Cuando alguien se sube a un
tren, solo al comienzo percibe que está andando. Sin embargo, ello no obsta que
así lo haga: que cruce accidentes geográficos, ondee llanuras, montañas y
desiertos, así pocos se percaten de ello.
Y es lo q ha sucedido, a escala mundial después de desatada la guerra en Ucrania.
La aceleración de los acontecimientos es constante, igual que las declaraciones amenazantes, cada quien, a su manera, desde cada lado. Eso sí, buena parte de ellas, en un tono disonante, si se les compara con las declaraciones, de antes de la guerra, algo que viaja paralelo al estrechamiento en las relaciones entre China y Rusia, ahora pan de cada día, en órdenes económicos y militares.
Por su parte, parecía inconcebible una retórica de la guerra, tan abierta, como la que efectúa Europa Occidental. Tampoco que pasara de inclinar la balanza del fomento a la paz mundial, el ecologismo y la cooperación internacional, para enfocar sus esfuerzos y ojos en Ucrania, esto tanto para el caso de la política interior como exterior.
Lo que agudiza el escenario, es que se presenta en medio del cénit de los recursos naturales, incluyendo el agua dulce, a lo que se suma el cambio climático, todos frentes de batalla, difícilmente asumibles en medio de la conflagración armada europea.
La situación respecto de China, no es menos trepidante. Y el pulso entre Beijing y EEUU, toma su propio camino, que ha pasado de la retórica estadounidense en la que ampara la independencia de Taiwan, exhibida con fluctuaciones, por décadas, la ya recientemente seguidilla de visitas de altos representantes de Washington, a la venta de armas a la ínsula y apoyo militar expreso.
Los efectos en la economía internacional, no han dado espera, por su puesto. Son ya conocidos los vetos al 5G chino por parte de Occidente y las presiones a las grandes tecnológicas que tienen asiento en la potencia oriental, como Huawei o Tick Tock. Se ha pasado de restringir servicios de Google a empresas de smartphones chinas, a vetos a la venta de chips, y al apalancamiento de empresas que produzcan exclusivamente en EEUU vehículos eléctricos, como en el caso de la multimillonaria ley de la inflación, que beneficia directamente a Tesla, y que deja ver la estrategia estadounidense de hacer lo imposible, por reflotar sus multinacionales, al punto de dejar sobre la mesa, un nuevo ciclo de emisiones de dólares, el agravamiento de su déficit comercial y el incremento de su deuda, lo que no hace más que augurar el que la inflación que recorre el mundo, se plantea duradera.
La reciente visita de Janeth Yellen, Secretaria del Tesoro, a Beijing, exhibe la idea estadounidense de un desacoplamiento delineado desde Washington, la única dificultad, es que dicho proceso es también definido por la propia China. Y tiene como recrearlo.
Washington busca que China revalúe su moneda con el fin de volver competitiva la producción nacional en EEUU, pero Beijing, la factoría global, lo que incluye los productos que las multinacionales de EEUU producen y comercializan en el mundo, tiene suficiente espacio económico, para producir y vender con un yuan debilitado, respecto al dólar, lo que riñe con las expectativas de la Unión Americana.
La ventaja productiva de China, que se ve reflejada en su superávit comercial, entrega, por su parte, ingentes recursos en dólares al gigante oriental, para establecer a su gusto la tasa de cambio dólar yuan, un poder blando, que no tiene como enfrentar Washington desde la órbita meramente económica.
Los efectos de esta batalla de Titanes, se siente al interior de EEUU, un país que sobreagua las tensiones domésticas, que ya impacta el escenario sociolaboral, con implicaciones en el auge de la xenofobia y de los partidos de extrema derecha. -un fenómeno, con alcance en todo el Occidente desindustrializado-.
A todo lo anterior, hay que agregar la respuesta propiamente militar. AUKUS y la OTAN del Pacífico, con centralidad en Australia y Japón, que involucra despliegue y construcción proyectada de submarinos nucleares y maniobras con portaviones, lo que conecta con una intensificación de ejercicios militares de las grandes potencias, que tiene que ver con la reactivación de los ejércitos desmovilizados en la posguerra(segunda guerra), en general, en Europa Occidental y Japón.
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