Marchitar economías locales, inhibir el
desarrollo técnico y económico, y encauzar el endeudamiento, han sido por décadas
la fórmula para hacer prevalecer la hegemonía estadounidense, sobre buena parte
del mundo.
Aún así, esta reiterada historia, parece dar un
giro en días recientes, y representa un nuevo flanco en la batalla entre
potencias, en declive y ascenso.
Países en problemas cambiarios, o, en otros casos
de deuda, con centros occidentales que
derivaban en la condena que representa medidas de ajuste, dispuestas por acreedores
de Wall Street, para facilitar “el rescate”, o sobregiro internacional, la imposición
de la agenda neoliberal, tienen ahora mismo una respuesta desde Beiijng.
Por hablar de la región latinoamericana, Brasil,
Argentina, Bolivia, Venezuela, son países que han optado por disminuir la
presión que generan las transacciones en dólares, para realizar acuerdos
comerciales para ser transados en monedas locales, en especial en yuanes.
Es un factor clave. Como se mencionó, los pagos
y amortización de deuda, si se piensa en el modelo occidental, son garantizados
por una balanza comercial favorable en dólares de los países, que por temas del
neoliberalismo se vuelve un imposible y que lleva con el paso del tiempo al
default, cesación de pago, o constante renegociación y eso tiene implicaciones
para la soberanía de los estados. Los ejemplos, son todos. Y sin dólares derivados
de las negociaciones con Occidente, lo que sobreviene es inflación,
desabastecimiento y bloqueo comercial y financiero internacional.
De esta forma, Beijing, otorga una alternativa a
este círculo vicioso, colocando el yuan como alternativa monetaria, eludiendo
el embudo que genera la exclusividad del uso del dólar, toda vez que
redireccionando y consolidando nuevas rutas comerciales, y obviando la
intermediación que Washington hace sobre el comercio global.
Claro, los países bajo la egida occidental
deben comprender que Beijing es una alternativa provisional, para relativizar
el poder estadounidense sobre sus países. Sin embargo, deben tener como meta,
evitar un nuevo circulo repetido de este tipo con la propia China, por lo que
la coyuntura debe orientarse, a un escenario que permita la reindustrialización
productiva de los países, una puja con el propio oriente, lo que significa
desarrollo educativo, técnico y tecnológico; salarios y formalización laboral
que estimule la formación e iniciativa empresarial en el orden productivo,
urbano y rural. En general, planeación de acuerdo a proyecciones de orden
estratégico.
Bueno, aquí también juegan las perspectivas de
las élites locales. Y tiene que ver con la resistencia o no, a la
implementación de un nuevo modelo económico capitalista de esencia keynesiana.
De esta correlación y de la movilización ciudadana, pende la velocidad o
imposibilidad de una iniciativa de este tipo.
Ahora bien, las sociedades latinoamericanas, y
sus trabajadores, sumergidos en la sobrevivencia económica que impone la
flexibilización laboral y el neoliberalismo, obran como una venda que no
permite activar su propia fuerza política, y lo equivalente sucede para las
clases medias, si se piensa en la labor de los medios de comunicación en manos
de la élite. Aquí esta, uno de los retos más importantes.


