Silicon Valley sale del clóset, aquel Valle del
Silicio, un nombre rimbombante para denominar un conjunto de empresas
impulsadas por el Pentágono y con fines militares desde la década de los cuarentas
del pasado siglo.
Pese a que cuando se compra un smartphone nadie advierte de que es una herramienta con fines militares antes que civiles, lo cierto es que el concepto “de verlo todo” sobre el que descansa, nunca ha dejado de ser una perspectiva desde el punto de vista del interés de la Seguridad Nacional de Estados Unidos y como es de esperarse para una tecnología que tiene el carácter de ser global, “de ver” lo que sucede en cada país del mundo.
El desarrollo de la Internet, es decir, una tecnología para enviar y recibir datos en las fuerzas militares estadounidenses, no ofrecía precisamente una ventaja comparativa si se piensa incluso en mecanismos de comunicación tan rústicos como el telégrafo o la telefonía análoga, sin embargo, la posibilidad del análisis automático a través de algoritmos de grandes flujos de información si que lo era, por lo que la ventaja política y militar de la internet era que precisamente se usara de manera masiva.
Para finales del siglo XX, la perspectiva de la Internet estaba prácticamente completa, donde compartir escritos, audios o videos, el procesamiento de los mismos a través de filtros o buscadores y de extremo a extremo del mundo ascendía como el nuevo Santo Grial, mientras las transformaciones sucesivas fueron dirigidas a mejorar la eficiencia en cada uno de los campos involucrados; mejoramiento de la velocidad de transmisión- reduciendo la latencia o el riesgo de imágenes congeladas-, de transporte con la introducción de la fibra óptica; de procesamiento con el desarrollo de chips cada vez más pequeños(en nanómetros, lo que permitió llevar una laptop a un smartphone), y lo que soportó el área de Aplicaciones digitales de diversos tipos.
La Inteligencia Artificial, que en el fondo es el perfeccionamiento de la actividad de los algoritmos es algo que acompaña la internet desde su origen y que adquiere mayor poder en la medida en que se acumulan mayores niveles de información disponible para ser procesada, así como algoritmos más versátiles (el denominado software).
A finales de siglo XX, también se dio a conocer la trilogía y dedicada para habla hispana de la Era de la Información de Manuel Castells, donde la tesis central es que se estaba ante una Nueva Economía “basada en la transformación del trabajo y el empleo”, un vestido elegante a la era de la informalidad laboral soportada en el eslabón de los servicios(digitales en este caso) como aderezo del neoliberalismo, mientras por entonces, las multinacionales occidentales concentraban la intermediación de productos producidos en China alrededor del mundo. (No hay que olvidar, que un país tiene más probabilidades de sobrevivir en medio de una crisis si “produce” alimentos que, si “produce” software o un microchip, o por lo menos, teniendo lo primero, puede proyectar lo segundo, pero lo que se dificulta bastante si sucede al revés).
Se presumía pues de la obtención de nuevos saberes ante la posibilidad de los intercambios de la definida como Aldea Global, pero lo que se quedó en las ganancias por las ventas generalizadas, país a país del mundo, de laptops, planes de internet y smartphones por miles de millones y que en parte explican como las Big Tech desplazaron en ganancias a las clásicas empresas que producían vehículos, electrodomésticos, grandes superficies o comercio, sector de alimentos o la banca (actualmente de las 10 principales empresas más importantes en el mundo en valor accionario, 8 pertenecen a las Big Tech, como decir empresas asociadas a la internet). Como se ve, “crear” mercados o nuevas necesidades, ampliar el espectro geoeconómico, es uno de los pivotes esenciales del capitalismo.
Ahora, no es que, en el teocentrismo, donde por siglos la iglesia era el medio información y de comunicación por excelencia de las sociedades, no se conociera por las altas esferas del vicariato romano su objeto cual era ocultar el racionalismo que le precedió y desarrollado en edades tempranas de la humanidad en la antigua China, Persia, Egipto, el saber amerindio en las Américas en medio de la Conquista, como que precisamente era su objetivo. Es decir, había que mediante repeticiones en la homilía y desde el púlpito inducir la idea de que pensar autónomamente era una herejía, pecaminoso, como tantas cosas connaturales a la humanidad y que el sacerdote mediante la interpretación del libro sagrado, la Biblia, era el facultado o iluminado por Dios para decidir por todos que se debía pensar o que era lo bueno en el actuar.
