2023/01/13

La guerra híbrida es un continuum en la historia de la humanidad y tiene que ver con la evolución tecnológica.  Cada época se ha visto sorprendida por la aparición de un nuevo equipo o desarrollo técnico que termina involucrado en la guerra, por lo que la guerra siempre será algo diferente a lo previsto por la historia de la misma hasta entonces. Las naves a vela, fueron presa de los barcos a vapor; los barcos propulsados por combustibles fósiles por los submarinos. La caballería por los tanques de guerra, estos a su vez, por la aviación, los misiles o, ante nuestros ojos, por los drones; la espada por las armas de repetición, por los gases venenosos o armas biológicas.

Suena desastroso, pero esa es la evolución de la guerra. Por ejemplo, EEUU uso dos veces el arma atómica contra población civil en Japón durante la Segunda Guerra Mundial, en el mayor desafío respecto del ataque a la moral de un enemigo en la historia humana.

Ahora bien, desde el punto de vista del teatro de la guerra, y hay que resaltarlo, el desarrollo misilístico ha vuelto la escena de guerra en una de carácter global y esto en combinación con el avance de la tecnología nuclear, nos coloca en el terreno de la destrucción mutua asegurada del planeta, cuando se presente una confrontación que involucre a Estados Unidos, Rusia o China, y los impactos planetarios de la guerra no se quedan ahí.

De hecho, la economía o las comunicaciones tienen centralidades que de afectarse derivan en un impacto global a las mismas, con efectos ineludibles si se piensa en el ámbito local.

Suele suceder, que por una situación ser inédita resulta incomprensible y difícil de asimilar como comparación de eventos que se suceden en el pasado, y ello acontece también con la guerra.

Hoy estamos por ello con un fenómeno inédito de una guerra que focalizada en un teatro militar de Europa, ha implicado factores económicos, políticos y comunicacionales de orden verdaderamente global y a la velocidad de la luz. Internet y los sistemas de navegación basados en los satélites, la brújula moderna, se presentan como la nueva frontera de la confrontación, con formas y efectos apenas por revelarse, pero no por desconocidos por la opinión pública general, no estudiados como arma militar por todos los actores involucrados