El
temor a la pandemia está pasando, y el reloj de las actividades
socioeconómicas, vuelve a caminar, animando el juego de la política.
Ahora
los países enfrentan el alza de su endeudamiento en pandemia, igual que las
propias familias, algo que se ve impactado por la enfermedad de la inflación que
circunda el mundo.
Un
mundo, que en apariencia se plantea a ojos, como el de la prepandemia, una ilusión
por que está trastocado por realidades como la destrucción de emprendimientos,
profundización de la incursión de empresas multinacionales, vinculadas a la
internet, la guerra en Europa y la desglobalización.
Nada
es igual
El
ciclo de apertura, tras el pico pandémico, que hizo despuntar la economía, ha
tocado su techo y enfrenta un proceso de desaceleración, en el contexto ya
detallado.
Los
países centrales congelados económicamente y sobreviviendo con emisiones de
divisas, con lo que reflotan el sistema financiero y se da continuidad al goteo
capitalista escala abajo, mientras el sur global, se enfrenta a una era de
consolidación del declive. "Aquello que anda mal es susceptible de
empeorar" según Murphy.
Esto
para, de nuevo, subrayar, lo que élites y ciudadanos, no se dan por enterados.
Las élites, que siguen jugando su expectativa de poder al margen de la idea de
evitar una crisis inusitada del Estado, y los ciudadanos, modulados por los
medios de comunicación y redes sociales, que cifran la respuesta política en el
antaño péndulo, ese de castigar al gobierno en funciones, ante el bloqueo
institucional de partidos en oposición, y de las limitadas capacidades que
tiene el Estado para enfrentar problemas, solo mitigables si se piensa en un
proyecto de varios gobiernos. Es decir, se requiere de tiempo, el mismo que
solo puede otorgar pactos en el orden nacional.
Europa
y EEUU, dedicados a empujar a cada país del mundo a la guerra que se lleva a
cabo en Europa, como medio para defender la hegemonía occidental, y los gastos
militares relacionados que resultan incomprensibles en los países europeos, son
claves para comprender lo que acaba de suceder en España.
Lo
paradójico, es que el partido popular, el emergente vencedor, no hará si no
comprometer aún más dicho país en la guerra europea, y eso significa extraer
recursos de inversión local reorientados a las armas, lo que trae como efecto el alargue
del conflicto y, claro, más inflación, deslocalización de empresas del viejo
continente a EEUU…
De
seguro, que esto de la destrucción creativa, una quinta esencia nihilista del
capitalismo, para algunos, es algo por celebrar.
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