Mucho se reflexiona sobre que es
y que será la economía en el mundo, esto por que de manera imperceptible se
están facturando cambios importantes en la producción de bienes y servicios
debido al cenit de los recursos o materias primas, la desglobalización y debido
a los cambios demográficos, fenómenos que como un todo tomaron celeridad debido
a la pandemia.
Un elemento que permite
abordar lo que se está presentando, pasa por recordar que una cosa es el
capitalismo, que tiene que ver con el crecimiento ilimitado del consumo y la
producción de bienes y servicios, y otra muy distinta la economía como tal, relacionada
con el intercambio, sin más. Es decir, una sociedad perfectamente puede subsistir
en una economía no capitalista, donde el esfuerzo de una sociedad se focalice a
su bienestar, mediante economías a escala con bajos gradientes de crecimiento,
incluso de decrecimiento económico.
Uno de los factores que
determina el capitalismo, como lo conocemos, es el consumismo, lo que deriva en
presión sobre los extenuados recursos naturales, un elemento que puede
sustituirse por el desarrollo de la perspectiva de sociedades con bajas
emisiones de carbono, productos sustentables y durables, al margen de la actual
obsolescencia programada y el diseño de ciudades y el mundo del trabajo que
redunden en disminuciones de consumo de energía y mejoren la eficiencia de la
producción, y a su vez, por que no riñe, con el mejoramiento de la calidad de
vida.
Ahora, este escenario que se
plantea requiere de una intervención determinante del Estado y de la
consciencia y decisión de las sociedades en este propósito, debido a la inercia
del capitalismo y los beneficiarios últimos, que por obvias razones se resisten
al mismo, y que no tienen en consideración las transformaciones económicas que
se están presentando, colocando en riesgo la sustentación y existencia de los
mismos países.
De hecho, la producción cada
vez se inclina más al formato de la generación de bienes y servicios a la
medida, o a demanda, contrario al pasado productivo definido por la oferta, que
derivaba en importantes stoks, esto de hecho, está acompañado de medidas que
eviten la caída de precios de los productos, conteniendo o recortando la
producción de los mismos, algo bien evidente con la explotación de petróleo,
pero no es lo único, casi todo se está ajustando a esta nueva dinámica, por lo
que la esperada reducción de los precios, que normalmente se adjudica a la inflación,
probablemente no sucederá, lo que no quiere decir, que no se presenten fluctuaciones
importantes de precios. Agregar que, como efecto, hoy hay destrucción de la demanda
por el alza de precios y dicho proceso continuará.
El capitalismo, ha pervivido
enfrentando la crisis misma que suscita y que tiene que ver con la crisis de la
tasa de ganancia y de sobreproducción, derivada de la concentración de la industria
en los países centrales, y algo que se ha
sabido mitigar mediante el imperialismo, o de otra forma la expansión geoeconómica
de los mercados, la profundización de la ganancia a costa de los salarios y las
revoluciones tecnológicas, pero un fenómeno que entra en crisis debido a la fragmentación
en curso de la globalización, una vuelta atrás a la tuerca en donde se observa
un Estados Unidos que busca, todavía sin lograrlo, un proceso
reindustrializador a costa de China, en lo que se juega su ultima carta con
emisiones adicionales de dólares, y el orden económico en torno a Beijing y una
constelación de potencias económicas regionales, en Medio Oriente, América
Latina, África y la misma Europa.
Ahora, las factorías que
producen para el mundo ya están aquejadas de su propia crisis de tasa de ganancia
y de sobreproducción, y ya se ha copado el orden geoeconómico propiamente global.
Duplicar dicha capacidad, como lo intenta EEUU, no hará si no profundizar dicho
fenómeno, a más de que hay que agregar, que el desarrollo industrial que
pretende Washington, tendrá que enfrentar una producción consolidada, competitiva
y tecnológicamente avanzada de China. La idea de recrear una economía global
basada en la producción de bajas emisiones carbono, la electrificación del
transporte o las tecnologías digitales, que ha intentado EEUU, ha recibido una
respuesta desarrollista superior por parte de Beijing, lo que cierra el camino
de nuevo a Occidente.
Es decir, EEUU intenta su
recuperación industrial en medio de un mercado de producción saturado, pero duplicar
capacidades en este sentido, no hará si no acrecentar la crisis capitalista
actual.
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