2023/11/18

Mucho se reflexiona sobre que es y que será la economía en el mundo, esto por que de manera imperceptible se están facturando cambios importantes en la producción de bienes y servicios debido al cenit de los recursos o materias primas, la desglobalización y debido a los cambios demográficos, fenómenos que como un todo tomaron celeridad debido a la pandemia.

Un elemento que permite abordar lo que se está presentando, pasa por recordar que una cosa es el capitalismo, que tiene que ver con el crecimiento ilimitado del consumo y la producción de bienes y servicios, y otra muy distinta la economía como tal, relacionada con el intercambio, sin más. Es decir, una sociedad perfectamente puede subsistir en una economía no capitalista, donde el esfuerzo de una sociedad se focalice a su bienestar, mediante economías a escala con bajos gradientes de crecimiento, incluso de decrecimiento económico.

Uno de los factores que determina el capitalismo, como lo conocemos, es el consumismo, lo que deriva en presión sobre los extenuados recursos naturales, un elemento que puede sustituirse por el desarrollo de la perspectiva de sociedades con bajas emisiones de carbono, productos sustentables y durables, al margen de la actual obsolescencia programada y el diseño de ciudades y el mundo del trabajo que redunden en disminuciones de consumo de energía y mejoren la eficiencia de la producción, y a su vez, por que no riñe, con el mejoramiento de la calidad de vida.

Ahora, este escenario que se plantea requiere de una intervención determinante del Estado y de la consciencia y decisión de las sociedades en este propósito, debido a la inercia del capitalismo y los beneficiarios últimos, que por obvias razones se resisten al mismo, y que no tienen en consideración las transformaciones económicas que se están presentando, colocando en riesgo la sustentación y existencia de los mismos países.

De hecho, la producción cada vez se inclina más al formato de la generación de bienes y servicios a la medida, o a demanda, contrario al pasado productivo definido por la oferta, que derivaba en importantes stoks, esto de hecho, está acompañado de medidas que eviten la caída de precios de los productos, conteniendo o recortando la producción de los mismos, algo bien evidente con la explotación de petróleo, pero no es lo único, casi todo se está ajustando a esta nueva dinámica, por lo que la esperada reducción de los precios, que normalmente se adjudica a la inflación, probablemente no sucederá, lo que no quiere decir, que no se presenten fluctuaciones importantes de precios. Agregar que, como efecto, hoy hay destrucción de la demanda por el alza de precios y dicho proceso continuará.

El capitalismo, ha pervivido enfrentando la crisis misma que suscita y que tiene que ver con la crisis de la tasa de ganancia y de sobreproducción, derivada de la concentración de la industria en los países centrales,  y algo que se ha sabido mitigar mediante el imperialismo, o de otra forma la expansión geoeconómica de los mercados, la profundización de la ganancia a costa de los salarios y las revoluciones tecnológicas, pero un fenómeno que entra en crisis debido a la fragmentación en curso de la globalización, una vuelta atrás a la tuerca en donde se observa un Estados Unidos que busca, todavía sin lograrlo, un proceso reindustrializador a costa de China, en lo que se juega su ultima carta con emisiones adicionales de dólares, y el orden económico en torno a Beijing y una constelación de potencias económicas regionales, en Medio Oriente, América Latina, África y la misma Europa.

Ahora, las factorías que producen para el mundo ya están aquejadas de su propia crisis de tasa de ganancia y de sobreproducción, y ya se ha copado el orden geoeconómico propiamente global. Duplicar dicha capacidad, como lo intenta EEUU, no hará si no profundizar dicho fenómeno, a más de que hay que agregar, que el desarrollo industrial que pretende Washington, tendrá que enfrentar una producción consolidada, competitiva y tecnológicamente avanzada de China. La idea de recrear una economía global basada en la producción de bajas emisiones carbono, la electrificación del transporte o las tecnologías digitales, que ha intentado EEUU, ha recibido una respuesta desarrollista superior por parte de Beijing, lo que cierra el camino de nuevo a Occidente.

Es decir, EEUU intenta su recuperación industrial en medio de un mercado de producción saturado, pero duplicar capacidades en este sentido, no hará si no acrecentar la crisis capitalista actual.

Esta puja entre titanes en medio de la crisis de los recursos y de los límites geoeconómicos del sistema mundo capitalista, dejan en el pasado la idea de que los mercados globales representan seguridad y abundancia de suministros, y estamos hablando de elementos existenciales como agua dulce, alimentos cotidianos  o energía, y que la garantía en el acceso a los mismos ya no se sustenta en el comercio exterior y la obtención de dólares, si no en medidas más heterodoxas y soportadas en las propias capacidades territoriales de los estados, una especie de sustitución de importaciones en periodos de guerra y conflictividad internacional, a más de la adopción de otras medidas ya planteadas, como las relativas al cambio cultural asociadas al control del consumismo.

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