2026/04/07

Mucho se ha destilado sobre el origen de los partidos en Colombia, al punto que se dice que el partido liberal hace alusión al liberalismo específicamente relacionado con el comportamiento de la economía, es decir, la bandera del libre mercado, en clave del colonialismo financiero estadounidense (como decir la antítesis de ello), vivido en las últimas 4 generaciones o a la postre de finalizada la Segunda Guerra. Por su parte, del partido conservador se conoce que ha predominado como poder político en Colombia luego de la independencia de España.

Baste aclarar que mientras que el nombre del partido liberal tiene ascendente en la libertad obtenida del imperio español y capitaneada por el caraqueño Simón Bolívar, el partido conservador tiene referencia en el “conservar” y trasladar a élites criollas las posesiones de la Corona española, lo que pasa por fusionarse socioeconómica y políticamente con la institución feudal representada en su momento por la iglesia católica.

Como se sabe la revolución bolivariana que sobrevino a 1810, bebió de la revolución francesa de 1789, esta última la creación intelectual de un gobierno elegido por el pueblo como contraste a la estructura monárquica basada en gobiernos hereditarios en el contexto del desarrollo del proceso feudal europeo.  Por su puesto, la reestructuración del poder sobre la tierra, una justicia también elegida de manera democrática como contraposición al formato absolutista del rey y de la nobleza, así como la incursión del saber obtenido por la recursividad humana y social basado en primera medida en sus sentidos mediante el aprendizaje del comportamiento de la naturaleza, como contraste a esto de que Dios es el principio y fin, y que todo se explica en las sagradas escrituras interpretadas por el sumo sacerdote.

Ahora bien, los conservadores toman diversos mecanismos políticos pero destinados a sustentar formas de una monarquía, es decir, el control per se del gobierno y de la riqueza nacional, lo que se explicita en la concentración de la tierra a la explotación del trabajo de indígenas, negros, en términos contemporáneos, el trabajo formal como informal en el país. Por su parte, los liberales son sectores al margen de las élites conservadoras, por ejemplo, campesinos y latifundistas, productores agrícolas, que ahogados en su posibilidad de ascenso económico y político debido al control del estado por parte de los conservadores y a la represión mediante la violencia(pensar en las fuerzas de seguridad cimentadas en el partido conservador), reaccionan y enfrentan a su vez mediante la fuerza armada el establishment conservador y lo que hace escalar indefinidas escaramuzas presentadas luego del fin de las batallas de independencia(1810 y 1830), y que toma carácter durante la Guerra de los Mil días (1899-1902), una lucha entre ejércitos bien definidos pero donde los liberales son doblegados y asimilados mediante un acuerdo de paz, con el que se da forma al control total del Estado por los conservadores entre 1886 y 1930, la denominada hegemonía conservadora. En Colombia no hubo elecciones presidenciales hasta 1858, pero donde solo podían votar personas "prestantes", que demostraran posesiones e ingresos, es decir, por el dedo de la élite en Bogotá y solo hasta 1954 hubo sufragio universal de hombres y mujeres.

Ahora, los liderazgos regionales liberales de finales del siglo XIX, de recordar, con la bandera de la distribución de la tierra, libertad de asociación sindical, la abolición de la pena de muerte y libertad de expresión como contraste al monopolio de la información  y pensamiento que asumía el mass media predominante en su momento, la iglesia, tenían un eco profundo en la sociedad campesina y sectores del comercio local, por lo que se explica el poder político que poseían: no era pues, un tema ni mucho menos que aislado. Ello mismo sustentó como puerta de escape a la batalla contra el centralismo conservador, la suscripción de la Constitución de Rionegro de 1883, una constitución liberal altamente federativa, que formalizaba la realidad de ejércitos, control público y económico regional que vivía el país.  La respuesta, de los conservadores fue, un acuerdo al margen de los líderes de Rionegro que configuró una Constitución opuesta a la misma suscrita por Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro en 1886(solo derogada tras más de cien años en 1991 y que la sola propuesta de la Constituyente en el gobierno Barco derivó en el asesinato de 4 candidatos presidenciales) y que como ya se ha mencionado, terminó por desatar la guerra abierta con la denominada Guerra de los Mil días, donde la perspectiva centralista era remover los focos liberales desde cada caserío existente en el país mediante la violencia, denominada partidista.

