Mucho se habla de la necesidad de mantener la
política de reducción del déficit del Fondo de Estabilización de los
Combustibles, lo que deriva en incremento en el precio doméstico del galón de
gasolina, por hablar de uno de los subproductos del refinado del petróleo y, en
ello coinciden, casi que, de manera excepcional, tanto gremios como gobierno
nacional, si se piensa en otras propuestas como salud, pensiones o tierras,
pero en lo que vale la pena detenerse.
La producción y comercialización del petróleo, opera de manera similar a la generación de cualquier otro producto que se comercializa en el país. Hay unos costos relativos al acceso a la materia prima, en este caso, el petróleo crudo; luego aquellos asociados con la obtención del producto terminado, es decir, los derivados que se alcanzan con el uso de una refinería y, finalmente, los costos de distribución, impuestos y ganancias, para pensar esto de manera simplificada.
Conocido ello, por las variables que están implicadas en esta ecuación, hay tantos valores posibles de los combustibles, como eficiencia involucrada en los procesos de la cadena de producción y comercialización, o, de otro lado, por las ganancias que se establezcan o los impuestos que se adopten.
Para recabar sobre que la economía del petróleo no deriva en costos universales, hay que reconocer, que la calidad de petróleo varia como pozos existen a escala global, lo que deriva en mayor o menor eficiencia en la producción de gasolinas, algo que también está asociado al envejecimiento de los campos, la disminución de la calidad del producto extraído, o la adopción de medidas como inyección de agua para exprimir las bolsas de crudo. El carácter de la explotación, es decir, si es a una mayor o menor profundidad, que tan remotas son las explotaciones de centros de producción y de consumo, si es en alta mar…etc. Todo que impacta, el valor final del crudo obtenido.
Esto hace que los “precios internacionales” o valores semejantes en cualquier lugar del mundo no existan, y lo que debe reconocerse es que hay valores máximos para dicha explotación que resultan competitivos, por lo que habrá hallazgos que no son comercialmente desarrollables. De otro lado, mientras más económico resulte la explotación de este recurso, más rentable es el mismo, o, de hecho, puede venderse a menores precios en el mercado local, lo que sucede en países productores del Oriente Medio, como fórmula de control de la inflación, y con políticas bien definidas, estimular el desarrollo productivo.
Para colocar un ejemplo local. Si la ampliación de capacidades de la refinería de Cartagena dejó un hueco multimillonario al Estado (que vio incrementar el costo del proyecto de 3.700 millones a 8.016 millones de dólares), a efectos de temas de corrupción, igualmente el galón de gasolina que allí se produzca terminará “estabilizado” mediante financiamiento del Estado, quien finalmente determinará según sus propios escenarios, cual es el precio comercial a que se vende el galón de gasolina allí producido. Es decir, el Estado asume las perdidas en cuestión de corrupción de este proyecto y no se ve reflejado en los precios al consumidor y puede, borrando esto, como si fuere posible, decir, que igualmente el precio del galón que allí se produzca debe ser el precio internacional, o incluso uno de carácter local.
Dicho esto, lo que sucede, es que las potencias occidentales han impulsado en países con reservas bajo su influencia, a través de organizaciones internacionales, la adopción de fórmulas de precios de los combustibles, obligando a que su valor local tenga como referencia el precio internacional, que, por un lado, vuelva dependiente la financiación de los estados a través de los precios domésticos, derogando de facto el desarrollo de otros sectores productivos nacionales que lo pudiesen hacer y equilibrar los ingresos estatales. Y por el otro, bien importante, incentive la exportación de petróleo crudo. Por su puesto, una política de reservas estratégicas para el futuro, no existe en estas previsiones.
Recordar, que centralidades geoeconómicas globales como Europa Occidental o la misma China dependen de importaciones de crudo, debido a una débil existencia de petróleo en sus suelos. Incluso, el mismo Estados Unidos ha dependido históricamente de la importación de petróleo, algo que en décadas recientes ha cambiado, debido a su incursión en la explotación mediante la tecnología del fracking, que, de hecho, es un petróleo más costoso en su desarrollo si se le compara con la producción de petróleo convencional, esto sin hablar de los extrapolables costos ambientales.
Esto para evidenciar la aleatoriedad con que se manejan los precios de los combustibles. De hecho, las fórmulas de los precios de los hidrocarburos, tiene que ver tanto con un modelo, como se ha mencionado, que orienta la actividad petrolera a la exportación de suministros como por la privatización parcial o total de empresas que desarrollan el mercado del petróleo; la una vinculada con una matriz económica del país dependiente de exportaciones de combustibles fósiles y que relega el desarrollo nacional de otros bienes y servicios, y la otra, asociada al requerimiento de cada vez mayores ganancias por parte de empresarios privados o del mismo Estado, para financiar su actividad.
De hecho, del total del valor de un galón de gasolina que se expende en estaciones de servicio en Colombia, el 57% es captado por Ecopetrol S.A, una empresa mixta y 23% es un impuesto que va con dirección a las cuentas del Estado.
Para culminar con un tema de coyuntura, la explotación de petróleo en Venezuela por parte de Colombia a través de Ecopetrol S.A, tal cual como lo hacen países como Estados Unidos o China, es una oportunidad para desarrollar una política de reservas estratégicas del escaso petróleo que existe en suelo colombiano. Recordar que pese a la exploración que por décadas se ha realizado en Colombia, seguimos dependiendo, de pozos con más de un cuarto de siglo de producción, lo que evidencia el hecho de que el país no es un país petrolero o con reservas de consideración, si se le compara con las que posee Venezuela, Arabia Saudita o Rusia.
Ahora, si de riesgos en los negocios se trata, no hay forma en la que puedan evitarse. Sucede con las inversiones de China en Argentina, en medio del ascenso de Milei. La situación de los suministros de gas y petróleo de Europa Occidental con Rusia, las inversiones de Estados Unidos en Iraq, o en el mismo Venezuela…etc.
De otro lado, como lo relacionan países de Europa Occidental, adelantados en políticas de transición energética, la misma, se realiza basada en fuentes fósiles, calculando una reducción de su consumo mientras se traza y lleva a cabo, la sustitución ordenada y posible con energías limpias, toda vez que mediante la adopción de medidas urbanísticas, de planeación y de transporte, ciudad de proximidades, por ejemplo, e incentivando el uso de la movilidad férrea eléctrica.
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