2022/11/18

La palanca arquimedeana de la política global parece retornar a la demografía, con el reposicionamiento de China que se proyecta volver al cetro económico mundial después de  cuatro siglos. Bueno, algunos cálculos hablan de que ya es la primera potencia económica mundial.

De hecho, China, en el siglo XVI, era la potencia global incontestable comercialmente hablando, sustentada en la realidad de concentrar el desarrollo económico en la cuarta parte de la población mundial, que ocupaba su territorio.

De recordar, que la Dinastía Ming, en 1405, mucho antes de imponerse la acción colonial española y europea en América, poseía los mayores navíos para la época con los que comercializaba sus productos por el sudeste asiático hasta las riberas del Océano Índico.

A la postre, la resistencia de los gobiernos chinos de expedir papel moneda y basar su sistema monetario en plata, permitió el flujo comercial del metal extraído por los europeos desde América, cruzando el orbe, hasta China, fomentado todo tipo de comercio entre Asia y el Viejo Continente.

China, si se observa el histórico desde el año cero, ha mantenido la primera posición a escala mundial en lo que respecta a la población nacional. Sin embargo, la sola palanca “con que mover el mundo” de la demografía, perdió brillo debido a las guerras tanto internas como internacionales, a las que la potencia asiática se vio sometida, un desafío que lastró su sustento tecnológico y permitió el ascenso político e imperial de potencias de Europa, primero, y luego del propio Estados Unidos.

El Viejo Continente, si se considera su conjunto, supera económicamente a China a inicios del siglo XIX, y los Estados Unidos hacen lo mismo a finales del mismo.

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