2022/10/25

Más allá de la discusión sobre la transición energética, lo cierto  es que hoy por hoy cada país del mundo esta batallando por el acceso a los combustibles fósiles, un factor que sella el desarrollo de la humanidad y que está ligado a la dinámica de la economía tanto por el nivel de consumo, como por la afectación que los altos precios del crudo efectúa sobre las cuentas nacionales, a favor o en contra, según se sea un exportador, se tenga abastecimiento local, o se dependa totalmente de suministros.

Estados Unidos relanza su estrategia hegemónica, conforme desata su carrera meteórica en torno a la producción de combustibles no convencionales, lo que le permitió a la Unión Americana salir al paso a la crisis financiera del año 2008, disminuyendo progresivamente sus importaciones petroleras, debilitando la Organización de Estados Productores de Petróleo-OPEP, e incluso, mediante exportaciones de crudo, regular el precio global.

Estados Unidos parte en 2008 con una producción diaria de 7,8 millones de barriles, para escalar a  19,3 millones de barrilles durante 2019, sin embargo, este fenómeno tuvo su propio punto de inflexión en 2020, con el traspiés que significó los bajos precios  del oro negro durante el auge de la pandemia del coronavirus, lo que provocó una serie de quiebras de empresas dedicadas al fracking, y que hoy tiene a EEUU con importaciones de aproximadamente un millón de barriles de crudo día.

Aun así, el milagro del fracking, que traduce a su vez una maldición ambiental en suelo estadounidense, permitió a China y otras potencias emergentes reposicionarse en torno al petróleo del Medio Oriente, provocando una transición geopolíticamente hablando, de esta región, dejando expuestas al resto de economías occidentales, y de lo que finalmente dependía la sustentación del orden unipolar.

       Visite otras publicaciones relacionadas:

+Fin del petróleo barato

+El futuro del petróleo