2026/03/28

Los diarios económicos y políticos de EEUU no dejan ver la menor molestia ante la megalomanía trumpiana, por lo que de alguna forma se evidencia que contrario a tomar distancia de ello, más bien es una actitud compartida con Wall Street, el verdadero gobierno en la sombra de Washington.

Trump ha hecho referencia, reseñando la Doctrina Monroe con lo que se busca legitimar el control de EEUU sobre América Latina y, de hecho, los titulares de los matutinos aprovechan para relanzarla otorgándole la categoría de doctrina Donroe. Tampoco han mostrado el menor espasmo a la particular idea del inquilino de la Casa Blanca de cambiar el nombre del Golfo de Mexico como Golfo de América(Google Map ya lo reseña así) , intervenir Venezuela y secuestrar su presidente. Más bien, los editorialistas hablan de lo que ello significa para cualquier mandatario o país del mundo que decida elegir un gobierno que no sea del gusto de Wall Street. Los titulares siguen sin empacho ¿Cuba será la próxima?

Resaltan como Trump en sus comparecencias habla de disponer a Marco Rubio como presidente de la mayor de la Antillas, mientras sin contraste alguno, como si fueran una simple caja de resonancia del absurdo,  cuando hacen alusión a una intervención de Mexico, impulsar la independencia de Alberta Canadá, desde donde proviene un importante volumen de crudo en dirección a EEUU, bueno, y yendo un poco más, anexar la misma Canadá, Panamá(que de alguna manera sucedió) o Groenlandia(algo como lo que sucede a Panamá).

Otros “lapsus” incluyen el Estrecho de Ormuz que lo llamó el Estrecho de Trump, más recientemente, o autodenominarse presidente de Venezuela.

En general, como se ha mencionado los medios de comunicación tradicionales en Occidente callan, no ofrecen el más mínimo reparo a las declaraciones del magnate, pese a que  son una oda a la destrucción del derecho internacional, el respeto a la soberanía de las naciones y libertad de los pueblos consignado en el derecho a su autodeterminación, principios que se consignaron en la Carta de la Organización de Naciones Unidas, identificando que su desconocimiento facilitó el desarrollo de las dos grandes guerras totales del siglo XX, que terminó dejando en ruinas a los propios contendores del Viejo Continente o Japón y que son expresión de la perspectiva imperial como deriva del capitalismo y la puerta de escape de las crisis de la tasa de ganancia y de sobre producción.

Nadie discute que los más recientes ochenta años de la historia política del mundo estuvieron cifrados en el orden del colonialismo financiero y fue la puerta de atrás para saltarse los principios de la ONU, sin embargo, su crisis, explica la relevancia de que se recuperen dichos cánones en su esencia original so pena, que lo que se preveía terminada la segunda guerra adquiera de nuevo su curso, que es lo que está a ojos en Ucrania e Irán.  Sin duda, ello implica un sistema internacional que fondee la democracia y que considere un más allá de la historia política de la sociedad humana en el entendido que es una sola y que las fronteras son una creación precisamente de fichas y alfiles para dejar servida una nueva escena para el juego de la guerra.

Así como parecía imposible la creación de una organización internacional como la ONU en medio de siglos de guerras en Europa en la que se cristalizaban sus fronteras actuales en la progresión del feudalismo a las monarquías y las repúblicas, utópica pareciese la perspectiva de constituir una sociedad donde sea la solidaridad y el encuentro de civilizaciones, lo que referencie un gobierno internacional.  Las gentes cotidianamente practican formas de relacionamiento pacífico y de ayuda mutua, no es pues un fenómeno excepcional o ajeno a la humanidad. No hay un policía en cada esquina de las ciudades y son los parámetros naturales y culturales quienes son señorío prevalente en las interacciones sociales, y esto pese a la agresividad que cimenta el modelo económico predominante que incita a la confrontación para la supervivencia.

Tristemente el mundo está sumido en el carácter internacional ya mencionado y sobre la perspectiva que pretende imponer en particular Wall Street y que tiene ribetes de otra gran guerra no imaginada, pero en lo que el pueblo estadounidense y europeo jugará su propio papel como también lo hicieron como extintores del fuego de la conflagración en las guerras totales primera y segunda en el siglo XX y que abrieron el espacio a la caída de los reinos, monarquías y la constitución de repúblicas.

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