcla de las civilizaciones de Egipto, Persia, la Grecia Antigua, India o China, por nombrar algunas, y del que se derivó el desarrollo científico en la construcción de ciudades, revolución de los metales, el cultivo de diversas especies animales y vegetales, la cultura expresada en el teatro, el canto o la lírica, todo soportado en la estructuración de la escritura, las matemáticas o el cálculo, por supuesto, la consolidación de ello en el acumulado de los textos, que eran de uso y alcance bien restringido, de historia en papiros en su origen y ya en la Edad Media con la tecnología del papel traída, entre otros, de China. Las concepciones asociadas a los derechos o contrapartidas que sobrevienen a la actividad de los oficios o el trabajo, también hacían parte de ello.

La inquisición tomó base en los principios decimonónicos de la religión cristiana donde en principio todos están en pecado como consecuencia del pecado original, y donde la sexualidad o la reproducción, algo connatural a las especies vivas, convierte las personas en sujetos de potencial procesamiento por la justicia eclesial, por su puesto, de lo que se excluye a reyes y nobles que pueden practicarlo con frugalidad.

De esta forma, el ardit de cuando todos(pero con la exclusión aquella) son pecadores y portadores del mal, se sustenta o legitima la expiación de aquellos que ponen en cuestión el estatus quo feudal, lo que incluye el mandato que posee el clero de tener la verdad revelada de acuerdo a su interpretación del libro sagrado de la Biblia en contraposición, de nuevo, del reconocimiento de la capacidad intelectual de razonar que posee cada ser humano, pero un sistema de ideas que como se sabe por la historia dio fin al teocentrismo con la llegada del Enciclopedismo y la ilustración.

Max Weber en su texto “los tres tipos de dar legitimidad a las normas” establece que “La autoridad significa la probabilidad de que una orden específica sea obedecida.”

Agrega “Dicha obediencia puede basarse en diversos motivos, por lo que puede estar determinada por el mero interés de la situación, y por ende, por el cálculo de conveniencia del actor obediente; por la mera costumbre, es decir, la habituación inconsciente del actor a un comportamiento rutinario; o por un mero afecto, es decir, la devoción puramente personal del gobernado”.

Como decir, la nobleza obedece por el interés de la situación y el cálculo de conveniencia mientras la servidumbre lo hace por costumbre (que el clero impone a la sociedad) mediante la “habituación o comportamiento rutinario”.

Ahora bien, habituar una sociedad al terror de la inquisición debido a sus juicios, las penas de destierro, de otra forma, expropiación de bienes, las torturas con lo que se buscaba la confesión forzada, o la pena capital con la muerte en la hoguera, un evento en plaza pública donde los gritos de dolor y el suplicio eran la muestra de como el alma se depuraba, dio sustento al largo periodo oscurantista y lo que se explica por lo mencionado por Weber en términos de que por repetición en los sermones y la inculcación de la culpa se daba curso a la legitimidad de la acción judicial eclesial.

El colonialismo financiero tan invisible en sus instituciones como el absolutismo del teocentrismo se precipita cuando existen descripciones racionales y argumentativas que explican como funciona la explotación económica de las sociedades y su subyugación.

Se reconoce que justicia eclesial aún se extiende en sus fines en la “justicia” contemporánea(hoy entrado el segundo cuarto del siglo XXI) cuando se olvida que tras la caída de la monarquía en el siglo XVIII,  el juicio o el arbitraje de las relaciones sociales en las que mediaba el Estado, tenía como eje de valoración la “justicia social” como extensión del derecho a la igualdad de las personas, del derecho de gentes, la retribución justa por el trabajo y la garantía de que los recursos de la Hacienda Pública hasta entonces administrados al arbitrio por un monarca o la nobleza, el esfuerzo de la sociedad, debía retornar en beneficios a la misma, lo que está al margen del estándar inquisitorial destinado a la persecución y dominación de las sociedades. 

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