Uno de los mayores logros del capitalismo estadounidense
fue conjurar los efectos económicos de la acumulación de deuda que se produce
al abocar una guerra a gran escala, en específico el ciclo inflación-deflación, como lo que sucedió hasta la Primera Guerra
Mundial. EEUU subsana dicho efecto para la Segunda Guerra Mundial, la guerra de
Corea, la guerra de Vietnam, la primera y segunda guerra del golfo, Siria y
Libia.
Este fenómeno, hizo pensar en la galvanización
que la economía estadounidense adquiría, al punto de concebirse como una hegemonía
perpetua, una especie de inmunidad a los efectos económicos que trae la guerra y que cobró la estabilidad y condujo a la caída de
los imperios en el mundo, desde Roma. Era “El fin de la historia”.
Sin embargo, las bases de sustentación
geopolítica de este fenómeno fueron dejadas de lado, en particular, los
resultados de las guerras. Es decir, las victorias en la guerra contrario a
producir efectos económicos adversos, traducen una capitalización económica, una
verdad de perogrullo. Por su parte, la expansión económica y las revoluciones
tecnológicas, también juegan un papel esencial para comprender el como EEUU,
salva los muebles en las guerras de suma negativa, es decir, donde sale con
algún nivel de afectación económicamente hablando.
Pero, son todos estos factores; expansión,
desarrollo tecnológico, victorias, los que están precisamente en el tapete en
este momento. La progresión capitalista estadounidense en Eurasia, enfrenta hace un par de décadas el auge económico
de esta región, capitaneada por China y, a su vez, debe asumir el desafío militar
en la guerra, ya con Rusia en la actualidad. De hecho, puede considerarse en el
nivel de adversidad, para Estados Unidos, lo acontecido en Siria, Yemen, el
bloqueo a Venezuela y lo sucedido recientemente con Afganistán.
