2024/09/24

Según el sitio principal de la Organización de Naciones Unidas-ONU, la sesión de este septiembre convoca a los jefes de estado y de gobierno (193 países) en aras de “explorar soluciones a los desafíos globales interrelacionados para promover la paz, la seguridad y el desarrollo sostenible”.

Lo cierto es que la ONU, logró sentar en un mismo lugar y dispuso un set para el diálogo, dos cosas que no existían en el pasado hasta entonces, a las grandes potencias y en general los países, y que permitió mediante la discusión de intereses la construcción de una legislación internacional, sin duda con sus sesgos, pero que, sin embargo, permitió la solución de controversias y de conflictos. Claro, no todos.

La ONU adquirió dicho poder luego de la segunda guerra mundial, donde las potencias globales quedaron exhaustas -unas más que otras, porque Rusia, o la URSS perdió en dicha confrontación decenas de millones de personas y la destrucción de sus principales ciudades mientras EEUU, con decenas de miles mientras perfiló sus grandes industrias que quedaron intactas protegidas por la distancia a otro continente donde se presentaba la conflagración internacional-, y requerían de un escenario de paz con el que recuperar sus diversas capacidades.

Esto mismo, es lo hizo relativamente funcional la ONU y donde las armas, en general, dieron paso al quehacer del orden internacional en función del desarrollo de las capacidades económicas y tecnológicas de países y potencias, aunque era evidente la ventaja que en estos aspectos concentraban respecto de los demás países la URSS y EEUU.

Ahora bien, el fin de la bipolaridad en 1990, con la implosión de la URSS, a la postre el declive económico y político de Rusia, abrió la era de la unipolaridad o la concesión de facto de la supremacía económica, tecnológica y política a Washington. 

Esta situación al final del siglo XX hizo pensar en el “fin de la historia” y la prolongación indefinida de este periodo en el tiempo, el control absoluto del financiamiento de la ONU y de sus instituciones por parte de EEUU, y finalmente la actuación de Washington al margen de cualquier acuerdo internacional -con Europa Occidental como segundo en el vagón-, para la totalidad de temas para los que fue creada la ONU.

Esta historia es la que explica la extendida erosión de la ONU como escenario de pactos internacionales entre países y potencias, y como en la práctica es el teatro de guerra en Ucrania, Oriente Medio o el Sahel en África, mediante la guerra comercial que EEUU declara a China, su resultado, el que está dibujando el nuevo orden internacional.

Por decir, ya el escenario de diálogo de la ONU, algo previo a las acciones unilaterales entre potencias o países ha perdido funcionalidad mientras el conflicto en diferentes ámbitos cabalga, un escenario también denominado como de guerra híbrida y ya de quinta generación con la transformación de artefactos propiamente de uso civil en instrumentos de guerra, como lo que recién sucede con los equipos con soporte en baterías de litio en Líbano.

Todo esto es lo que explica porque resulta surrealista que se reúna la ONU en New York, entre otros, donde no comparecen los líderes de potencias como China y Rusia (Xi Jinping como rechazo a la prosecución que Washington hace con la Corte Penal Internacional, que tiene como matriz la ONU, a Putin), mientras la escena de la guerra global adquiere mayor profundidad, extensión y complejidad.

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