Y si se hace referencia a la Guerra de los Mil días y a los liberales, hay que hablar de Rafael Uribe Uribe (Coronel en la toma de Rio Sucio en 1885 y del que se hace alusión en el Coronel Aureliano Buendía de Cien años de Soledad, según referencia de la Enciclopedia del Banco de la República, y ya al nivel de General en 1895 en la batalla de Tribuna contra el General conservador Rafael Reyes), nacido en Valparaíso Antioquia, y representante de la Cámara de Representantes antes de la Guerra de los Mil días, y luego de la negociación de paz en la hacienda bananera Neerlandia en el departamento del Magdalena en 1902, senador de la República y muerto a hachazos a la salida del Congreso en 1914. Uribe Uribe escribió el libro “De como el liberalismo colombiano no es pecado” debido a que la alianza entre conservadores y el clero llevaba a que los liberales no pudieran ser casados por la iglesia, perdonados en confesión o bautizados. El púlpito era pues la WCaracol Radio o Caracol TV de por entonces. En general, las gentes que demandaban cambios e inconformes con el gobierno conservador, que se extendía por décadas, adquirían la denominación de liberales y eran perseguidos (y asesinados) por los conservadores, con palanca en los caciques locales a los que el gobierno conservador de Bogotá concedía la administración de los pueblos.

Por su parte, la hegemonía conservadora impuesta por la Guerra de los Mil días tuvo un giro con la crisis financiera mundial de 1929 que atizó las tensiones populares en el país por lo que los temores de los conservadores a una nueva era de conflictividad, facilitó la llegada al poder del liberal Alfonso López Pumarejo en 1934, quien introdujo el derecho a la huelga-conocido que una de ellas terminó por resolverse con la fuerza militar del país en 1928, disparando a los trabajadores de la United Fruid Company en el departamento del Magdalena-, el sufragio general para hombres(en libros de historia oficial se habla de universal); la “función social de la propiedad de la tierra” mientras reformaba la visión de la educación focalizada en vocaciones  y al margen de la profesionalización y proyección productiva de sus egresados.

En contexto de 1930 a 1946(de Enrique Olaya Herrera a Alberto Lleras), hay una zaga de gobiernos liberales donde se configura una élite liberal que concluye en una alianza de facto con sectores conservadores pero que diluye la perspectiva democrática del liberalismo en el país, algo que fue denunciado por Jorge Eliecer Gaitán y con lo que sustentó la escisión de su proyecto político del partido liberal, donde tuvo su origen y una de las causas de su asesinato en 1948 y el avivamiento de la violencia partidista que cimentó la Guerra de los Mil días ya en la segunda mitad del siglo XX. Se repite de nuevo la persecución de liberales gaitanistas en cada caserío del país, lo que deriva en la constitución de las fuerzas armadas liberales o guerrillas liberales y, otra vez, la preeminencia de conservadores en la constitución de las fuerzas armadas del país con las que se combate a las mismas. Liberales no gaitanistas y Conservadores en Bogotá optaron por la alternativa de la facilitación de un gobierno militar a través de Gustavo Rojas Pinilla en 1953. Este lapsus facilitó la consolidación del acuerdo interelite conservadora y liberal mediante el conocido periodo del Frente Nacional(1958-1974 donde hubo elecciones con himno nacional en Sutatenza y todo eso de “la fiesta de la democracia” pero que eran amañadas), que bien puede afirmarse, se extiende hasta la actualidad con vaivenes que van de la extrema derecha de Álvaro Uribe que profundiza la guerra a los campesinos y movimientos sociales so pretexto de la Guerra contra las drogas y las guerrillas, a los gobiernos liberales y conservadores al margen de toda reforma política y social, así se cacaree en cada párrafo de sus planes de desarrollo, y que se mimetizan en lo que presentan como diversos partidos en la actualidad, lo que va del denominado partido conservador, partido verde, los partidos evangélicos(una rama del Centro Democrático), partido liberal de Cesar Gaviria al, propiamente Centro Democrático.

Sin duda, el Pacto Histórico ha abierto la puerta a la democratización del país con el gobierno del presidente Petro donde las ejecutorias en cuestión de reactivación del sector productivo sustentado en la recuperación de la Hacienda Pública de manos del bipartidismo como forma de contención del oligopolio frentenacionalista, impulsa la democracia económica conteniendo la fuga de la riqueza en dirección a Wall Street y facilitando la retroalimentación de manera democrática del capital nacional que es un esfuerzo finalmente de la sociedad.

Son vastos los resultados y ya muchos artículos incluso del orden internacional supeditados a la Calle del Comercio en New York (y a pesar de ellos) lo reconocen.  Sin duda, los chulavitas ahora vestidos de grupos narcos siguen a la espera de un vaivén de tantos que ha tenido la historia colombiana para sumir el país en el mundo oscurantista y conservador, y en las manos de los ciudadanos está la oportunidad de evitarlo.

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