Para comprender los riesgos por los que
atraviesa la humanidad, en medio de la guerra de Europa, una guerra que bajo el
tapete tiene la confrontación entre EEUU y Rusia, solo hay que hacer un poco de
historia.
La visión de la Francia de Napoleón a comienzos
del siglo XIX, como en otras muchas ocasiones, buscó la guerra exterior como medio
para fraguar la unidad nacional, impactada por el estallido social que trastocó
París con la revolución francesa. Los logros militares de la Grande Armée,
llevó a la constitución del imperio que se expandió sobre Europa Central y Occidental,
y a Napoleón a considerar la riqueza de Rusia, con quién los galos poseían
relaciones comerciales fluidas, como el triunfo de ensueño sobre el todo
europeo.
El resultado, fueron sucesivos choques
militares entre tropas del Zar Alejandro I de Rusia con la armada francesa,
consolidando una guerra de desgaste, que extendió la campaña conquistadora más
allá de las previsiones, viéndose sumergida en la estación invernal. Los rusos
optaron como estrategia adicional, quemar cultivos, viviendas y poblados
enteros, con el fin de evitar que las tropas de napoleón tuvieran algún cobijo
en la región rusa.
Napoleón llegó a alcanzar Moscú, pero la encontró
presa del fuego, en donde luego de algunas semanas, se vió obligado a
abandonarla. La ruta de retorno, en medio del invierno, estuvo acompañada de contraataques
rusos, y cuando Napoleón logró salir de la región eslava, sus tropas,
calculadas en más de 600 mil efectivos, al comienzo de la campaña, apenas contaban
50 mil.
Napoleón fue acompañado en su aventura militar
con los ejércitos de las regiones que fue conquistando, como el Ducado de Varsovia,
el reino de Italia, la Confederación Suiza, el reino de Baviera, entre otros.
La historia no termina allí, y un escenario no
muy diferente se presenta a mediados del siglo XX, con Alemania. De nuevo, las tropas germanas extendieron su Lebensraum
a Europa Occidental, Oriental y luego Rusia, la URSS, por entonces. La guerra
de desgaste que propone Stalin trastoca el año previsto para la conquista de rusia,
con la operación Barbarroja, que inicia en 1941 y se prolongó hasta 1945. Las tropas
alemanas tuvieron a la distancia de sus ojos, la ciudad de Moscú, pero, de
nuevo, los contraataques rusos, la quema de viviendas, poblados, pozos
petroleros, industrias, que no fueron trasladas al oriente, dejaron a merced
del invierno los gregarios alemanes, también conformados por los reinos de
Rumania, Hungría, Italia, Finlandia, república de Eslovaquia y Estado de Croacia.
Así como con Napoleón, donde la contraofensiva
rusa les llevó a las puertas de París, igual sucedió con la Alemania de 1945,
que vio entrar las tropas del ejército rojo a la propia Berlín.
Para concluir, el pueblo eslavo tiene un
historial considerable, si se piensa como cultura de resistencia ante la
conquista.
Así como el aire nihilista del capitalismo
occidental es una característica notable, también lo es, el jugar el todo por
el todo a la supervivencia de la cultura rusa. De hecho, toda cultura tiene un
aire de resistencia, pero solo hay algunas, que pueden contar la historia de una victoria en ello.
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