Quienes manejan las Big Tech en Wall Street y que definen de manera personalizada según algoritmos, lo que ve cada “propietario” de un smartphone, consideran lo mismo.
Por su puesto, la privacidad desapareció porque la comunicación interpersonal quedó mediada por la compañía tecnológica que procesa cada interacción entre personas que se realiza mediante el uso del smartphone como lo hiciera el sacramento de la confesión ante el sumo sacerdote, es decir, la Central Intelligence Agency de la Corona española.
Hace poco se dio a conocer el “manifiesto” de Palantir, una empresa de software que utiliza la data que las Big Tech recogen de cada persona que tiene un smartphone en su bolsillo, y que basado en la policía del pensamiento, una de las variantes más rentables de Inteligencia Artificial en Wall Street, orientó la actividad de las Fuerzas de D#fensa de Israel comenzando por decapitar los liderazgos de Hamás, concluyó que finalmente lo necesario para los objetivos de Tel Aviv era simplemente volver piedra sobre piedra Gaza y eliminar su población.
Palantir en el número 1 de su manifiesto dice que “Silicom Valley tiene una deuda moral con el país que hizo posible su ascenso. La élite de la ingeniería de Silicom Valley tiene la obligación positiva de participar en la defensa de la nación”. Se diría que es el manifiesto de todas y cada una de las Big Tech, por su puesto.
De hecho, el eslogan de Palantír es “tu software es el sistema de armas”, algo evidente si se piensa en el diseño de la estrategia de primer golpe con el que EEUU intentó doblegar a Irán en la guerra de los 12 días y su etapa actual donde el objetivo es la decapitación de la dirigencia política persa y donde ha trascendido, de nuevo, que las Big Tech juegan su papel como definidores de las victimas de los ataques de misiles, el uso de carros bomba o el simple sicariato. Como se sabe, el software basado en Artificial Intelligence que entrega objetivos al Pentágono ya ha debido concluir lo que manifestó Trump respecto que devolverá a la Edad de Piedra a Irán si no se somete a Wall Street como lo hiciera con Gaza.
La sociedad de cristal global, aquella en la
que las Big Tech todo lo saben de cada persona, soportó a su vez, a más de las coimas,
la Operación Resolución Absoluta en la se bombardeó Caracas y se secuestró su
presidente pero que ha encontrado
resistencia en su Epic Fury en Teherán y donde las Big Tech han resultado
vencidas en su estrategia de decapitación de los liderazgos persas debido a que
está dispuesto un relevo de los mandos gubernamentales tan pronto se presenta
la muerte de los mismos y lo que da forma con claridad a lo que se entiende por
gobierno. Por su puesto, del desarrollo tecnológico y militar que los persas
han obtenido como proyección del multipolarismo originado en los BRICS.
Por desafortunado que sea para la humanidad, es previsible que lo sucedido hasta ahora en torno a Ucrania e Irán se sostendrá en ciclos de confrontación en tanto lo que se juega son los estertores del colonialismo financiero soportado en la realidad de que EEUU imprime billetes y el resto de la humanidad trabaja para los mismos. Si Wall Street pierde, son 80 años de emisiones de dólares o de otra forma, el equivalente del trabajo de cuatro generaciones de personas a escala global, que volverán como oleadas a Washington y ya se sabe lo que eso significa. La puerta de salida a la confrontación era el conocido como aterrizaje lento de EEUU como lo fuera el de la caída de otros imperios y la emergencia de otras potencias tantas veces vista en la historia de la humanidad, sin embargo, la perspectiva de Wall Street es evitar por medio de la fuerza militar y coercitiva que ello se presente y lo que explica el actual escenario.
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