La Unión Soviética -URSS, tuvo una vida de 70 años iniciando su etapa histórica formal en 1922, luego de una revolución popular que llevó a la caída de la monarquía en 1917 y que estuvo precedida por una severa crisis económica derivada de los reveses zaristas en las guerras con Japón y al impacto de la Primera Guerra Mundial.
En particular, el mercado de la
energía fue un pivote importante para el impulso de la URSS, arista vinculada a
la política socialista de garantía de servicios públicos básicos a sus países
asociados, y al comercio para la obtención de ingresos por el suministro a
Europa Occidental, estableciendo tuberías de gasoductos y oleoductos, redes de
energía e infraestructura de transporte férreo como autovías, buena parte de
ellas, las más grandes del mundo, que integradas al occidente, van de extremo a
extremo de Europa y que se conectan con Asia.
La economía de los ingresos por el
tránsito del flujo de energéticos, establecida desde la construcción de la
infraestructura para el transporte de gas y petróleo, permanece hoy y de ella
dependen los países de Europa Oriental, con lo que sobrellevan los pagos de sus
propios consumos de gas y petróleo, debido a que en sí, toda Europa tiene
problemas de existencias de recursos fósiles para su explotación y depende de
manera considerable de importaciones.
Las tuberías de gas por el Mar
Báltico, que viajan directamente desde Rusia a Alemania, pretendían crear un centro
de comercio de este combustible, excepcional para el desarrollo de Europa
Occidental, en el país teutón, una previsión que se quedó parcialmente en el
aire con la suspensión de la operación del recién terminado gasoducto Nord
Stream 2, lo que dejaba lentamente a la zaga, conforme se trasvasa buena parte
del tráfico al Báltico, a países como Polonia o Ucrania.
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