Muy temprano
desde comienzos del siglo XXI, cuando pocos hablaban de ello, las tendencias
económicas hacían evidente al auge de China como potencia mundial. En este
proceso, la pregunta sobre la mesa era, cual seria el nuevo rostro del
capitalismo en el futuro. Por mucho tiempo, los teóricos occidentales hablaban
de Chimérica, es decir, la integración económica entre China y EEUU. Claro,
una previsión que se sustentaba en que China, no lograría el desarrollo de capacidades
técnicas y tecnológicas, que le pudiera colocar a la par, o superar a su socio americano.
Este último
corolario, es el que trastocó la perspectiva de la hegemonía de EEUU, la del
fin de la historia, e hizo aparecer nuevos interrogantes sobre el como la Unión
Americana, asumiría el reto del cada vez más probable ascenso a la supremacía
de China, en el mundo.
El tiempo
contaba, mientras EEUU coqueteaba con Rusia, y recordaba a Moscú, el poder
demográfico y la intensa demanda de recursos de Beijing, como riesgo del Lebensraum
que China podría asimilar, por lo que proponía al mayor país en extensión del
mundo, unirse a EEUU para doblegar al Imperio del Centro.
La retórica para
China, era la de una alianza en la perspectiva de una Chimérica, al
margen de Rusia, e implícitamente la potencialidad de que juntos, hicieran
trizas la propia región eslava, un combustible incandescente para fundir el
capitalismo de oriente con el de occidente.
Hoy conocemos el
resultado de este proceso. Y es que, China no compartió la idea de atacar Rusia
en compañía de Washington, y Moscú, tampoco compró la idea de unirse a EEUU,
para bloquear a Beijing. Ello condujo a Washington a mover la pieza del ajedrez
en Europa, la OTAN, recordar lo de la tentativa de ingreso a tal organización
por parte de Ucrania, a la espera de ver como Moscú, declinaba sin batallar, o
bien, entraría en guerra, como sucedió.
La visión de EEUU,
que dejó ratificada en el periodo de la unipolaridad, hacia evidente la
expectativa de Washington, de alargar por sobre todo su hegemonía, al costo del
vasallaje del resto del mundo, una carta difícil de resguardar bajo la mesa, y que
precipitó finalmente la alianza de Rusia con China, en la actualidad, y de como el Imperio del Centro adquiere la
bandera de supeditar el desarrollo del poder político global, cifrado en las
capacidades económicas y tecnológicas, lo que tiene como cabeza de playa los
BRICS, y la ampliación prevista para tal agrupación, debido al sin número de
países que solicitan el ingreso al club.
A esta altura,
la meditación, es cuál será el tiempo que Occidente soporte, en términos,
económico, comercial y financiero, debido al desarrollo de un sistema
capitalista paralelo, que no gira en torno al heliocentrismo del dólar y del
tesoro estadounidense, y cuál será la respuesta de Washington, ante un
escenario histórico que se le muestra adversante a su hegemonía.
El rearme de
Alemania, Reino Unido, Francia o Japón, tiene algo que decir, al respecto, y va
en la dirección de la integración de manera progresiva de estos países a la
guerra en Ucrania, y finalmente de Occidente contra Rusia, mientras EEUU, hace
lo propio con Japón, Corea del Sur, o Australia, respecto de China en el
pacífico.
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