2023/11/07

 

Paralelo al desarrollo técnico de la humanidad viaja proporcionalmente la evolución de las características de las guerras. Los asedios en tierra con tropas avitualladas con arcos, flechas, catapultas  y caballería en medio de la edad de cobre y el hierro, se transforman a la postre en el uso de armas de fuego,  cañones autopropulsados y gases venenosos con la perfección de la fundición de metales así como de los explosivos, y más adelante con la integración de los misiles guiados  satelitalmente, tanto continentales como intercontinentales, las armas atómicas y biológicas, un desdoblamiento de las capacidades del pasado, que se suman a los nuevos descubrimientos tecnológicos, a lo que habrá que agregar, ahora mismo, si se trata de la afectación de infraestructuras críticas, el corte de la internet.  Esto solo, para pensar en los combates en tierra, pero que con sus propias características se presenta para la guerra en el mar, el aire o el espacio exterior.

¿Ahora bien, es posible imaginar las características de la guerra en el presente? Esta pregunta, parecía resolverse con el desarrollo de las armas atómicas y la realidad de la destrucción mutua asegurada que sobreviene a su uso. Sin embargo, la rotura del mundo unipolar que tenemos a nuestros ojos, de manera fáctica está exhibiendo el escenario por el que se interroga y es que el choque entre potencias ha derivado en guerras como la de Ucrania y, por otro lado, este nuevo teatro hace que toda guerra o tensión en el mundo adquiera representación geopolítica diferencial, si se piensa en el pasado. Sucede con la guerra en torno al rio Dniéper, como se ha mencionado, el Alto Karabaj en Armenia, la situación del Sahel en África o el conflicto palestino israelí recién desatado, casos en el que se está al límite del involucramiento directo de potencias regionales y de carácter propiamente global.

En particular la guerra de Ucrania y lo que sucede en Oriente Medio, bien puede derivar en que se supere el escenario de la guerra proxi o por encargo, y que tropas con estandartes de Estados Unidos, terminen por chocar directamente con ejércitos de Irán, de Rusia y de China, como antesala al previsible uso de las armas nucleares. No es un asunto ni mucho menos que remoto, conocida la voladura de los dos más importantes gasoductos del mundo en el Báltico para el transporte de gas natural de Rusia a Europa, la voladura en dos ocasiones del puente más largo de Europa en el Estrecho de Kerch y los ataques con drones a la propia capital Moscú.

Es decir, la bruma de la guerra esta escenificada y el ataque “sin aparentes responsables” de gran envergadura y en los que se juega un “casus belli” entre potencias está en marcha y en la pirámide de los mayores riesgos de una confrontación salida de control.  Ha dejado de ser cierto que ejércitos pequeños en cantidad, no puedan afrentar una superpotencia, un escenario que fue contenido en la era de bipolaridad por los acuerdos entre Estados Unidos y la URSS. Solo ver lo que sucede con Ansarolá en Yemen, las capacidades que mostró Hamas o que acumula Hezbola.

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