2023/06/01

 

Muy temprano desde comienzos del siglo XXI, cuando pocos hablaban de ello, las tendencias económicas hacían evidente al auge de China como potencia mundial. En este proceso, la pregunta sobre la mesa era, cual seria el nuevo rostro del capitalismo en el futuro. Por mucho tiempo, los teóricos occidentales hablaban de Chimérica, es decir, la integración económica entre China y EEUU. Claro, una previsión que se sustentaba en que China, no lograría el desarrollo de capacidades técnicas y tecnológicas, que le pudiera colocar a la par, o superar a su socio americano.

Este último corolario, es el que trastocó la perspectiva de la hegemonía de EEUU, la del fin de la historia, e hizo aparecer nuevos interrogantes sobre el como la Unión Americana, asumiría el reto del cada vez más probable ascenso a la supremacía de China, en el mundo.

El tiempo contaba, mientras EEUU coqueteaba con Rusia, y recordaba a Moscú, el poder demográfico y la intensa demanda de recursos de Beijing, como riesgo del Lebensraum que China podría asimilar, por lo que proponía al mayor país en extensión del mundo, unirse a EEUU para doblegar al Imperio del Centro.  

La retórica para China, era la de una alianza en la perspectiva de una Chimérica, al margen de Rusia, e implícitamente la potencialidad de que juntos, hicieran trizas la propia región eslava, un combustible incandescente para fundir el capitalismo de oriente con el de occidente.

Hoy conocemos el resultado de este proceso. Y es que, China no compartió la idea de atacar Rusia en compañía de Washington, y Moscú, tampoco compró la idea de unirse a EEUU, para bloquear a Beijing. Ello condujo a Washington a mover la pieza del ajedrez en Europa, la OTAN, recordar lo de la tentativa de ingreso a tal organización por parte de Ucrania, a la espera de ver como Moscú, declinaba sin batallar, o bien, entraría en guerra, como sucedió.

La visión de EEUU, que dejó ratificada en el periodo de la unipolaridad, hacia evidente la expectativa de Washington, de alargar por sobre todo su hegemonía, al costo del vasallaje del resto del mundo, una carta difícil de resguardar bajo la mesa, y que precipitó finalmente la alianza de Rusia con China, en la actualidad,  y de como el Imperio del Centro adquiere la bandera de supeditar el desarrollo del poder político global, cifrado en las capacidades económicas y tecnológicas, lo que tiene como cabeza de playa los BRICS, y la ampliación prevista para tal agrupación, debido al sin número de países que solicitan el ingreso al club.

A esta altura, la meditación, es cuál será el tiempo que Occidente soporte, en términos, económico, comercial y financiero, debido al desarrollo de un sistema capitalista paralelo, que no gira en torno al heliocentrismo del dólar y del tesoro estadounidense, y cuál será la respuesta de Washington, ante un escenario histórico que se le muestra adversante a su hegemonía.

El rearme de Alemania, Reino Unido, Francia o Japón, tiene algo que decir, al respecto, y va en la dirección de la integración de manera progresiva de estos países a la guerra en Ucrania, y finalmente de Occidente contra Rusia, mientras EEUU, hace lo propio con Japón, Corea del Sur, o Australia, respecto de China en el pacífico.

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