La historia reciente dice que
Colombia no tiene tradición en cuestión de movimientos alternantes que
luego repercutieran en gobiernos, en la administración del Estado, un fenómeno que a
comienzos de siglo se presentó en Ecuador(Correa), Brasil(Lula), Venezuela(Chávez),
Uruguay(Mujica), Argentina(Kirchner), Bolivia(Morales), Paraguay(Lugo). De
hecho, en Colombia para esta época estuvo, por ejemplo, Álvaro Uribe.
Es particular, década a década,
sobreviene un modelo o la profundización del mismo, y que promete la redención a
los países de la periferia. Un caso emblemático
del siglo pasado, fue los Ochentas con la “laissez faire”…dejen hacer, dejen
pasar, un mecanismo para el endeudamiento de los países
evitando sus posibilidades de desarrollo productivo; el resultado, luego que
los dineros se hubieran “evaporado”, la crisis de la deuda, y luego de
arrodillado el Estado, pues lo demás a pedir de boca; mercados, facilidades
a la importación para beneficio de multinacionales, enajenación de empresas
estatales, o privatización de los servicios
prestados por el Estado. Un festín para salir al paso a los ciclos de crisis de
la tasa de ganancia o de sobreproducción capitalista, y que concluye con una
transferencia del actuar y de los recursos del Estado al privado, local o internacional…y
esto habla, a su vez, de la necesaria flexibilización laboral.
En los noventas la exuberancia
estuvo a tono con el mostrado auge de las bolsas, las megafusiones y
adquisiciones empresariales, una etapa del proyecto globalizador. Era la época
en que se mostraba que existían empresas que “valían” más que muchos Estados,
en un comparativo del PIB respecto del valor de las multinacionales. Se hablaba
precisamente del “fin de los estados nación”. Pero esta década no fue muy
diferente a la anterior. En este caso la lluvia de dólares de préstamos provino
de los permisos de uso de los recursos de los fondos de pensiones a
nivel global, administrados desde Wall
Street. De nuevo se repitió con las crisis de deuda y financieras…y los milagros
económicos terminaron en pesadilla con la crisis asiática, el Efecto Vodka,
Tango, Samba o Tequila…El UPAC, ya se sabe en donde.
A la crisis de los noventas, y
esto tiene que ver con lo se comenzaba la columna, ya entrado el siglo XXI, sobrevino
una ola de proyectos políticos alternativos en América Latina, que de hecho se
oponían a las negociaciones del Tratado de Libre Comercio para las Américas-ALCA,
que en esta ocasión prometía mercados en EEUU a cambio de mercados en los países
de la periferia, colocando en competición multinacionales con estados y empresas
locales. Pelea de toche con …. Vale decir, que el movimiento Latinoamericano
contuvo el avance del ALCA y lanzó sus propias instituciones regionales en respuesta,
como Unasur y derivó en escenario de disputa instituciones comerciales como la
Comunidad Andina o el Mercosur. También se estimulo el desarrollo de la
multipolaridad en el mundo, un fenómeno que aunque en marcha, apenas abría los
ojos.
Claro, a esto prosiguió ya en la segunda
década del Siglo XXI: bloqueo a
Venezuela, golpe parlamentario en la
Brasil de Dilma, en la Paraguay de Lugo y en la Bolivia de Morales. Bolton ha
reconocido intentos de golpe en Venezuela.
Ahora bien, hoy estamos en que la pandemia agudizó la crisis de la lastrada deuda de los países del tercer mundo, que en medio de la crisis de los bipartidismos, el desempleo, la informalidad laboral y el incremento de la pobreza, agitó el péndulo político de nuevo en Latinoamérica con la sorpresa de Colombia(Petro), Perú(Castillo) y Mexico(AMLO), y los que mantienen de alguna forma una continuidad con Brasil(Lula), Argentina(Fernández), Chile(Boric), Bolivia(Arce), Venezuela(Maduro), contexto que se entrecruza con procesos de consolidación de los BRICS(donde está el área capitalista más dinámica en el momento), grupo al que aspira a ingresar formalmente Argentina. No olvidar que Perú tiene TLC con China
Quizás si el gobierno colombiano
de hoy fuera de derechas, estaría en marcha un escenario semejante al actual
que se vive en Ecuador. Ataques
terroristas en zonas sensibles, restricciones a los derechos civiles y en medio
de la crisis de la deuda, una terapia de choque con reducción de gastos sociales
y reforma fiscal, pensional y laboral regresiva, de seguro con estallido social
y la respuesta desde el Estado y FFMM a la usanza del gobierno Duque.
Hoy por hoy, tenemos un Estados Unidos
con dificultades económicas locales y una guerra internacional abierta. También
una Colombia con una inflación de consideración y el requerimiento del avance de
procesos democráticos, en lo que ha avanzado el gobierno Petro, y en temas
propiamente económicos y relativos a la propuesta de reindustrialización obligada
por los altos precios de las importaciones, con todos los efectos
macroeconómicos negativos que ello suscita, algo que previsiblemente se
agudizará.
Sin duda, la meta económica y de
otra forma, social, requiere de ingentes recursos, y hay opciones abiertas, pero
la ventana de oportunidad es eso, un tiempo que está contando.
