2022/12/03


Clave: Hacia un modelo capitalista que induzca el desarrollo de capital humano.

El capitalismo monopólico, que deriva en una élite u oligopolio, como se dice, dedica todo su esfuerzo en controlar el Estado, porque es través de instrumentalizar este que se impone a los demás competidores empresariales.  Por supuesto, la captura del Estado es algo progresivo.

El bipartidismo en Occidente, es una burbuja política que igualmente tiene como propósito evitar que sectores diferentes al “frente nacional” mezclen, democraticen los factores de producción y, de otra forma, ralenticen la consolidación de élites y oligopolios económicos. Así que la política tiene todo que ver con la economía. De otra parte, en la configuración de los oligopolios, los modelos económicos, representan la mecánica de perfeccionamiento y “establecimiento” de las élites en la economía y la administración del Estado.

El neoliberalismo, por ejemplo, buscaba dejar sin herramientas ciertas al Estado para la regulación del mercado, que eran las empresas estatales, o sectores económico productivos cuya explotación era definida +únicamente por y para el Estado. De esta forma, el Estado quedó exclusivamente con una función reglamentaria, normas erigidas desde los parlamentos o la constitución, para regular el mercado.  

Así las cosas, se consolidan los oligopolios locales, y con eso del “trato nacional” a inversores externos o multinacionales, las grandes empresas de los países centrales parten el pastel, si se piensa en las posiciones económicas del Estado

Al final, los oligopolios nacionales se fortalecen, pero estos, a su vez, son afectados por las multinacionales.

Por su parte, las instituciones estatales destinadas a regular por normas el mercado, se convierten en el mecanismo para disuadir y ahogar otras empresas que entren en competición al margen de empresas de élites locales o internacionales, mientras los recursos de inversión del Estado, se redireccionan a los negocios de oligopolios domésticos y multinacionales.

Por eso una economía basada en el oligopolio local o internacional, ahoga las bases mismas del capitalismo, que es la competencia entre empresas, soportada en la clave de producir, del mejoramiento en la prestación del servicio o el producto, y a menor costo. Así las cosas, el Estado y sus recursos traducen por excelencia la subvención oligopólica. Es en lo que estamos.

Puede pensarse que la competencia entre empresarios no monopolistas, por eso de hacer más eficaz una función a menor costo, con lleve a una reducción de salario, empero lo que demuestra el mismo capitalismo, es que esta competencia, al realizarse incluso con control de salarios por parte del Estado, deriva en un mejoramiento de la productividad soportada en el desarrollo de mecanismos afinados de producción y desarrollo de tecnología.

Una perspectiva de este tipo se vuelve solidaria con el interés empresarial, con el desarrollo de la educación y el bienestar de la fuerza laboral, que permita desatar la creatividad en todos los niveles.

Este escenario convierte al Estado en un semáforo que redirige la estatalidad al fomento de esta tendencia, es decir, a evitar el monopolio, apalancar la creación de nuevas empresas, establecer mercados para su proyección y corregir comportamientos que afecten el desarrollo de capital humano, base del proceso.

 Es hacia donde se debe redireccionar el que hacer del Estado, como lo conocemos actualmente en Colombia. Sin duda, es un proceso que tiene una etapa de protección de la empresa nacional hasta que logre un desarrollo que le permita competir internacionalmente.