2023/05/29

El temor a la pandemia está pasando, y el reloj de las actividades socioeconómicas, vuelve a caminar, animando el juego de la política.

Ahora los países enfrentan el alza de su endeudamiento en pandemia, igual que las propias familias, algo que se ve impactado por la enfermedad de la inflación que circunda el mundo.

Un mundo, que en apariencia se plantea a ojos, como el de la prepandemia, una ilusión por que está trastocado por realidades como la destrucción de emprendimientos, profundización de la incursión de empresas multinacionales, vinculadas a la internet, la guerra en Europa y la desglobalización.

 

Nada es igual

El ciclo de apertura, tras el pico pandémico, que hizo despuntar la economía, ha tocado su techo y enfrenta un proceso de desaceleración, en el contexto ya detallado.

Los países centrales congelados económicamente y sobreviviendo con emisiones de divisas, con lo que reflotan el sistema financiero y se da continuidad al goteo capitalista escala abajo, mientras el sur global, se enfrenta a una era de consolidación del declive. "Aquello que anda mal es susceptible de empeorar" según Murphy.

Esto para, de nuevo, subrayar, lo que élites y ciudadanos, no se dan por enterados. Las élites, que siguen jugando su expectativa de poder al margen de la idea de evitar una crisis inusitada del Estado, y los ciudadanos, modulados por los medios de comunicación y redes sociales, que cifran la respuesta política en el antaño péndulo, ese de castigar al gobierno en funciones, ante el bloqueo institucional de partidos en oposición, y de las limitadas capacidades que tiene el Estado para enfrentar problemas, solo mitigables si se piensa en un proyecto de varios gobiernos. Es decir, se requiere de tiempo, el mismo que solo puede otorgar pactos en el orden nacional.

Europa y EEUU, dedicados a empujar a cada país del mundo a la guerra que se lleva a cabo en Europa, como medio para defender la hegemonía occidental, y los gastos militares relacionados que resultan incomprensibles en los países europeos, son claves para comprender lo que acaba de suceder en España.

Lo paradójico, es que el partido popular, el emergente vencedor, no hará si no comprometer aún más dicho país en la guerra europea, y eso significa extraer recursos de inversión local reorientados a las armas, lo que trae como efecto el alargue del conflicto y, claro, más inflación, deslocalización de empresas del viejo continente a EEUU…

De seguro, que esto de la destrucción creativa, una quinta esencia nihilista del capitalismo, para algunos, es algo por celebrar.

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