Contrario a la
crisis del año 2007, cuando aún era incontestada la hegemonía estadounidense,
donde la economía mundial se dinamizaba en el contexto de la deslocalización
industrial de Occidente en China, no existía un choque sistémico y militar
entre Occidente y Rusia, China financiaba a EEUU mediante la compra continuada
de títulos del tesoro americano; la economía no estaba lastrada por los efectos
de una pandemia, o una mayor perspectiva del cenit de los recursos, ni existía
un asedio internacional al dólar, hoy la situación de salida a la crisis
financiera global no parece inclinarse a fórmulas del pasado, como un nuevo
proceso de apalancamiento o emisiones sin respaldo.
De hecho, en
Occidente, la tentación orientada a impulsar una nueva ola de emisiones de
dólares, o incluso, encarar la disminución o estancamiento del incremento de
las tasas de interés, enfrenta la realidad de elevar a un nuevo escaño la enfermedad
de la inflación y animar un nuevo ciclo de crisis peor que el actual.
¿Qué opciones
quedan?
Sigue siendo un
interrogante. Sin embargo, para contener
una crisis 2.0 a la usanza de la de los años treintas, del pasado siglo, se ha
optado por “congelar” el fenómeno, paralizando las cotizaciones en bolsa de la
banca que se ha precipitado en sus valores, u otras entidades han visto como
los organismos de regulación toman control de las mismas.
Por detrás de la
escena, como suele suceder en las crisis de gran envergadura, se ponen en
marcha todo tipo de medidas heterodoxas de capitalización emergente o subastas.
Ahora bien, las
crisis económicas en Occidente, rutinariamente han buscado salidas en la
guerra, sea para la captura de recursos, mercados o de países mismos, una
arista que, en el actual ambiente de crispación geopolítica, adquiere ribetes
insospechados.
Observe otras publicaciones relacionadas.
Para conocer el minuto a minuto de la crisis internacional, visite nuestro registro de noticias en Facebook.
