La batalla por el mundo en el siglo XX, se dio como conflagración
entre potencias capitalistas durante la Primera Guerra Mundial, como contención a Alemania, Japón e Italia, durante la Segunda Guerra Mundial, la punta de lanza capitalista global para entonces y, adquirió un
nivel de equilibrio, es decir, alejó las posibilidades de una nueva guerra de
gran escala, con la guerra fría, o de otra forma, el pulso capitalismo,
comunismo-socialismo, para volver con sorpresa, en la actualidad, con
determinantes similares a los entrecruzados durante la Primera Guerra Total,
una alegoría al “eterno retorno” griego, que se soporta de nuevo en estados nacionales,
lo que también tiene que ver con culturas no occidentales, que pese a la
globalización mantienen identidad propia y buscan una nueva representatividad
en el mundo, algo que fue denegado por Estados Unidos o el Viejo Continente.
La bipolaridad prefiguró una batalla ideológica entre
socialismo y capitalismo; la URSS se concentró en algo más de una docena de
países en Eurasia, mientras Occidente cabalgó a sus anchas por el resto del
mundo, lo que facilitó al dólar convertirse en moneda de cambio global, un hito
en la historia económica de la humanidad.
¿Pero por qué la URSS concedió tal ventaja estratégica a Occidente?
Bueno, la respuesta se encuentra en el Manifiesto Comunista de Karl Marx y
Friederich Engels, en el que se consideraba que la revolución comunista era “inevitable”
y sobrevenía al propio desarrollo capitalista. El capitalismo, se establecía,
tendía a la laboralización, la explotación del hombre por el hombre, y la conciencia
proletaria haría lo restante.
Ahora, si bien teóricos como Marx y Engels consolidaron el
entendimiento de la lógica que comporta la economía en torno a la actividad
humana, las derivas del que hacer con la riqueza producto de la economía, jugó una mala
pasada a las predicciones del cientificismo marxista,
puesto que sus presupuestos al respecto del Manifiesto, fueron relegados por el
atractivo de la concentración de la riqueza, un fenómeno que en cualquier caso no
encuentra límites.
