2024/10/22

A causado revuelo la propuesta gubernamental de comprar la hoja de coca como uno de los elementos de la estrategia de intervención del Plateado, para salir al paso al control que sobre está región tiene el grupo armado de Iván Mordisco, que busca ser reconocido como guerrilla, un paraguas que le de legitimidad, tal como lo hacen otros grupos paraestatales como el Clan del Golfo, autodenominándose Autodefensas Gaitanistas.

No hay duda que el ascenso al gobierno de un proyecto político alternativo al frentenacionalismo deja sin piso ideológico a los movimientos insurgentes como el ELN o la Segunda Marquetalia de Iván Márquez.

Sin embargo, todo esto es un proceso. El actual gobierno sigue asediado por los medios tradicionalmente en manos de las élites y por toda su instrumentación, por lo que las guerrillas están a la espera respecto de lo que suceda al gobierno Petro, incluso en las próximas elecciones o, de hecho, lo que suceda del otro lado de la frontera en Venezuela.

Volviendo al tema de la compra de hoja de coca, los cuestionamientos van desde que puede estimular el desarrollo de más cultivos a que dicha propuesta tendrá que extenderse al resto de las regiones cocaleras en el país.

Ahora bien, no puede olvidarse que la economía de la cocaína sigue la función de la oferta y demanda, es decir, hay mercados definidos y estrechos que establecen sus posibilidades, de hecho, la antaño guerra contra las drogas, tampoco ha evitado la progresión de cultivos tras décadas de adoptarse.

La reducción de las hectáreas cultivadas en ciertos momentos y que se han utilizado para justificar las fumigaciones dejan de lado la realidad del determinante económico del mercado internacional de drogas ilícitas, precisamente ahora impactado por el auge del fentanilo y de otros productos alucinógenos menos conocidos. Claro es que esto se impacta por la cascada de incautaciones de alijos(en toneladas) en el país y a nivel internacional.

El cuestionamiento respecto de que debe aplicarse a otras regiones cocaleras y que no habrá presupuesto que aguante, hay que contrastarlo con la idea de que la compra de coca es una propuesta piloto, con la adquisición parcial del producto mientras se estimula el desarrollo de la economía de otros cultivos o negocios legales en dichas zonas.

La compra parcial de cultivos es más bien un mensaje político, donde se explicita el hecho de que el Estado quiere una alternativa económicamente legal para dichas regiones, lo que implica inversiones públicas que, de hecho, 'nunca', o apenas bien parcialmente se han realizado en dichas zonas, un factor que hace la diferencia. No se puede desestimar que el gobierno en ejercicio ha denunciado que se robaron miles de millones de los programas de restitución en el pasado.

De hecho, no hay que olvidar que ciertos grupos paraestatales no solo no se han intentado reducir política y militarmente en el pasado, sino que son parte extensiva del interés de otros gobiernos en Bogotá y que tienen como función la represión a la sociedad.

Se presume que por ser más rentable el cultivo de coca que otros cultivos lícitos hará inviable la propuesta de compra de hoja de coca, pero es contra evidente.

Ya existen antecedentes de otros lugares con cultivos, donde al incursionar la inversión y la presencia militar constante de carácter estatal, los cultivos prácticamente desaparecen.

 Eso sí, debe existir un contraste visible en la acción estatal, como el respeto por los derechos constitucionales ciudadanos respecto de la acción paraestatal de los grupos armados ilegales que disputan el espacio abandonado históricamente por el Estado.

En todo esto resulta contrastante como los medios tradicionales de comunicación como extensión de las élites, con su formato noticioso  adoptado desde el 7 de agosto de 2022, deslegitiman el actuar de la fuerza e instituciones públicas en el Plateado y hasta se han convertido en parlantes de los grupos ilegales, en un juego del todo vale, que se extiende respecto de toda la agenda gubernamental, en cuanto asimilan que esto puede hacer daño a la administración de la Casa de Nariño, un pilar que realmente tiene ecos en el socavamiento del Estado con todos los efectos que eso con lleva, tanto en el presente como en el futuro, y que ratifica el comportamiento de sectores de élite que en el pasado reciente "dejaron pasar" o participaron activamente de la parapolítica, es decir, el cogobierno con  grupos paraestatales, lo que implica la penetración de cada una de las ramas del poder e instituciones públicas.

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