La desaparición de la Unión Soviética fue asimilado
por Occidente y en lo que soportó el lanzamiento del neoliberalismo a escala
global, como un modelo que por basarse en la planificación estatal llevó a
la crisis de la economía rusa, la perdida de la competitividad industrial y
tecnológica vinculada a una economía de consumo y finalmente el
cansancio social respecto del proyecto socialista.
La Rusia socialista se pintaba con calles sin luces
de neón, con góndolas en los supermercados con productos definidos más que en
la motivación del consumo por el consumo, en las necesidades de la adecuada
alimentación, la racionalidad en el uso de energía, materias primas y tiempo
libre para l@s trabajador@s, sus familias, la recreación de la inventiva.
-Pensar en la Rusia de los logros aeroespaciales,
en la sanidad, fueron uno de los tres países con EEUU(y eso que con cerebros
traídos de todo el orbe) y China que desarrollaron las primeras vacunas covid, avances
en todo orden de un pueblo aislado del mundo, y que ratifican con la sacada de
cabeza de la verdadera armas de armas occidental con el
bloqueo económico, comercial y financiero, con el que se daba por
liquidada la nación eslava. Rusia mantiene en sus manos la revolución del hierro
y el acero y los materiales más actuales, de hecho la computación, lo que aún
no se expande por el mundo, su sistema satelital propio, el Glonass, una nube
que solo posee China con Beidou, EEUU con el GPS y el Galileo realizado por 27 países de
la Unión Europea, con ayuda de Washington-.
Sin duda, una economía basada en fomentar el
consumo, permite el desarrollo del capitalismo conforme los ciclos del úselo y tírelo,
de la obsolescencia programada con la cada vez menor posibilidad de la
reparación de productos, se intensifican reportando más excedentes y demanda
industrial, en síntesis, el crecimiento del producto interior bruto.
Como decir, que una economía con mayor
planificación y con referente más social que de consumo por consumo, tenderá a
crecer a menor velocidad que una economía de carácter capitalista empresarial.
La estética del consumo por el consumo, recreada por la publicidad, define una
cultura ciertamente atractiva para los humanos. Los concentrados excedentes
económicos en manos de privados, aunque a costa de la desigualdad social
generalizada, apalancan batallas empresariales cada vez más aceleradas por el
comercio incentivando el desarrollo de nuevas formas, empaques y tipos de productos, con el fin de
estimular nuevos gradientes del gasto, de crecimiento y acumulación de capital.
Claro es que las luces de colores del modelo
capitalista proto empresarial, se eclipsa cuando la competencia interempresarial
deriva en el progresivo e inevitable proceso de constitución de monopolios u
oligopolios, y finamente la estructuración de un modelo financiero especulativo,
precisamente el lugar al que llegó el capitalismo corporativo occidental en la cumbre de
la globalización.
Por su parte, el “tornillo sin fin” del
capitalismo empresarial requiere de una constante expansión geoeconómica, nuevos
mercados y recreación de los mismos, y en consecuencia imperialismo, colonización
y guerra de conquista, lo que al interior de los países del Sur Global se ve
reflejado en un capitalismo por desposesión, perdida de derechos ciudadanos y autoritarismo,
y si se piensa en los efectos en a escala propiamente del planeta, la crisis
climática y el cenit de los recursos naturales.
La batalla política del socialismo se perdió en
el orden ideológico, al no incorporar como factor definitorio los factores
ambientales, ecológicos y el sentido constitutivo de lo que ello significa como
protección del hogar común, del planeta, como referente del cuidado de la misma
humanidad.
Si bien en la década de los noventas del pasado
siglo, cuando desaparece la URSS, no era suficiente visible en sus efectos la catástrofe
ambiental planetaria, lo cierto es que ya existían informes suficientemente
sustentados desde comienzos del siglo XX, y que se sintetizó en “los límites del crecimiento” ya en 1972.
En este sentido, desconocer en la ecuación de
la producción capitalista empresarial o de estado, los costos ambientales o
ecológicos de la producción, se soportaba en la extraviada idea de que un río
puede contaminarse de manera ilimitada, o explotarse de manera ilimitada la
tierra fértil sin que ello tuviera efectos en su composición y producción, o
emitirse ilimitadamente gases contaminantes considerando lo perceptiblemente
ilimitado de la atmósfera sin que ello tuviere efectos, algo que también se
aplica a la contaminación de los mares, que un pozo de agua dulce o petróleo se
puede explotar de manera ilimitada sin que se agote(aplica a todos los
recursos)… el largo etc, pero es la crisis multisistémica que está hoy ante los
ojos.
Desafortunadamente solo cuando ciudades enteras
en el planeta(Ciudad del Cabo, Montevideo o Bogotá, más inédito aún por estar localizada
en el mayor páramo del mundo, por nombrar algunas) se ven afectadas por el
abastecimiento de agua dulce, o que los costos de los productos tienden a
crecer por la desertificación o incapacidad de producción de los suelos sobre
explotados, o por que se detienen los procesos de polinización debido a la
contracción de las especies vivas que los procuran debido al uso de agrotóxicos,
la proliferación de fenómenos meteorológicos extremos ligados al cambio del
clima…de nuevo, el largo etc, es que las sociedades comienzan a entender que es
lo que sucede.
Hoy la planificación estatal tan descalificada
por Occidente, pero que soportó su lanzamiento en el caso de EEUU o Europa, reafirma su lugar con el despunte de China y de la nueva Rusia. Eso sí,
EEUU que se desdobla a un capitalismo oligopólico empresarial, una de las
causas de su crisis a lo que habrá que introducir la tendencia al crecimiento económico
ilimitado, y un camino en la actual escena, que, si no hay cambios, tenderá a
reproducirse en el futuro tanto para el caso de Beijing como Moscú.
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