2023/05/22

Marchitar economías locales, inhibir el desarrollo técnico y económico, y encauzar el endeudamiento, han sido por décadas la fórmula para hacer prevalecer la hegemonía estadounidense, sobre buena parte del mundo.

Aún así, esta reiterada historia, parece dar un giro en días recientes, y representa un nuevo flanco en la batalla entre potencias, en declive y ascenso.

Países en problemas cambiarios, o, en otros casos de deuda, con centros occidentales  que derivaban en la condena que representa medidas de ajuste, dispuestas por acreedores de Wall Street, para facilitar “el rescate”, o sobregiro internacional, la imposición de la agenda neoliberal, tienen ahora mismo una respuesta desde Beiijng.

Por hablar de la región latinoamericana, Brasil, Argentina, Bolivia, Venezuela, son países que han optado por disminuir la presión que generan las transacciones en dólares, para realizar acuerdos comerciales para ser transados en monedas locales, en especial en yuanes.

Es un factor clave. Como se mencionó, los pagos y amortización de deuda, si se piensa en el modelo occidental, son garantizados por una balanza comercial favorable en dólares de los países, que por temas del neoliberalismo se vuelve un imposible y que lleva con el paso del tiempo al default, cesación de pago, o constante renegociación y eso tiene implicaciones para la soberanía de los estados. Los ejemplos, son todos. Y sin dólares derivados de las negociaciones con Occidente, lo que sobreviene es inflación, desabastecimiento y bloqueo comercial y financiero internacional.

De esta forma, Beijing, otorga una alternativa a este círculo vicioso, colocando el yuan como alternativa monetaria, eludiendo el embudo que genera la exclusividad del uso del dólar, toda vez que redireccionando y consolidando nuevas rutas comerciales, y obviando la intermediación que Washington hace sobre el comercio global.

Claro, los países bajo la egida occidental deben comprender que Beijing es una alternativa provisional, para relativizar el poder estadounidense sobre sus países. Sin embargo, deben tener como meta, evitar un nuevo circulo repetido de este tipo con la propia China, por lo que la coyuntura debe orientarse, a un escenario que permita la reindustrialización productiva de los países, una puja con el propio oriente, lo que significa desarrollo educativo, técnico y tecnológico; salarios y formalización laboral que estimule la formación e iniciativa empresarial en el orden productivo, urbano y rural. En general, planeación de acuerdo a proyecciones de orden estratégico.

Bueno, aquí también juegan las perspectivas de las élites locales. Y tiene que ver con la resistencia o no, a la implementación de un nuevo modelo económico capitalista de esencia keynesiana. De esta correlación y de la movilización ciudadana, pende la velocidad o imposibilidad de una iniciativa de este tipo.

Ahora bien, las sociedades latinoamericanas, y sus trabajadores, sumergidos en la sobrevivencia económica que impone la flexibilización laboral y el neoliberalismo, obran como una venda que no permite activar su propia fuerza política, y lo equivalente sucede para las clases medias, si se piensa en la labor de los medios de comunicación en manos de la élite. Aquí esta, uno de los retos más importantes.

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