Las guerras tienen en medio la tragedia de las sociedades locales donde se presentan, sin embargo, es la economía de los estados, empresas y empresarios donde hay que colocar los ojos a la hora de comprender el origen de las mismas.
En el caso de la guerra en Ucrania, están en juego estados y empresarios europeos hoy sometidos a una importante tensión y prueba de fatiga. Europa, y las sanciones obligadas por EEUU a Rusia, tiene de por medio no solo la dependencia de suministros energéticos al Viejo Continente, difícilmente sustituibles, si no el intercambio comercial general entre el país eslavo y Europa: Rusia representa el 8% de las importaciones europeas, pero Rusia reinvierte la mitad de estos ingresos como sexto comprador de bienes y servicios europeos.
Ahora bien, si la Unión Europea en medio de la guerra busca romper sus relaciones económicas con Rusia, la situación con China, aliado comercial del país eslavo, resulta insostenible. De hecho, el déficit comercial de Europa en el siglo XXI tendió a su reducción conforme se incrementó su comercio con el gigante asiático al punto de allegar al superávit comercial.
China es desde comienzos de 2021, el primer socio comercial de la Unión Europea, desplazando al histórico aliado los Estados Unidos. Ahora bien, la pandemia, y más recientemente, la guerra en Ucrania esta impactado de manera acelerada y negativa la situación económica de Europa, algo que vuelve remota cualquier disposición que afecte las relaciones de China con el Viejo Continente que puedan agravar el actual escenario.
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