Caen los buques insignia de EEUU, Occidente y
los mayores representantes de la era de la globalización
Al comienzo del Siglo XXI el mundo vivió una
nueva revolución tecnológica y económica derivada del avance las tecnologías de
la información y la comunicación, con internet a la cabeza. La red permitió el flujo
de información entre continentes como nunca en la historia de la humanidad, a la velocidad de la luz y con posibilidades
para la comunicación entre miles de millones de personas, accediendo al sufragar
facturas de energía eléctrica, una laptop,
hoy focalizado a los smart phone, y el servicio de redes correspondiente.
Pero la red, era solo el comienzo, detrás
estaba la puesta en marcha de capacidades para la concentración del comercio
global, basada en la consecución de información individuo a individuo, contados,
de nuevo, por miles de millones, con la
diversidad de actividades que realizan cada uno de estos, mediante algoritmos
soportados en granjas de servidores, almacenamiento y procesamiento de “toda”
la información que adquiere existencia al fluir por la internet
La revolución permitió derrumbar uno de los
pilares de la teoría cuántica, relativa a la ubicuidad del electrón, es
decir, estar o conocer de primera mano, lo que sucede en dos lugares
diferentes. La tecnología facilitó conocer lo que pasa en una “infinitud” de
lugares y circunstancias
simultáneamente. Para Occidente, era “El fin de la historia”.
Silicon Valley, era la meca de los desarrollos
mientras se reverberaba el consumo de nuevos bienes; hardward y software, fue
el primer mantra, para luego ver aparecer, por miles de millones, otra vez, computadores
de escritorio, portátiles, tablets, celulares, smart phones. Las punto com,
daban un nuevo aire a las bolsas, de hecho recrearon el mundo bursátil con su
propio indicador, el Nasdaq. Todo ello hacía pensar en que el capitalismo bien
podía navegar al margen de los determinantes económicos físicos; el
conocimiento se consideró entonces un activo, tan transable como cualquier otro.
Las ganancias se impulsaban a la par del
progresivo incremento de la velocidad del flujo de los paquetes de ceros y
unos, la piedra filosofal que redujo el todo a un nuevo protocolo; bits, megas, gigas, teras. Las alianzas entre la
economía industrial clásica con el mundo del silicio que se abría paso, desplazaba
los umbrales para “crear” tiendas
virtuales y On Line, las 24/7 y, con
algoritmos que atienden desde el “escritorio” de Microsoft.
Es el consumo de una tienda universal al alcance
de la mano, pero por sobre todo, del dinero en la billetera.
Claro, poco se hablaba, como ahora, del control
que empresas y gobiernos adquirían con tales desarrollos, como jamás se había
logrado en el orbe.
¿Pero, que es lo que ha sucedido con las punto
com? El milagro económico que vivieron las Big Tech estaba relacionado con la
depredación de un ámbito, considerado como ilimitado y ligado a la
virtualidad, como se ha reiterado. Sin embargo, la trampa de esta teoría estaba
en que si bien la comunicación es tan particular como seres humanos existen, y
se torna ilimitada, lo cierto es que cuando la comunicación tiene que ver con
el comercio de bienes y servicios, esto pone patas arriba dicha ecuación y, de
nuevo reaparecen las fronteras en torno a los recursos naturales o humanos, que
se sabe son limitados.
Durante el pico de la pandemia, las tecnológicas tuvieron su más reciente auge, pero ahora este se ve opacado por el estancamiento del crecimiento de membresías a los servicios ofertados en internet y, en consecuencia, de la publicidad, esta última impactada por recortes de sectores de la industria y otros servicios afectados por la crisis económica global acentuada, entre otros, por que la amplitud de la pradera de usuarios se contrae conforme entra por la puerta grande, la geopolítica, mientras las previsiones de capturar mercados en Eurasia, desaparece y se reconoce la saturación de las posibilidades en el mercado occidental.
Se calcula que las pérdidas combinadas de Meta (Facebook,
Instagram y WhatsApp), Amazon, Netflix, Microsoft, Alphabet (Google) y Apple,
ascienden a 2,5 billones de dólares en bolsa. Solo Meta a perdido un cuarto de
su valor en lo que va del año y Google un tercio el pasado.
Así las cosas, la globalización como la
conocemos se modifica progresivamente, mientras se relativiza el poder del dólar
en las transacciones comerciales, aperturándose una nueva era de competencia en
la producción, el comercio y la tecnología, solo comparable con los
prolegómenos de la Primera Guerra Mundial, con potencias en reemergencia. Los
entremeses de la batalla propiamente ideológica que aportó la era bipolar y, el tranquilo avance que tuvo el mercantilismo
occidental en la unipolaridad, ha finalizado.
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